Desmontar el Estado

Por Jaime Richart

Empieza a verse -al menos así lo vemos quienes no conocemos por dentro la ideología neoliberal- lo que, con independencia de las inmediatas consecuencias directas o indirectas, la ideología neocons se propone: desmantelar el Estado.

Los muchos rodeos en la acción, los disimulos, la corrupción del lenguaje y las perífrasis en los discursos de seguidores y ejecutores, ya no pueden ocultar sus reales intenciones. Desmantelar progresivamente el Estado y entregárselo, como el desnaturalizado vende a su hija, a clanes concretos constituidos en avisperos de depredación es el objetivo.

Nunca se ha materializado la anarquía, nunca ha sido posible llevarla a la práctica. La anarquía asienta el interés superior de la colectividad humana regida por sí misma sin intermediarios gracias a la responsabilidad individual. Es evidente que por ser imprescindible a tales efectos una mente cultivada y despejada y un sentido de la libertad y del respeto mutuo muy desarrollados, la anarquía se ha hecho siempre imposible por la voluntad de poder en contrario de las clases que siempre han dominado manu militari. La sociedad humana -la occidental- involuciona política y socialmente en la misma medida que evoluciona tecnológicamente…

Lo que sí avanza es la ideología neoliberal. Gestada y puesta tímidamente en marcha en la Gran Bretaña allá por los años 70 (como otras ideas de dominación nacidas en la Pérfida Albión aplicadas con mano de hierro y guante de terciopelo), luego difundida en USA por los ensayistas mediáticos con los hermanos Kaplan a la cabeza, intenta el desmontaje progresivo del Estado, la supresión del Leviathan hobbiano.

La cosa no estaría mal si a cambio los organismos privados compuestos por astutos dispensasen al ciudadano la protección que antes le prestaba el Estado; un Estado que ahora carece de recursos en buena medida precisamente porque esos organismos se los han sustraído al Estado. Pero no es eso lo que se proponen… La filosofía de esa perfidia busca provocar la autoexclusión del individuo sucesiva y la exclusión directa de grandes porciones demográficas. No otros efectos van a ir produciendo tanto la privatización de la sanidad en España cuyos antecedentes en la Gran Bretaña son sobrecogedores, como la privatización extrema de la enseñanza que va a dar lugar a un empobrecimiento miserable del sentido de la dignidad personal y de la tensión vital hasta deprimir el deseo de vivir. ¿Qué pueden esperar del mañana y de esos estamentos privados los jóvenes que hoy a duras penas se ganan unas monedas, generalmente en hostelería o asistencia, o comen gracias al miserable subsidio de sus mayores?

Quienes hoy carecen de recursos, jamás, por vía ordinaria, los tendrán. Sólo los y las que entiendan la vida social como una jungla donde sólo los más fuertes sobreviven, serán capaces de mantenerse en esta inicua sociedad. Pero para ello habrán de zafarse de la moral al uso y adquirir la oportuna técnica para eludir a los ejércitos de policía… privada y sortear las leyes penales. De momento en España ya sabemos por dónde camina la privatización de la sanidad, de la enseñanza y de la “Seguridad”. Portugal aumenta el horario de los funcionarios y, sobre todo, facilita su desvinculación del Estado. Todo en la misma dirección: extirpar con la minuciosidad del cirujano un Estado que sólo habrá de servir para refugiarse en él y disfrutar de las prebendas que han creado para sí los truhanes…

El Estado, aún adelgazado, siempre está por encima del ciudadano, la Medicina por encima del enfermo, la empresa por encima del trabajador, la Administración por encima del funcionario, la Iglesia por encima del feligrés, el ejército por encima del soldado, el lobby por encima de sus miembros… Pero es que la ideología imperante está resuelta a que, a medio plazo y ya desaparecidos los viejos pensionistas, desaparezcan también comerciantes autónomos y clase media. De modo que en su en virtud y en un futuro no lejano Estado, Medicina, Administración pública, Ejército, Empresa y lobbys se erigirán como institutos esclavistas oficiales, y sólo existirán tres tipos de individuo: el patricio, el esclavo y el suicida…

Jaime Richart es Antropólogo y jurista.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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