Henry Bonilla: Pude haberme perdido en el desierto

Henry Bonilla-P1060738La vida de Henry Bonilla cambió una mañana cuando su padre le interrumpió las labores agrícolas que realizaba bajo el sol de Pasaquina, en el departamento de La Unión, para decirle que tendría que irse de “mojado” a Estados Unidos donde ya se encontraba residiendo su hermano mayor, porque aquí, a sus quince años, corría riesgos de que lo reclutara el ejército o la guerrilla.

Era 1985 y la vida del salvadoreño transcurría en medio del sonido de la guerra que arreciaba sobre los campesinos de la zona oriental y por diversos puntos del país. Así que sin poner reparos, Bonilla inició un viaje desde su pueblo natal hasta Texas, cargando seiscientos colones (menos de 70 dólares) y emprendiendo una travesía que iba a durar una semana. “Tuve suerte”, dice, porque había otros que se perdían por los desiertos de México o que eran abandonados a las inclemencias del tiempo y de la delincuencia, por los coyotes en medio de la nada.

En San Salvador, luego en Guatemala y más adelante en los pueblos fronterizos de México, se fue sumando gente de todas partes entre mujeres, niños y adultos, hasta que se hizo un grupo de sesenta personas que viajaban con el coyote que los llevaba a su destino en la nación del Norte.

“Yo había cumplido quince años y estaba en sexto grado pero ya estaba acostumbrado al trabajo del campo porque así nos había enseñado mi papá a trabajar desde temprano”, dice ahora, casi 30 años después de haber iniciado una de las aventuras más grandes de su vida.

Su primo lo recibió en Houston, donde permaneció por tres días para luego proseguir su largo recorrido hasta Washington. Como era muy joven para emplearse, tenía que mentir sobre su edad pero al ser descubierto lo echaban de los empleos, ya que las leyes prohibían que se le contratara por su condición de menor de edad.

“Recuerdo que cuando cumplí los dieciocho años me sentí muy feliz porque ya podía decir que era adulto y porque podía ir a pedir trabajo con mis papeles en regla”, dice sonriendo.

Bonilla se estableció en Washington e inició como muchos compatriotas ilegales, trabajando en un restaurante de la zona en labores de limpieza, luego sirviendo mesas, y así fue escalando posiciones.

“Yo tenía clara una cosa y es que quería esforzarme para salir adelante, para ayudarle a mis papás que se habían quedado en El Salvador y a mi familia que tanto he amado. Así que trabajé a tiempo completo y estudié a tiempo completo con el deseo de superarme”, recuerda.

“Era una doble vida porque el esfuerzo era el doble. Aún así, mis días de descanso los pasaba en el trabajo, aprendiendo del gerente la forma cómo trabajaba y así fui dando más que el resto de empleados”.

Al ver su espíritu de servicio sus jefes lo premiaron ayudándole a pagar los estudios hasta que terminó la high school y posteriormente la Universidad, en donde se graduó en la especialidad de Administración de Empresas.

 

Siguen llegando las oportunidades

Con una carrera académica y con la fuerza que le daba la juventud, fue ascendiendo más posiciones hasta que un día lo premiaron nombrándolo manager del restaurante en donde había iniciado las labores.

“Pero no me di por satisfecho y seguí trabajando duro, cada mañana hasta llegada la noche y también seguí formándome académicamente, estudiando seminarios y preparándome en atención al cliente, derechos humanos, contabilidad, formas de gerencia, etc., por lo que Dios me bendijo con el nombramiento de jefe de distrito, administrando dieciocho restaurantes en toda la zona”, dice satisfecho.

“Eran días intensos, con muchos retos que superar a diario, pero la recompensa era gratificante y ello me estimulaba a seguir para adelante”, agrega. Luego de diez años en aquella compañía, se puso a pensar de nuevo en qué más podría alcanzar como logro personal y se encontró con que ya poco le faltaba experimentar en esa empresa compuesta por una red de 175 restaurantes, así que después de pensarlo detenidamente y de calcular riesgos y de formular estrategias decidió poner la renuncia, dejando atrás diez años de esforzarse a diario en aquella compañía.

“Fue difícil pero fue lo mejor que pude haber hecho”, expresa ahora. “Yo tenía un sueño y era el de montar mi propio negocio así que me eché a nadar, pero una cosa es lo que uno quiere y otra cosa es la realidad y las cosas no salen siempre como uno lo ha planificado”, medita.

Con lo que habá logrado ahorrar, en junio de 1995 Bonilla inició su primer negocio. “Compré una pequeña compañía de limpieza con un buen número de empleados y una vez más me encontré como al comienzo: es decir, trabajando de sol a sol, siendo operario, secretario y presidente a la vez pero era de mi propia compañía… me fue tan bien que a los años ya había ahorrado lo suficiente

Con las ganancias que logró ahorrar durante dos años en el negocio de limpieza, se asoció con su hermano para fundar un reconocido restaurante en Washington.

“Era lo que yo quería hacer, así que ahora administro tres negocios exitosos que operan en el lado de Washington”, expresa orgulloso.

“A estas alturas puedo detenerme y ver para atrás y me veo con las manos llenas de tierra, después de las labores de la siembra en mi pueblito. Aquellos seiscientos colones que me diera mi abuelo me cambiaron la vida y he aprendido a trabajar, sabiendo darle el valor respectivo a las cosas, sabiendo lo que cuesta cada centavo”, reflexiona.

 

Hay que trazarse metas

“Yo le digo a los jóvenes que se pongan metas, que procuren dejar un legado y tienen que tener en cuenta que nada es fácil, que hay que trabajar duro por lograr salir adelante. Uno tiene que saber aprovechar las oportunidades y si tiene voluntad, podrá ser exitoso en cualquier parte, no solo en Estados Unidos, sino que también en El Salvador, se puede salir adelante. El secreto es trabajar duro”, aconseja.

“No todos los que viajan a Estados Unidos, salen adelante. Allá hay muchos que han fracasado porque quieren vivir su momento, no planifican, no controlan sus emociones, no saben adaptarse al ritmo de vida”, dice.

“Yo me rodeé de gente que me inspiraba y trabajé fuerte. He aprendido que las cosas no se logran trabajando ocho horas al día, sino que hay que dar siempre un poco más y saber planificar su tiempo. Con estas herramientas, creo que uno saldrá adelante en las metas que se proponga”, recomienda.

 

Sin olvidar sus raíces

Tal como dice Henry Bonilla, ahora convertido en el presidente de la Cámara de Comercio Salvadoreña Americana de Washington, es importante también no olvidar de donde uno viene, saber cuáles son sus orígenes y aceptar sus raíces.

“Por qué otras personas no logran el éxito en esta tierra de oportunidades, es dificil de explicar”, añade, “a lo mejor porque unos vienen con metas de corto plazo como llegar a tener tres mil o cinco mil dólares y luego regresarse. Esa gente que viene sin inspiración pasan aquí y no aprenden el idioma ni se preparan ni ambicionan nada”.

En Washington hay más de 3,500 empresarios salvadoreños aportando a la economía norteamericana y salvadoreña a través del envío de remesas. El área metropolitana de Washington, según cuenta, está catalogada por ser el lugar en donde se encuentran los salvadoreños más destacados, en donde tienen mayor poder político (hay cuatro connacionales en puestos claves de la política local), donde ganan más, donde están los salvadoreños mejor preparados académicamente, etc.

“Esto es lo que representamos los salvadoreños para la economía estadounidense”, dice Bonilla.

“A los jóvenes salvadoreños quiero decirles que se preparen, que amen el trabajo y el estudio y que tampoco teman al voluntariado, porque sirven para ganar experiencia. Se puede ser exitoso en El Salvador”, asegura.

“A los gobiernos les digo que deben facilitar los procesos para legalizar las pequeñas, medianas y grandes empresas. Que aminoren la burocracia, tiene que modernizar el sistema, otorgar créditos blandos, dar asesorías, generar las condiciones para que las empresas crezcan saludables”, se dirige a los gobernantes nacionales.

Finalmente, reiteró en que hay que adquirir buenas costumbres, tener respeto laboral y ser honestos con lo que no es de uno.

“Todo esto debe ir de la mano para tener una vida llena de satisfacciones”, dijo.

Fuente: Lapagina.com.sv/MLNews

 

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