México: Migrantes viven en laberintos subterráneos

Por Marcos Romero

Miles de migrantes viven hacinados bajo tierra en ductos de drenaje, cuevas y cobertizos en las márgenes del río Tijuana, en la ciudad homónima, fronteriza con el estado de California, como resultado de la creciente deportación de indocumentados desde Estados Unidos.

La administración del presidente estadounidense Barack Obama ha expulsado en lo que va de su gestión, a partir de 2009, a 1,7 millones de indocumentados, 400.000 por año en promedio.

Como un ejército de espectros o de zombies, este “hormiguero humano” -formado por unas 4.000 personas, según algunos cálculos creíbles- deambula incesantemente de un lugar a otro en este laberíntico espacio en espera de volver a cruzar la línea limítrofe para reunirse con su familia.

Mientras llega el momento, esta pequeña comunidad de hombres y mujeres, mexicanos y centroamericanos, se hunde en la desesperación y recurre a la droga y a la caridad para lograr la supervivencia.

El lugar es húmedo, a pesar de que rara vez se inunda, y lleno de heces, ratas y moscos, pero ese no es el único peligro.

Los traficantes de drogas, como buitres, deambulan en el sitio distribuyendo heroína y metanfetaminas y si no se les paga no dudan en asesinar a los adictos.

Pese a ello, cada día se agregan 200 migrantes más que no tienen un lugar a donde ir y están en espera de poder volver a cruzar la frontera.

El Programa Nacional de Prevención del Delito del ministerio de Gobernación asignó a la comuna de Tijuana fondos por unos 4 millones de dólares para financiar un proyecto destinado a sacar de esa zona a los migrantes y deportados y ofrecerles hospedaje, atención médica y ayuda para regresar a sus lugares de origen.

El plan para desalojar la zona, ya en marcha, busca evitar el riesgo de que siga llegando gente y el lugar se vuelva incontrolable, y un foco de enfermedades.

Desde hace unos días, comenzaron a remover con excavadoras y equipo pesado algunos basurales y a quemar algunos de los “refugios” construidos por los indocumentados.

Lot García, directora de Prevención del Delito y Participación Ciudadana en Tijuana, señala que el drenaje alberga a unos centenares de personas, pero la mayoría vive en los llamados “ñongos”, precarios cobertizos de material de desecho sobre el lecho del río.

Dentro de los ductos de drenaje el ambiente es irrespirable y nauseabundo. Según un reportaje del matutino local Milenio, “solo se puede entrar encorvado” pues el espacio es de apenas dos metros de ancho por 1,20 de alto.

“Duermo ahí porque está calentito. Afuera llueve o pasan cosas raras. Tengo ocho meses aquí y no tengo dinero para el pollero” (traficante de personas), afirma Agustín, uno de los habitantes de esta especie de “ratonera”.

Los migrantes mantienen alejadas a las ratas gracias a una “resortera” (honda) que llevan consigo en el bolsillo. Ante el acoso de policías y delincuentes y la dificultad de regresar a sus lugares de origen, los indocumentados hacen de su hogar pequeños pozos, túneles y casuchas donde se encuentran bajo la amenaza constante de las lluvias que llenan el drenaje y el río de grandes caudales de agua.

Se calcula que existen unos 30 intrincados túneles llenos de gente dentro de los cuales es muy fácil perderse.

El cauce del río Tijuana, conocido como el bordo, se extiende a lo largo de 4.500 metros a un costado de la valla fronteriza de metal que divide México de Estados Unidos. La cifra de indocumentados muertos en la frontera estadounidense con México en 2012, alcanzó un récord de 477.

Fuente: ANSA/ARGENPRESS.Info

 

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