México: Asalto a PEMEX

Por Alberto Ampuero

El presidente de México, Enrique Peña Nieto, presentó su iniciativa de reforma constitucional con la finalidad de abrir Petróleos Mexicanos (Pemex) a la iniciativa privada, situación que la ley impide hasta el momento.

La posición oficial en favor de la apertura energética se centra en la pretendida necesidad de capitales para modernizar y expandir la industria petrolera.

Para reforzar ese argumento se dibujó un diagnóstico casi apocaliptico de la situación actual. El secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwel, afirmó que mientras la producción de energía crece en el mundo, México ha visto caer su producción de crudo en 835 mil barriles diarios en los últimos ocho años, además de que importa la tercera parte de su consumo de gas y el 49 por ciento de sus gasolinas. El ministro advirtió que, si no hay reforma privatizadora, México podía convertirse en 2016 en importador neto de energía primaria.

El proyecto propone celebrar contratos de utilidad compartida con empresas privadas y extranjeras en hidrocarburos y petróleo.

Peña Nieto ha asegurado que con la implementación de su reforma energética, la producción diaria de barriles de petróleo podrá pasar de los 2,5 millones que se obtienen actualmente a unos tres millones en 2018, al término de su mandato.

Uno de los más críticos con el proyecto oficialista es el líder del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Andrés Manuel López Obrador, quien señaló que la propuesta de reforma al artículo 27 no tiene nada que ver con la modernización de la industria petrolera.

“¿Qué dice el informe? El nivel de ingreso de Pemex es de 100 mil millones de dólares al año y ocupa el lugar 13 entre las empresas más importantes del continente americano. Es de las empresas más rentables del mundo”, indicó.

López Obrador aseguró que con la privatización del petróleo buscan quedarse con la renta petrolera, en referencia a los “contratos de utilidad compartida” propuestos. Los cuales implicarían privar al erario de una parte de la renta petrolera, que representa una porción sustancial del presupuesto público, con lo cual se afectaría la capacidad del Estado para invertir en educación, cultura, programas sociales e infraestructura.

Asimismo, se cuestiona la perspectiva de que la carencia de recursos derivada de la privatización sea solventada mediante una reforma fiscal, ya anunciada, que incremente los impuestos, especialmente el IVA e imponerlo sobre alimentos y medicinas, para captar los 50 mil millones de dólares que se dejarían de obtener con la entrega del crudo

Casi la mitad de los mexicanos están contra que empresas particulares participen en Pemex, según encuestas.

En tal circunstancia, Peña Nieto decidió no sólo “expropiar” la figura del constructor del Estado nacionalista: el general Lázaro Cárdenas; sino de convertirlo prácticamente en el aval de la privatización del régimen petrolero en México, al insistir que la propuesta original del ex presidente Cárdenas (1934-1940) permitía la colaboración de empresas privadas con el Estado y fue décadas más tarde, en 1960, que una enmienda prohibió por completo la celebración de contratos con empresas privadas. “El espíritu de esta reforma recupera lo mejor de nuestro pasado para conquistar el futuro”, afirmó.

“Obviamente, este punto de inflexión pretende “vender” la percepción de que es una continuidad del proyecto de Lázaro Cárdenas. Basta releer el discurso original del general, del 18 de marzo de 1938, para entender que el presidente de origen michoacano no tenía nada qué ver con los Golden Boy de Peña Nieto”, señaló Jenaro Villamil en la revista Proceso.

La publicidad oficial ha recurrido incluso a apropiarse de la consigna opositora “no a la privatización”.

“Pemex no se privatiza”, reza el discurso, en lo que constituye una declaración tramposa, habida cuenta de que no es necesario convertir a Pemex en una entidad privada para transferir a manos de particulares tramos sustanciales de la industria petrolera, dice La Jornada en su editorial.

En efecto, en la lógica de la modificación legal propuesta, Pemex podría terminar como oficina pública encargada de asignar contratos de exploración, explotación, refinamiento y transporte a consorcios privados nacionales pero, sobre todo, extranjeros.

“Se trata pues, de una iniciativa vergonzante que no se atreve a enunciar su razón y su esencia verdaderas: la transferencia a manos privadas de una parte fundamental y estratégica de la riqueza pública del país y una operación sumamente lesiva para los intereses nacionales y populares”, escribe La Jornada.

¿Por qué el petróleo es tan importante para los mexicanos?

El petróleo en México no es solamente un recurso que genera una cuantiosa fuente de ingresos, es también un símbolo de identidad nacional

Durante casi 70 años los mexicanos aprendieron que la expropiación del petróleo decretada en 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas fue, después de la Revolución, la mayor gesta heroica del siglo XX.

Así, para muchos la participación de capital privado en la extracción y procesamiento de hidrocarburos equivale a una regresión histórica.

The Washington Post mencionó que los cambios que Peña Nieto busca para Pemex, abrirían la puerta para que gigantes petroleros como Exxon Mobil o Shell puedan entrar a este lucrativo sector en México.

Alberto Ampuero es periodista de Riverside, California.

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