Las cinco opciones militares de Occidente en Siria

La coalición occidental tiene varias opciones que sopesar antes de iniciar una acción militar en Siria. Foto: AP/BBC.

La coalición occidental tiene varias opciones que sopesar antes de iniciar una acción militar en Siria. Foto: AP/BBC.

Por Jonathan Marcus

Todas las señales que llegan desde Washington y Londres sugieren que la acción militar internacional contra el régimen sirio es una posibilidad bastante cercana.

Se están diseñando los planes de contingencia, se revisan blancos potenciales y varios contingentes militares se están poniendo en posición.

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La marina de EE.UU. está reubicando varios navíos, incluyendo cuatro destructores que transportan misiles en el este del Mar Mediterráneo y, con toda probabilidad, un submarino con las mismas características de ataque.

Un submarino británico de la clase Trafalgar es otra posible plataforma de lanzamiento.

Si se necesita más capacidad para el lanzamiento de misiles, dos portaaviones estadounidenses podrían lanzar ataques aéreos y también se pueden utilizar las bases terrestres en Turquía y Chipre. La fuerza aérea francesa también puede jugar un papel importante.

Pero, ¿qué tipo de acción militar se está proponiendo? ¿Qué riesgos implica? ¿Cuál es la lógica tras una acción de este tipo? Y, quizá más importante, ¿cómo puede contribuir una acción militar occidental a la resolución de la crisis en Siria, si es que puede?

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“Misión extendida”

Las opciones militares con las que cuentan Obama y Cameron son variadas, desde un breve y focalizado ataque de castigo contra objetivos en Siria (quizá la más probable) hasta –en el otro extremo del abanico- una intervención a escala completa que incluya tropas terrestres para intentar poner fin a la guerra civil en el país.

Esto no está sobre la mesa en este momento, aunque es la sombra que acecha desde el fondo del escenario.

Los que son escépticos ante una intervención militar, temen que cualquier acción vaya a más. Las fuerzas occidentales se pueden ver envueltas en una lucha prolongada, “una misión extendida” que se acabe convirtiendo en un compromiso militar con final abierto tan peligroso como otro Irak o Afganistán.

¿Cuáles son las opciones militares?

Foto: BBC.

Foto: BBC.

El jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., general Martin Dempsey, ofreció su opinión más detallada en una carta al senador estadounidense Carl Levin a mediados del pasado mes de julio.

Es la evaluación más acreditada hasta ahora de las opciones militares, tal como las ve el Pentágono en forma desclasificada.

Miremos cada una de ellas, aunque no necesariamente siguiendo el orden del general Dempsey. Recuerden que no son mutuamente excluyentes y que puede darse una combinación de las diferentes opciones.

 

1. Ataques limitados desde la distancia

O también calificados como ataques de castigo.

El objetivo sería captar la atención del presidente de Siria, Bashar al Asad, y persuadirlo para que no recurra a las armas químicas en el futuro. Los blancos de los ataques pueden incluir instalaciones militares vinculadas al régimen, como por ejemplo la sede de las unidades de élite.

Otro objetivo pueden ser instalaciones de producción de misiles. Habría que ser cauteloso a la hora de atacar instalaciones de producción de armas químicas, ya que la filtración de químicos tóxicos puede producir graves daños al entorno.

También pueden ser alcanzados lugares de defensa aérea y centros de comando como una señal de advertencia del poder que tiene Occidente en caso de que hubiera que acudir a una acción militar en el futuro.

El atractivo de esta opción es que puede organizarse rápidamente y con un riesgo limitado para las fuerzas occidentales implicadas. Las armas elegidas serían misiles de crucero Tomahawk que se pueden lanzar desde barcos de la marina de EE.UU. y desde submarinos estadounidenses y posiblemente británicos.

Esto puede ir a más si se utilizan armas desde aviones pero, de nuevo, serían de uso en la distancia; es decir, lanzadas desde fuera del espacio aéreo sirio. Aviones británicos y franceses pueden atacar objetivos en Siria operando desde sus respectivos países, tal como hicieron durante la crisis de Libia y, en el caso francés, en la crisis de Mali.

2. Aumento del apoyo a la oposición siria

De hecho, el general Dempsey puso ésta como su primera opción. Esto implica el uso de una fuerza no letal para aumentar la formación y la asesoría a miembros de la oposición. Sería una extensión de parte del trabajo que ya se está realizando.

Sin embargo, este enfoque ya ha fracasado por las crecientes divisiones en el seno de la oposición y los temores en Occidente de que algunos de los combatientes más efectivos en el terreno proceden de grupos que tienen lazos con organizaciones como al Qaeda.

3. Establecimiento de una zona de tráfico aéreo restringido

El objetivo en este caso sería evitar que el gobierno sirio emplee su fuerza área para atacar a rebeldes en el terreno y para repartir provisiones en bases aisladas distribuidas por todo el país. Para esto probablemente se necesitaría que el sistema aéreo de defensa de Siria fuera desmantelado, y habría que disponer de fuerzas que pudieran derribar aviones militares sirios que despegaran.

 

Rusia ha sido el principal aliado del gobierno de Bashar al Asad en Siria

Esta posibilidad se ha discutido durante más de un año y generalmente ha sido rechazada. Se ha elogiado el sistema de defensa aéreo de Siria, que antes de la guerra civil era amplio y estaba bien integrado. Consiste de un elevado número de armas de la era soviética con un extra importante de sistemas rusos mucho más modernos.

No obstante, la efectividad del sistema de defensa sirio como un todo está en duda. Las pérdidas territoriales frente a los rebeldes se traducen en que el gobierno ha perdido algunos lugares clave, y la fuerza aérea israelí ha demostrado que puede alcanzar objetivos dentro de Siria impunemente (aunque algunos de los ataques quizá se hayan realizado con armas desde lejos).

Lo que está claro es que el establecimiento de una zona de restricción de vuelos supone un riesgo inicial más grande para las fuerzas aéreas de Estados Unidos y otros países, y que requiere de la puesta en marcha de una fuerza significativa que tendría que ser mantenida en el tiempo, no sólo formada por aviones de combate sino por cargueros, aviones de control y vigilancia aérea (AWACS, por sus siglas en inglés).

4. Establecimiento de zonas neutrales o “tierra de nadie”

La idea sería establecer refugios dentro de Siria, probablemente cerca de la frontera con Turquía y Jordania, desde los cuales las fuerzas rebeldes puedan operar y dentro de los cuales se pueda atender a los refugiados. Una vez más, esta opción ya ha sido previamente discutida y rechazada.

Dichas zonas de seguridad requerirían del establecimiento de una zona limitada de exclusión aérea y surgirían serias preguntas sobre cómo defenderlas en tierra. Si, por ejemplo, el gobierno sirio disparara contra esas zonas, ¿qué pasaría?

Otra idea que ha sido mencionada en algunas ocasiones es la creación de una zona cerrada al tránsito, que limitaría de forma efectiva el uso de las fuerzas terrestres del presidente Al Asad. Pero aquí también se necesitaría una fuerza aérea y esto empezaría a asemejarse mucho a una guerra a total escala en Siria.

5. Control del arsenal de armas químicas de Siria

Este era el cuarto punto del general Dempsey con el enfoque puesto en evitar el uso o la proliferación de armas químicas. Esto se puede hacer destruyendo porciones de las reservas de Siria, dificultando su movimiento o apoderándose de instalaciones clave. Para cumplir este objetivo se necesitaría una implicación de Estados Unidos masiva, incluyendo tropas terrestres, por tiempo indefinido.

Lo que se desprende de la carta del general Dempsey, y sin duda de un texto posterior que le envió a otro congresista estadounidense a mediados de agosto, es su extraordinario recelo a embarcarse en una acción militar.

Esto era, por supuesto, antes de las sospechas de uso de armas químicas en Siria y de que el presidente Barack Obama se viera forzado, por las circunstancias, a hacer frente a la “línea roja” que él mismo definió.

El escenario más probable, si se hace uso de la fuerza, es el primero, un ataque corto y focalizado para lanzar un mensaje al régimen sirio. Pero cualquier decisión de actuar genera una serie de preguntas:

– ¿Qué grado de pruebas, si hay, se necesita de parte de los inspectores de armas de Naciones Unidas antes de dar luz verde a la acción militar?

– ¿Qué pasa con la legalidad de una acción de este tipo en el marco del derecho internacional, sobre todo dado que Rusia y China parecen totalmente opuestas a respaldar cualquier idea de una acción militar en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas?

– Pero quizá la pregunta más importante de todas: si se lleva a acabo la acción militar, ¿qué viene después? ¿De qué forma puede una intervención militar acercar a Siria a la paz? ¿Qué nuevas políticas o combinación de políticas puede lograr esto? ¿En qué sentido será diferente la dinámica de la crisis siria después de un ataque de Estados Unidos y otros países a como era antes? ¿Puede la intervención militar occidental de hecho empeorar mucho las cosas en Siria?

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Fuente: BBC Mundo

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