La industria militar de Estados Unidos presiona para atacar a Siria

Por Piotr Martínichev

La facturación de la industria militar de Estados Unidos crece con las discusiones sobre la intervención militar en Siria, mientras que los centros de análisis proponen usar la producción de las empresas patrocinadoras de esta industria para atacar al ejército del Gobierno sirio, comentan los expertos.

En el Congreso de Estados Unidos ya está discutiéndose esta posibilidad: los asesores clave de Barack Obama contaron a puerta cerrada a los legisladores los planes de la Casa Blanca respecto a un posible ataque. La presión de la industria militar de Estados Unidos desempeña un papel primordial en este asunto.

“Por supuesto, [los cabilderos de la industria militar] desempeñan un papel importante. Miren, por ejemplo, la lista de patrocinadores del Instituto para el Estudio de la Guerra, dirigido por Kimberly Kagan, esposa de Fred Kagan (analista, uno de los principales arquitectos de la estrategia militar ‘surge’, que significa “embate”, para fortalecer la seguridad en Bagdad). Son todos productores de armas, todos financian a los expertos que no dejan de insistir en que hay que guerrear más”, comentó el director ejecutivo del Instituto Ron Paul para la Paz y la Prosperidad, Daniel McAdams.

 

Instrucción para Tomahawk

En particular, prestan apoyo al Instituto para el Estudio de la Guerra las corporaciones Northrop Grumman y Raytheon. La primera es el constructor de portaaviones y bombarderos estratégicos B-2 Spirit, la segunda produce para el Pentágono bombas guiadas y sistemas de misiles tierra-aire Patriot, así como misiles Tomahawk, con los cuales los analistas del Instituto proponen atacar a las fuerzas del gobierno sirio.

El alto analista naval del Instituto para el Estudio de la Guerra, Christofer Harmer, en uno de sus recientes informes afirmó que el mejor arma para los ataques contra las bases aéreas sirias son los misiles Tomahawk y las armas aire-superficie JSOW, producidas ambas por Raytheon, el patrocinador del Instituto.

Al hacer esta propaganda al JSOW, de 500 000 dólares cada uno, el productor lo califica como un arma no cara. En el sitio de la corporación están colocados los enlaces a los vídeos donde estas bombas planeadoras, con ojivas de 450 kg, tiran en el polígono contra fortines de hormigón armado.

Y el misil Tomahawk, de coste de un millón de dólares, dependiendo del modelo, es una de las armas más publicitadas que se usó en las guerras de Irak, Yugoslavia y Libia.

 

Intervención humanitaria y la bolsa

Entre tanto, según McAdams, son los políticos que ejercen mayor influencia sobre la decisión definitiva.

“Los partidarios de la respuesta bélica de mayor influencia son ahora, como me parece, los ‘intervencionistas humanitarios’, como Susan Rice [consejera de Seguridad Nacional] y Samantha Power [embajadora ante las Naciones Unidas]. Son ellos los conductores que pisan el acelerador a fondo, mientras que los neoconservadores son sus pasajeros”, dijo el interlocutor de la agencia.

El director del Centro para la Política Internacional William Hartung no cree que los grupos de presión del complejo industrial-militar estadounidense hayan tenido o tengan alguna influencia sobre la decisión por parte del presidente sobre la aplicación de la fuerza militar en Siria.

“Primero, sucede que es un tema demasiado sensible. Segundo, si los productores lo hicieran, esto socavaría su reputación entre los contribuyentes, de cuyo dinero [de encargos públicos] depende su negocio. Por fin, los pasos que se discuten no tendrán sino un mínimo efecto sobre el desarrollo de la industria: se trata tan sólo de sustituir un número limitado de misiles y bombas”, comentó Hartung. A su modo de ver, la industria militar recurre al ‘lobby’ por otros métodos y en otras materias. Sin embargo, según los datos de la bolsa, los productores de esas armas están incrementando la capitalización.

Como subrayan los analistas, el reciente crecimiento de las acciones de Raytheon está directamente relacionado con la espera del ataque contra Siria. “La Marina tendrá que aumentar considerablemente las reservas de munición para estar preparada para cualquier variante de desarrollo de los acontecimientos. Esto eleva las perspectivas de ventas para Raytheon”, dice el DefenseNews citando al analista militar del Instituto Lexington, Loren Thompson.

El exfuncionario del Pentágono, Lawrence Korb, dijo a la publicación que el coste de mercado de la corporación está subiendo desde que empezaron las discusiones sobre la intervención militar. “Es evidente que se trata de ataques con los Tomahawks. Y si se propone lanzarlos en serie, habrá que comprar más”, comentó Korb.

 

Dinero para los electos

Los productores más grandes del material bélico siempre han negociado con su mercancía de manera muy activa. La corporación Northrop Grumman asignó en el primer semestre del 2013 para los servicios de los cabilderos profesionales 9,2 millones de dólares. Lockheed Martin dio 7,6, Boeing puso 7,5 millones, General Dynamics se dejó 5,5 millones y Raytheon aportó 3,6. Los gastos comunes para el lobby de la industria militar en Estados Unidos se estiman alrededor de 60 millones dólares al año, y esto sólo oficialmente, según algunas estimaciones superan hasta 100 millones de dólares.

Lockheed Martin produce aviones de caza F-16, aviones de ataque F-117, y el caza polivalente de quinta generación F-35, Boeing suministra al Pentágono los aviones cisterna, y General Dynamics, carros de combate M1 Abrams.

La tarea principal de los grupos de presión consiste en influir en la opinión de los congresistas, que se pronuncian por asignar medios para diferentes programas en el marco del presupuesto. El método de influencia más popular son donativos en efectivo a los candidatos en el curso de las campañas electorales.

Willam Hartung comentó en su investigación titulada ‘Instrumentos de influencia: lobby de defensa y supercomité’ que el complejo industrial-militar sólo en curso del ciclo electoral curso del ciclo electoral 2009-2010 asignó a los candidatos políticos 22,6 millones de dólares. 12 miembros del supercomité del Congreso con derecho de proponer el recorte de gastos presupuestarios obtuvieron más de un millón de dólares.

Con el actual secuestro presupuestario las tasas son especialmente altas: las corporaciones de la industria militar obtienen contratos para miles millones de dólares, pero algunos programas en todo caso deben ser reducidos.

 

También goza de mucha popularidad el siguiente método de influencia sobre el poder ejecutivo: los funcionarios que trabajan en la administración, ocupándose de la industria militar, luego pasan a trabajar en algunas empresas del complejo industrial-militar precisamente. Así, en 2010 al menos 682 personas encontraron trabajo nuevo.

 

Mckeon y familia

Uno de los cabilderos más influyentes en el Congreso de Estados Unidos es el diputado republicano de California, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja, Buck McKeon, que regularmente se pronuncia en contra de los recortes de gastos en industria militar.

“Nuestro deber como ciudadanos de Estados Unidos es asegurar que nuestras tropas estén bien equipadas, dice el diputado en su página web. Si no resolvemos el problema del secuestro, las consecuencias serán catastróficas. Ya tenemos una reducción de gastos en Defensa de 487.000 millones de dólares; 50.000 millones cada año en el curso de los siguientes diez años”.

McKeon se dirige a sus electores con voz emocionada: “No podemos cargar con el agobio de la crisis financiera a nuestros soldados. ¿Qué pasará la siguiente vez que nos ataquen?”

Según los datos de la prensa, el hermano de McKeon (Joe) y sus sobrinos (Steve y Daniel) han constituido una empresa de cabildeo, Golden Oak Consulting, que ayuda a las empresas de industria militar a obtener contratos ventajosos.

“Golden Oak ayudará a su organización a desarrollar relaciones existentes y crear nuevos contactos dentro del Gobierno federal. Nuestra experiencia ayudará a su organización a activar los esfuerzos para obtener subvenciones y contratos gubernamentales”, se dice en el sitio web de la empresa.

En la misma página está colocada la biografía del director de Golden Oak Consulting, Steve McKeon, donde ni se menciona su vínculo familiar con el presidente de la cámara baja.

Asimismo, la esposa del diputado McKeon (Patricia) según los datos de la investigación de Republic Report, obtuvo donativos de las empresas de industria militar cuando se postuló para la asamblea legislativa de California.

Fuente: RIA NOVOSTI/ARGENPRESS.info

 

 

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