Armas químicas y la selectiva memoria de Estados Unidos

La bulliciosa acusación estadounidense estos días al gobierno sirio sobre el presunto uso de armas químicas hizo recordar a muchos vietnamitas, paradójicamente, la intencional ignorancia de Washington a otra guerra similar en una escala mucho mayor hace décadas.

Las críticas en alta voz sin pruebas mostradas internacionalmente, agitadas por la poderosa prensa, sobre el ataque en las afueras de Damasco el pasado 21 de agosto, contrasta con su silencio duradero sobre las evidentes consecuencias de la dioxina que sufren aún millones de vietnamitas, apuntó el periodista Nguyen Quoc Uy en su reciente artículo en el diario Tin Tuc (Noticias).

Para difundir su única razón vindicada para el plan de acción militar contra Siria, la Casa Blanca concentra los esfuerzos, desde las actividades de las agencias de inteligencia hasta las campañas telecomunicativas tales como los discursos del presidente Barack Obama, el vicepresidente Joe Biden y el secretario de Estado John Kerry, resumió el veterano columnista de la VNA.

Aunque los inspectores de la Organización de Naciones Unidas (ONU) todavía no divulgaron las conclusiones finales sobre ese caso, Kerry aseguró, citado por la Radio británica BBC, que Washington tiene pruebas del uso de gas sarín en los bastiones en un suburbio de Damasco pero no se molestó en publicarlas.

De la misma forma, el vicepresidente Biden afirmó que “no hay dudas” de que el gobierno del presidente sirio Bashar al-Assad es responsable de haber utilizado armas químicas.

Obama declaró, en conversaciones con todas las partes interesadas, que el ataque representa, a su juicio, un desafío para el mundo y es una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.

“No podemos aceptar un mundo en el que mujeres, niños y civiles inocentes mueren por el uso de gases en una escala terrible… El mundo tiene la obligación de asegurarse de que respetamos las normas contra el uso de armas químicas”, anotó.

Sin duda alguna de la necesidad de condenar la utilización de armas químicas contra civiles, Quoc Uy se preguntó por qué los mismos principios tan humanitarios y convincentes no se aplican para las víctimas vietnamitas del Agente Naranja/dioxina, cuya historia – a diferencia de lo sucedido en Siria – fue ratificada reiteradas veces por científicos e investigadores internacionales.

De acuerdo con estadísticas independientes, durante el lapso 1961-1971, la aviación norteamericana roció en territorio vietnamita 80 millones de litros de herbicida que contenían 400 kilogramos de dioxina, uno de los componentes químicos más tóxicos conocidos por el hombre.

Se trata de la guerra química de mayor envergadura y larga que provocó las consecuencias más destructivas en la historia de la humanidad.

Más de cuatro millones 800 mil personas resultaron expuestas al Agente Naranja, de ellas tres millones son víctimas.

Numerosos estudios científicos afirman que la tasa de infección, en especial de las enfermedades de cáncer y deformaciones congénitas en generaciones de hijos y nietos de los afectados, es más alta que entre los que no tuvieron contactos con el letal tóxico.

Sin embargo, la administración de Washington y diferentes cortes norteamericanas rechazaron indemnizar a las víctimas vietnamitas, quienes buscan justicia y reconocimiento legal a sus dolores desde 2004.

Es de recordar que en 1984, según un veredicto del juez Jack Weinstein, siete empresas químicas, productoras de herbicidas con dioxina, debieron recompensar con 180 millones de dólares a veteranos estadounidenses de la guerra de Vietnam.

De igual manera, una corte de Seúl estableció en enero de 2006 una indemnización de 62 millones de dólares por parte de las corporaciones norteamericanos Monsanto y Dow Chemical a víctimas sudcoreanas de sus tóxicos, entre ellos los ex soldados de la mencionada guerra.

Dichos hechos hicieron incomprensible, desde los puntos de vista humanitario y de justicia, el “olvido” de los poderes administrativo y jurídico de Estados Unidos de los que sufren directamente por el desastre llamado Agente Naranja.

Recientemente, Obama declaró que “Somos Estados Unidos y no podemos hacer la vista gorda de lo que ocurre en Damasco”, no obstante, el país norteamericano sí puede hacer la vista gorda, y en realidad ya la hizo, ante el dolor de más de tres millones de víctimas vietnamitas.

El derecho y la moralidad requieren devolver la justicia a los afectados. Washington debe mirar a sí mismo y asumir la responsabilidad de las consecuencias causadas por las sustancias mortales utilizadas en la agresión contra Vietnam.

¡Es la justicia!.

Fuente: VNA/ARGENPRESS.Info

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