Nuevas huelgas generales en Sudamérica

Por Horacio Meguira

Durante los últimos meses, los trabajadores de la región encarnaron luchas de gran intensidad contra gobiernos y patronales en Latinoamérica. Tanto en el sector público como privado, las organizaciones sindicales y las centrales nacionales realizaron huelgas generales en reclamo de mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores y en oposición a las medidas de ajuste.

Muestra de ello es la huelga general en el Brasil, convocada por las seis centrales sindicales, donde miles de trabajadores se movilizaron para exigir la reducción de la semana laboral, la reforma agraria, mejoras en la salud y educación públicas, control de la inflación y cambios en la política económica.

También los trabajadores de la educación expresaron sus demandas de mejores condiciones de trabajo mediante la paralización de 50 universidades.

Chile también tuvo un alza en su conflictividad, la CUT anunció huelga general en reclamo de cambios estructurales en el sistema público y enseñanza gratuita. Asimismo, en Uruguay el PIT-CNT realizará un paro general para fines de setiembre, donde exige al Gobierno Nacional un aumento de salarios para los docentes, al tiempo que los trabajadores de la enseñanza realizaron un paro de más de un mes y los del sector de la carne y la bebida reclamaron aumentos salariales.

En gran cantidad de países latinoamericanos se evidenciaron tensiones que derivaron en medidas de acción directa. La Central Boliviana (COB) realizó un paro nacional en reclamo de un aumento de las jubilaciones; en Perú la CGTP realizó un paro general contra la Ley del Servicio Civil destinada a aplicar recortes en el personal de la administración estatal; los trabajadores de la salud, mineros, docentes y conductores del transporte de Paraguay llevaron adelante acciones de lucha y obreros azucareros de Ecuador exigieron en diversas medidas de fuerza mejoras en sus condiciones de trabajo y ahora en unidad de acción todas las centrales sindicales convocan a una huelga general para este 26 de septiembre.

El caso Colombiano es uno de los más significativos los trabajadores agrarios, camioneros y mineros realizaron una huelga general con cortes de ruta paralizando al país por varios meses. En respuesta a las medidas, el gobierno de Colombia militarizó distintas zonas del país, encarceló y reprimió a centenares de trabajadores. Los campesinos iniciaron las acciones de fuerza contra la aplicación de los tratados de libre comercio y en demanda de precios mínimos. Mientras que los camioneros reclamaron la baja en el precio del combustible. La Confederación Nacional de Mineros de Colombia, también, inició un paro por tiempo indeterminado contra la aplicación de un decreto que habilita la eliminación de cientos de puestos de trabajo al permitir que la fuerza pública destruya la maquinaria artesanal de los pequeños mineros.

En la Argentina, cabe mencionar la huelga general del 20 de noviembre del 2012 en unidad de acción CTA-CGT, y las múltiples movilizaciones generadas por una plataforma común. Recientemente tuvimos un gran triunfo al aumentarse el Mínimo no Imponible del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios de los trabajadores, pero la lucha continua por los salarios familiares, por la fijación de un Salario Mínimo, Vital y Móvil acorde con la canasta básica y las necesidades de los trabajadores.

Esto es un síntoma que se da en América del Sur independientemente del signo del gobierno. Las huelgas generales son indicativos de un grado de conciencia muy alejada de la concepción de “debilidad sindical” que aparece en los estudios y relatos de los especialistas.

Todos conocemos las características de la globalización. Sabemos que el marco nacional no es suficiente para detener o poner limites a “las tomas de ganancias” de los grandes grupos económicos.

Cabe hacer una aclaración. Muchas organizaciones sindicales creen que hay que ser tolerante con los gobiernos “progresistas” y duro con los “conservadores”. Se cree que así se favorece a los amigos y se perjudica a los enemigos.

Nada más alejado de la realidad de los trabajadores. Cuando en algunos países hay creación de puestos de trabajo y aumento del salario real, “la conciencia de sí” se va comprobando en los lugares de trabajo a partir de entender las necesidades comunes. Paulatinamente esta conciencia se convierte en “conciencia para sí” en la medida que confronta colectivamente.

La masividad de incorporación de trabajadores formales en el Brasil se expresa en la huelga general a partir de reivindicaciones comunes. No se trata de aumento del poder adquisitivo de las clases medias, como se trata de presentar mediaticamente. Son nuevos trabajadores que se incorporan al mercado de trabajo y al mercado de consumo.-

Esto no indica que las Centrales Sindicales estén en contra de toda la política del gobierno. En el caso de los gobiernos que se consideran progresista la huelga suma, fortalece, ya que se trata de huelgas que se producen en momentos de expansión de la clase trabajadora latinoamericana.

En el caso de los gobiernos denominados conservadores la huelga tiene un contenido de “protesta” y se dirige al núcleo de las políticas sociales. En este caso sí existen cuestionamientos al modelo de acumulación.

Pero en uno y otro caso, la huelga es expresión de la autonomía de las centrales latinoamericanas. En todos los casos reclaman que el crecimiento del producto bruto de los últimos años se distribuyan tanto en los países de signo “progresista” como los denominados “conservadores”.

La postura de los gobiernos latinoamericanos al momento de tomar posición en la OIT, no se diferencian entre “progresistas” o neo liberales. Votan todos en favor de las posturas más reaccionarias de los empleadores.

En la 102 Conferencia de la OIT celebrada en Junio pasado, el Discurso del GRULAC (gobiernos de America Latina y Caribe) apoyó lisa y llanamente la posición del grupo de empleadores en cuanto que el derecho de huelga no forma parte del Convenio 87.

Se hace necesario que estos esfuerzos en el ámbito nacional se internacionalicen. Porque no va ha haber cambios en “la ofensiva del capital ” en la medida que no se oponga una resistencia internacional de los trabajadores.

Horacio Meguira es Director del Departamento Jurídico de la CTA.

Fuente: ACTA/ARGENPRESS.Info

 

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