El sueño del Buen Vivir para El Salvador

Comentarios al Libro “El país que quiero” escrito por Salvador Sánchez Cerén,  actual vicepresidente y candidato a la Presidencia de El Salvador 2014-2019

 

By James Iffland        

El excelente libro del vicepresidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, titulado El país que quiero (2014: Elecciones Presidenciales en El Salvador), me puso muy contento y  -lo tengo que admitir-, muy triste a la vez.  Muy contento por el maravilloso planteamiento político, social, económico y ético que se encuentra en el libro; muy triste, en cambio, pensando en el tremendo sacrificio que el pueblo salvadoreño tuvo que hacer  para llegar a este momento en el que sí se pueden proponer ideas tan sensatas de una manera tan libre.

Pasemos ahora al por qué de mi entusiasmo por el libro de Salvador Sánchez Cerén.  Para comenzar, el libro se llama, recordemos, El país que quiero.  Diría que lo que plantea el libro representa el país que yo también quiero.  Cuando digo eso, me refiero a los Estados Unidos, a mi país, y no sólo a El Salvador.  Es decir, lo que plantea Sánchez Cerén es un enérgico proyecto progresista que no dista tanto de lo que proponía el Partido Demócrata en mi país  cuando ese partido todavía tenía una espina dorsal  fuerte, cuando no tenía tantos pelos en la lengua a la hora de hablar de la necesidad de civilizar los aspectos más crueles del capitalismo, de la necesidad de proteger a los más vulnerables, etc…

En su libro, Sánchez Cerén tiene una admirable propensión a llamar las cosas por su nombre, por ejemplo cuando habla de la oligarquía salvadoreña  (que aún existe…),  cuando habla de los auténticos abusos del Partido ARENA durante los casi 20 años que trató de implementar un modelo económico neoliberal que favorecía únicamente a los ricos, etc…  Pero cuando habla con tanta franqueza, también lo hace con una mesura admirable; señala los males enérgicamente, pero lo hace sin perder los estribos, siempre manteniendo una profunda bondad a la hora de criticar.

La plataforma política de Sánchez Cerén nos alienta a soñar, a cultivar la esperanza, pero a la vez, revela un profundo sentido práctico.  Cuando propone un ambicioso proyecto de cambio en un área determinada  -la educación o el sistema de pensiones, por ejemplo-, siempre propone medidas concretas específicas en vez de regarnos con generalidades de color de rosa.  Las propuestas en general se derivan, debería aclarar, de las pautas iniciadas en este primer gobierno del FMLN, pero siempre con el propósito de seguir la lógica que encarnan a un nivel más amplio.

La continuación del proyecto de cambio de El Salvador -iniciado en el 2009-, que elabora Sánchez Cerén en su libro, representa un ejercicio de hondo sentido común.            Comencemos con un lema central sobre la cual basa todo su proyecto.  Citando ahora palabras del Vicepresidente: “La gente es lo primero”.  ¿Qué idea más radical, más utópica, ¿no?  “La gente es lo primero”…

Esta idea tan sencilla puede inquietar  a ciertos sectores sociales  cuando plantea que  la famosa economía de mercado tiene que estar al servicio de la gente y no la gente al servicio del mercado.  Cuando hace  ese planteamiento,  comenzamos a ver de dónde viene la resistencia contra la idea de que “la gente viene primero”.  Sánchez Cerén enfatiza la manera en que los sucesivos gobiernos de ARENA, siguiendo una política económica cada vez más desprestigiada, intentaron  desmantelar el Estado salvadoreño. En principio para “liberalizar” al Estado salvadoreños pero, en realidad para dejar a los ricos hacerse más ricos todavía.  Es el mismísimo argumento de la derecha en mi país, desmantelar el Estado norteamericano bajando las tasas de impuestos para los ricos a niveles ínfimos,  eliminando programas sociales para los más vulnerables, etc…, etc…

Y en efecto, a cierto nivel, la lucha del FMLN en El Salvador es la misma lucha que tenemos en mi  país contra el Partido Republicano en su lamentable estado actual, con la diferencia, repito, de que lo que propone el candidato del FMLN representa lo que el Partido Demócrata representaba en sus mejores momentos del pasado.

Pero diría yo que hay también diferencias cualitativas respecto a ese Partido Demócrata con espina dorsal de antaño.  Primero, Sánchez Cerén quiere maximizar la participación directa de la gente en la gestión democrática.  Afirma que la democracia no puede ser solo una cuestión de votar cada 4 o 5 años y ahí se acaba el asunto.  El vicepresidente quiere promover la movilización de la sociedad civil, alentar a los movimientos sociales de toda índole, aunque protesten contra el propio gobierno del FMLN.  En ese sentido, se desmarca totalmente de la actitud de los gobiernos de derecha en El Salvador que hacían lo posible por neutralizar los movimientos sociales opositores.

Otra faceta clave del proyecto que esboza Sánchez Cerén es la creciente cooperación política y económica no sólo entre países de Centroamérica sino de Latinoamérica en general.  Ve como algo importante, por ejemplo, todo el proyecto de ALBA, esto es, como un contrapeso a la influencia de cierto país al norte del suyo que todos conocemos muy bien.

Pero habría que recalcar que junto con esta reivindicación del espíritu bolivariano original, el libro de Sánchez Cerén plantea la necesidad de tener buenas relaciones con los Estados Unidos.  El autor no ve por qué un gobierno del FMLN no pueda tener lazos fértiles con ALBA y también llevarse bien con los Estados Unidos. Sánchez Cerén dice que un gobierno encabezado por él buscará una forma de cooperación  positiva con Washington en tanto que  Estados Unidos respete la soberanía salvadoreña.

Ahora bien, una de las razones por las cuales Sánchez Cerén cree en la necesidad de mantener buenas relaciones con EEUU es justamente por los millones de salvadoreños que viven en este país.  Un aspecto muy importante de su libro es el fuertísimo énfasis que Sánchez Cerén pone en la diáspora salvadoreña.  Afirma contundentemente que el pueblo salvadoreño es uno sólo, que un gobierno encabezado por él hará todo lo posible por cuidar los intereses de los salvadoreños residentes en Estados Unidos, no solo por las ventajas económicas de las remesas enviadas por tantos de los salvadoreños residentes en ustedes -lo único que les importaba a los gobiernos de ARENA-, sino porque considera que todavía forman una parte integral de la nación salvadoreña, y que por lo tanto el gobierno salvadoreño tiene una obligación moral de fomentar su bienestar general, como si aún residieran en El Salvador.

Pero hay otro grupo que también destaca en su visión del “país que quiere”: esto es,  la juventud salvadoreña.  Señala que la edad promedio en El Salvador es de 24 años, lo cual por fuerza debería colocar en primera plana la situación de los jóvenes del país.  Sánchez Cerén lamenta que la juventud salvadoreña quede asociada en la conciencia de muchos tan sólo con las tan mentadas maras.  Mientras el autor manifiesta un fuerte deseo de resolver el grave problema que éstas representan, insiste que es importante tomar en cuenta que la abrumadora mayoría de los jóvenes salvadoreños no tienen nada que ver con estos grupos delictivos y que es importante enfatizar todo lo positivo que los caracteriza.

Sánchez Cerén ha sido educador desde joven, y ha fungido como Ministro de Educación durante el primer gobierno del FMLN.  La auténtica pasión que siente por la causa de la educación que ha manifestado en este cargo es algo que llevará con él si saliera elegido como presidente de El Salvador en el 2014.  Como yo también soy del gremio de los educadores, no puedo sino manifestar mi gran entusiasmo por los distintos planes que tiene Sánchez Cerén para mejorar el sistema educativo de su país.

Claro está, en su cargo como Ministro de Educación tuvo que confrontar la situación de considerable deterioro que caracterizaba la educación pública en El Salvador tras muchos años de gobierno de ARENA, misma que tendía -con total previsibilidad-, a favorecer al sector privado.  De nuevo, es una lucha que conocemos también en mi país, donde la derecha hace todo lo posible por favorecer a la educación privada y religiosa y por reducir el apoyo financiero al sistema público.  Si fuera elegido presidente en el 2014, Sánchez Cerén implementaría ideas creativas para mejorar el sistema educativo salvadoreño, comenzando con el simple aumento del nivel de apoyo financiero suministrado por el gobierno.

Pero su compromiso con la juventud no se limita a sus proyectos para mejorar la educación.  Quiere entrar en diálogo con los jóvenes, quiere escuchar sus ideas de manera directa. Quiere alentarlos a organizarse, a presionar al gobierno con sus reivindicaciones.

Junto con los jóvenes, hay otro grupo que Sánchez Cerén pone en primera plana en el país que él quiere.  Me refiero a las mujeres.  El candidato del FMLN se explaya sobre la necesidad de mejorar la situación de la mujer salvadoreña.  Si bien la causa de la mujer es algo que enfatizan casi todos los partidos políticos hoy en día -aunque de manera hipócrita-, en la mayoría de los casos-, lo que plantea Sánchez Cerén me parece no solo de una sinceridad auténtica sino además, factible.

Ahora bien, a través de todo el libro, Sánchez Cerén enfatiza el concepto del “Buen Vivir”.  De hecho, el libro tiene como subtítulo “La esperanza en el Buen Vivir está en el corazón de la gente”.  Si bien podemos pensar que el Buen Vivir consistiría en tener un auto de lujo,  una casa en la playa, cuarenta pares de zapatos italianos, etc., etc., Sánchez Cerén no lo concibe así.  Más bien, todo su proyecto, sin caer en un ascetismo puritano, va en contra del desenfrenado consumismo que hace estragos en muchos lugares del mundo hoy día.  En resumen, el Buen Vivir para Sánchez Cerén significa “una vida digna, respeto a los derechos de las personas y de la naturaleza, en el que recuperemos la interacción del Estado, el mercado, la sociedad y la naturaleza, teniendo al centro los derechos universales de todos los seres humanos.  El Buen Vivir constituye una apuesta de cambio con inclusión en la generación y distribución de bienes, un camino hacia la igualdad en la que se facilite la auténtica libertad […]” (148-49).  En fin, todo esto nos hace volver a la noción fundamental que “la gente es lo primero”.

Para terminar este rápido recorrido de un libro excelente, el cual describe -repito-, algo que yo quisiera ver en mi país, quiero enfatizar algo que Sánchez Cerén dice algo que me parece altamente elocuente.  Dentro de su visión del futuro de El Salvador, dice que éste es “un país chiquito que aspira a ser algún día un gigante moral” (151).  Si lograra acercarse al modelo del Buen Vivir que él plantea, se concretaría esa aspiración, convirtiéndose en modelo para muchos otros países del mundo.

James Iffland

Boston University

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