Animales sin miedo en la Tierra de la Paz

Por Maite Valderrama

El Día del animal o Día Mundial de los Animales tiene lugar cada año el 4 de octubre, fecha en la que se celebra la vida animal en cualquiera de sus formas. Una celebración sin lugar a dudas a tener en cuenta y que debería dar como resultado un mayor respeto y trato hacia los animales, no solo los animales de compañía, si no también los llamados animales útiles, pues tan solo en las granjas de ganadería intensiva de todo el mundo malviven el doble animales que habitantes tiene este planeta, una cifra que nos debería hacer reflexionar sobre cuan grande es el abuso de la sociedad ante el reino animal. Los animales y la naturaleza en general no son respetados en nuestra sociedad. Han sido degradados a simples factores de producción, sin dignidad ni derechos, habiendo sido convertidos en un mero objeto de consumo para muchas personas.

Pero esto tiene un origen y la historia lo pone al descubierto para cualquiera que quiera investigar sobre ello. Para el occidente cristiano es interesante recordar que en el año 324 el Emperador Constantino absorbió el cristianismo y lo convirtió en religión estatal por motivos políticos, se produjo una poderosa alianza entre estado y religión, que lucho con saña contra los verdaderos seguidores de Jesús. Dichos seguidores, como hoy día se sabe, eran vegetarianos lo que en aquella época los convertía directamente en herejes con un futuro poco halagüeño. Constantino jugó un papel crucial en el alejamiento entre la recién fundada iglesia y las verdaderas enseñanzas del amor que trajo Jesús, una triste separación de los principios de igualdad, libertad, unidad, hermandad y justicia que trajo el Nazareno como base del cristianismo.

 

Fueron verdaderas campañas de destrucción las que acontecieron. Las peores carnicerías contra personas pacificas cuya única “falta” consistía en su esfuerzo en cumplir en sus vidas diarias aquello que enseñó Jesús, por ejemplo no matar animales ni comer su carne. Los cristianos originarios de los primeros siglos fueron perseguidos y exterminados por no doblegarse a la voluntad pagana de los sacerdotes, quienes se hacían llamar cristianos. Ellos sin embargo se habían decidido por obedecer la palabra profética de Cristo, la Palabra interna que fluía entre algunos de ellos en las primeras comunidades cristianas. A los seguidores de Jesús de Nazaret que querían permanecer fieles a sus ideales pacíficos, se les obligó bajo amenazas y tortura a guerrear a favor del emperador. Se cuenta que a los que no querían comer carne les vertían plomo fundido en la garganta.

La historia está llena de vegetarianos y de personas que, conscientes del sufrimiento animal, los han defendido. Personas que soñaron con lo que ahora es una realidad y que ellos no pudieron ver: La Tierra de la Paz, un pequeño terreno cerca de la ciudad de Würzburg (Alemania), convertido sin lugar a dudas en un mundo excepcional donde animales de todas las especies autóctonas pueden vivir sin miedo, con dignidad y alegría. Allí los campos y bosques están sanos, siendo en su conjunto un manantial de salud para las personas. El modelo novedoso aplicado en estos terrenos ya se está exportando a otros lugares de la Tierra, tanto por el trato innovador y pacifico para con la naturaleza y los animales, como por el empeño en lograr una reparación global de los daños causados por el ser humano. La Tierra de la Paz en muy poco tiempo ha pasado de ser un desierto agrario a convertirse en un vergel de especies, con un sistema de biotopos conectados entre sí que vuelve a ofrecer un hábitat a muchas especies de animales y de plantas. Allí también el ser humano recupera la relación de amor y respeto hacia los animales perdida hace mucho tiempo.

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