Vergonzosas realidades

Por Teresa Gurza.

Fotografías publicadas por el diario Reforma muestran la cruda realidad de la vida de mexicanos que deben caminar cuatro, cinco, seis o siete horas para buscar una pequeña despensa.

Como esa señora de la comunidad de Cochoapa el Grande en Guerrero, quien con sonrisa que envidiarían muchos millonarios, apenas puede con el hijo que le cuelga de un rebozo y las manos ocupadas con bolsas que le acaban de entregar y cuyos contenidos le servirán para unos cuantos días.

O los niños guerrerenses felices con el plato de sopa que en uno de los albergues les entregó como desayuno, un soldado.

El esfuerzo y el tesón de los pobres lo vimos también, en los extraordinarios niños Triquis que juegan descalzos por no estar acostumbrados ni a huaraches y que durmieron sobre el suelo y con delgadas cobijitas, en la víspera de su viaje a la Argentina para competir en basquetbol.

Es vergonzoso que en México se cometan a diario injusticias con los más pobres, sobre todo si son indígenas.

Ahí está lo sucedido con Irma López, la joven mazateca a la que no permitieron dar a luz en el Centro de Salud de Jajalpa de Díaz; y cuya conmovedora imagen en cuclillas con su niñito Sabino caído sobre el pasto y pendiente aún del cordón umbilical, recorrió el mundo esta semana.

Mujer valiente que pese a que la amenazaron con que si sigue contando lo ocurrido se quedará sin el magro apoyo de Oportunidades, declaró que nadie la atendió pero a su esposo Margarito le cobraron 400 pesos por medicinas, jabón y cloro; y le pidieron mil 500 más, por la cama que ocupó ya con Sabino nacido.

Pasó por lo mismo Reina Durán, de la que tenemos que imaginar el rostro porque ni foto alcanzó; y que en julio pasado tuvo a su bebé en el patio de esa misma clínica oaxaqueña que pertenece a la Jurisdicción Sanitaria de Tuxtepec.

Como si no bastara con las acciones y omisiones que día a día remarcan la desigualdad, tuvieron que llegar tormentas o nacimientos para destacarla de manera más atroz.

Y eso que conocemos sólo retacitos de lo que sucede en un país que con tanta riqueza como el nuestro, tiene un millón 300 mil niñas que trabajan por pocos pesos y aporta más de 50 millones a la cifra de 800 millones de hambrientos que hay en el mundo.

En tanto que tragedias, datos y fotos se suceden, y se cacarean desde el poder despensas que paliarán el hambre de los damnificados solo unos pocos días con alimentos que no acostumbran, van apareciendo uno tras otro nuevos abusos de los poderosos.

Esta semana abrió con las novedades de que el Senado gastó dos millones de pesos en viáticos y asientos de avión de más de 120 mil pesos en promedio, para nueve de sus miembros que viajaron por pocos días; que los diputados se echaron 95 millones de todos, en sus pólizas médicas; y que los secretarios de las comisiones senatoriales nos cuestan 60 millones.

Y otro millón se fue, porque no podíamos dejar sin inmortalizar al óleo a legisladores tan egregios como Joaquín Gamboa Pascoe, Diego Fernández de Cevallos, Santiago Creel y Gustavo Madero

Que mal estamos.

Y no es todo, porque la cámara baja anunció con orgullo que “aplicará mayores controles a los cabilderos y prohibirá a los diputados recibir dádivas o pagos de éstos”. ¿Pues qué sí podían hacerlo?

Que vergüenza…

Vergüenzas que no nos son ajenas; y tenemos que asumir como propias por haber permitido que caractericen hoy, al país que hemos construido.

Y que no terminan; porque a todo lo que conocemos de lo robado en el sexenio calderonista, debe añadirse el fraude panista al FOVISSTE por mil 500 millones de pesos; y que Manuel Perez Cárdenas, director de la institución y responsable del otorgamiento de 45 mil créditos “irregulares”,  funja ahora como asesor del Senado.

La semana finaliza con el descubrimiento de que otro honrado y católico buscador del bien común: el exgobernador panista de San Luis Potosí, Marcelo de los Santos, está acusado de “desviar” más de dos mil 500 millones de pesos.

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