Reforma migratoria: ¿traicionará Washington a los votantes latinos?

Por Jaime González

Cuando el pasado mes de julio el Senado de Estados Unidos aprobó por una amplia mayoría un proyecto de reforma migratoria que ofrecía un camino para la legalización de los más de 11 millones de indocumentados que se cree viven en el país, muchos pensaron que finalmente se iba a resolver un asunto que lleva años pendiente.

Pero la alegría de los partidarios de la reforma duró poco. Cuando llegó la hora de que la Cámara de Representantes elaborara su propia propuesta, las negociaciones entre demócratas y republicanos descarrilaron.

La falta de entendimiento entre ambos bandos -principalmente sobre si se debe otorgar la ciudadanía a los inmigrantes que regularicen su situación y sobre las medidas para reforzar la frontera- se prolongó durante semanas y cuando los congresistas regresaron en septiembre al trabajo después del receso veraniego los indocumentados habían dejado de ser una prioridad.

Los republicanos iniciaron su batalla para retrasar la entrada en vigor de la reforma del sistema sanitario impulsada por el presidente Barack Obama -la famosa Obamacare- en un tira y afloja que desembocó en el cierre gubernamental.

Ello, sumado a las discusiones para elevar el techo de la deuda del gobierno estadounidense, ha mantenido ocupados a los legisladores a tiempo completo.

Pero pese al aparente olvido en el que ha caído la reforma migratoria, las organizaciones que desde hace años trabajan para acabar con el limbo en el que viven millones de indocumentados y sus familias, no han desistido en su empeño, manteniendo la presión sobre los congresistas.

A estas alturas algunos se preguntan si, como ya sucedió en el pasado, la promesa electoral del presidente Obama de que en esta legislatura se aprobaría una reforma migratoria (con la que obtuvo el decisivo apoyo de los votantes de origen hispano) volverá a quedar en nada.

En los últimos meses el mandatario no ha dejado de repetir que la reforma es una de las prioridades de su gobierno, aunque grupos pro-inmigrantes le echan en cara que se haya negado a detener las deportaciones de indocumentados, un gesto que, en opinión de los activistas, lanzaría una señal clara de que existe voluntad de encarar el problema.

BBC Mundo conversó con representantes de varias organizaciones para saber qué posibilidades hay de que en los próximos meses el Congreso de EE.UU. apruebe un proyecto de reforma migratoria.

Pablo Alvarado, director ejecutivo de la Red Nacional de Jornaleros (NDLON)

Mary Giovagnoli, Directora del Centro de Políticas Migratorias de Washington

Lynn Tramonte, directora ejecutiva de America’s Voice

Laura Vázquez, analista del Consejo Nacional de La Raza (NCLR)

 

Nunca ha habido tanto consenso para que se apruebe una reforma, pero el problema es que Washington está quebrado. No se pueden poner de acuerdo ni para cuadrar sus propias cuentas.

Lo malo es que la inacción de los políticos no sólo se siente en Washington. La sentimos nosotros en los vecindarios de todo el país, ya que cada día más de 1.000 personas son separadas de sus familias porque son detenidas y deportadas.

Mientras los republicanos bloquean la reforma y los políticos juegan con este tema como si se tratara de un partido de fútbol, padres, madres, hijos y abuelos están siendo separados.

Los demócratas culpan a los republicanos pero sabemos que el presidente Barack Obama dice cosas muy bonitas sobre la contribución de los inmigrantes al país y al mismo tiempo supervisa las deportaciones.

Obama debería parar las deportaciones. Con ello enviaría un mensaje claro a los republicanos de que no va a seguir jugando con el destino de la comunidad inmigrante y haría que el tema de la reforma volviera al primer plano de la actualidad.

La traición a los votantes latinos ha sido permanente. En las últimas elecciones salimos y votamos al presidente, pero este presidente no ha hecho lo suficiente para que se apruebe una reforma migratoria.

No es la primera vez que hay un apoyo amplio a una reforma pero ya sabemos lo que sucedió en el pasado. En cualquier caso, no podemos declarar muerta la reforma mientras haya posibilidades de que se apruebe. Hemos de seguir trabajando para que los congresistas actúen.

Si Washington no actúa, algunos estados van a empezar a tomar medidas por su cuenta, como California, que decidió frenar las deportaciones.

Contexto

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Fuente: BBC Mundo

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