Cuarenta años luchando por la tierra y por la vida

Por Teresa Gurza

 

Cuarenta años son muchísimos.

 

En ese lapso les salieron canas, algunas enfermaron gravemente, y todas subieron y bajaron calles sin pavimentar, resecas en los calores y resbaladizas en las aguas, con las rodillas temblorinas por las pendientes.

 

Sólo así pudieron comprobarles a las autoridades, que en albercas y caballerizas de moteles y casas de senadores y delegados de Tlalpan, se desperdiciaba el agua que a ellas les faltaba para todo.

 

Efigenia, Elvira, Angelita y Lucy, usan ahora bastones; Tere, Virginia, Cecilia, Mago y Betty tienen hijas e hijos profesionistas y muchos nietos; o ya van en los bisnietos.

 

Enry, Tere Villalpando, Goyita, Soledad y María de Jesús, hacen memoria para recopilar momentos trascendentes del pasado.

 

 

Por fortuna las y los menos, como la madre Paul que tanto hizo en la colonia Volcanes y doña Floria a cuyo hijo de siete años lo descalabró en 1974 un soldado y le tuvieron que poner una placa en el cráneo,  ya murieron.

Pero las que quedan, y perdón que no las nombre a todas, siguen guapotas y en la pelea.

 

Me refiero a las aguerridas mujeres de San Pedro Mártir; algunas de ellas antiguas campesinas, a las que decretos presidenciales arrebataron cientos de hectáreas de la tierra donde vivían,  sembraban y cosechaban maíz, frijol y preciosas rosas, que seguro más de algún lector compró en la carretera México-Cuernavaca.

 

 

Y hablo de mujeres, porque han sido mayoría; y porque chismosos, funcionarios y dos que tres maridos, las han tachado de viejas ociosas, argüenderas y metiches, que estarían mejor en sus casas haciendo tortillas; pero también han participado hombres en este batallar iniciado hace 40 años en el pueblo de San Pedro Mártir; y cuyo párroco sigue siendo Jesús Ramos.

 

En 1974 ayudado por vecinos, el padre Chucho recorría caminos con cubetas llenas de agua para que no pasaran sed sus feligreses; cercados por el ejército para obligarlos a abandonar casas y tierras codiciadas por Echeverría para el Colegio Militar.

 

 

Son muchísimas las anécdotas en esta tarea de décadas; de la solidaridad otorgada y recibida, los triunfos logrados y los abusos de tipos que como el Negro Durazo, construían sus palacetes en terrenos conseguidos a la mala.

 

 

De todo se habló durante la celebración del cuarenta aniversario de Campesinos Unidos, surgido en mayo de 1973 como única respuesta digna ante las expropiaciones que se hacían sin consultas ni pagos adecuados; y que se llamó luego  Lucha Popular y actualmente Movimiento Popular de Pueblos y Colonias del Sur.

 

Ubicado en las faldas del volcán Xitle, justo en la Y griega que forman las carreteras libre y de cuota a Cuernavaca, San Pedro Mártir se ha hecho oír; ha acostumbrado a los funcionarios a hablar sólo cuando se les da la palabra y obligado a las autoridades a poner escuelas, mercados, puentes, agua potable, centros de salud, drenajes, luz y empedrados.

 

 

Y tiene hoy parada una gasolinera construida ilegalmente hace dos años, en el kilómetro 19.400 de la autopista México-Cuernavaca; casi en las bardas de las casas vecinas; y donde

 

instaló el 28 de septiembre del 2011, el campamento Ixtliyolotl en defensa del derecho a la vida, a la dignidad y a un ambiente sano.

 

 

Está hecho con palos de escoba, tubos, y algunas lonas; tiene un altarcito con la Guadalupana, San Pedro, Méndez Arceo y monseñor Romero y un piso tan irregular, que no sé como no se medio matan, estas mujeres que con todo y bastones hacen guardias diurnas.

 

 

Las nocturnas corren a cargo de hombres; a los que desvela el ruidero de la carretera y la peste de un drenaje reventado hace meses y que la delegación de Tlalpan por más que se le ha pedido, no ha reparado.

 

 

Ante la amenaza de desalojo, y como la gasolinera sólo cuenta con permisos ilegales de los ex-delegados Guillermo Sánchez e Higinio Chávez, la CDHDF les otorgó medidas precautorias.

 

 

El Tribunal de lo Contencioso Administrativo del D. F. ha emitido ya dos sentencias a favor del Movimiento; pero como los gasolineros apelaron, se está ahora en espera de la sentencia judicial definitiva.

 

 

Mientras tanto, se junta cartón, plástico y latas de refresco, que reciclan y venden para pagar abogados.

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