Chile: Michelle Bachelet y una oportunidad para las fuerzas progresistas y la social democracia

Por Juan Francisco Coloane

Chile y su política parecen resultar nuevamente atrayentes en el plano internacional. A horas del veredicto de los votos, crece la expectación sobre el triunfo de la Dra. Michelle Bachelet en la elección presidencial este domingo, con probabilidad en primera vuelta o con un margen de ventaja holgada por sobre el 40 por ciento.

La militante socialista que fue presidenta en 2006-2010, representa una coalición amplia de partidos y movimientos de centro, centro -izquierda y de izquierda, agrupados bajo la noción de una Nueva Mayoría (1) que propone una transformación gradual y efectiva del actual modelo socioeconómico con un ambicioso programa.

Una reforma profunda a la educación asegurando calidad y gratuidad, una reforma tributaria que sustente cambios en salud, educación, vivienda, cultura y manejo del medio ambiente entre otras áreas prioritarias, así como una nueva constitución “partiendo de 0”, como lo manifestó el ex presidente Ricardo Lagos Escobar, son los ejes principales. El programa fue trabajado con equipos técnicos y recorriendo el país discutiendo con gente de todas las tendencias, como lo enfatiza la propia candidata.

Al revés de la visión catastrófica de una legión reducida de políticos y personas de diversas inclinaciones filosóficas en general, en la perspectiva internacional, el triunfo de una coalición de esta naturaleza abre rutas e ideas para calmar las aguas de un mundo globalizado que no encuentra respuestas para superar alto nivel de desigualdad y una persistente exclusión política, a pesar del crecimiento económico y de la riqueza.

Se habla quizás con exceso de la “carismática Bachelet”, concepto acuñado que dice poco, de facilismo analítico y que no revela que estamos frente a una mujer de grandes esfuerzos y sacrificios donde se observa con nitidez una decidida vocación por la solidaridad, los derechos de las personas más vulnerables. Michelle Bachelet, por lo escrito sobre ella y por lo dicho por ella, aparece como una líder con una profunda y moderna concepción del socialismo producto de su experiencia como militante socialista desde su juventud hasta que llega a la presidencia en 2006. Su dossier de político y de profesional, refleja una mezcla de compromiso por lo teórico y lo práctico en una buena dosis de equilibrio que encaja en el liderazgo que proyecta y la estadista que ha demostrado ser.

La propuesta de la Nueva Mayoría conlleva el resurgimiento de un progresismo innovador y de un conglomerado de entidades políticas de izquierda y de centro izquierda que universalmente había extraviado su rumbo. Al hacerse partícipe de una forma de administrar el modelo globalizador excesivamente complaciente con el dominio del gran capital, a la social democracia y un sector del progresismo se le asocian con el fracaso político y social del modelo económico existente. Los casos de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Brasil, India, Sudáfrica, por nombrar una presencia social demócrata importante en gobiernos en las décadas de 1990 y 2000, ilustran ese fenómeno de intoxicación o contagio con el poder de las corporaciones transnacionales.

Las corporaciones transnacionales con su poderoso alcance económico global, han deformado a los estados y el concepto de repúblicas liberales y democráticas en niveles insospechados. Se hizo de los estados unidades productivas dependientes de políticas transnacionales con códigos de globalización casi absolutos, donde las coordenadas de la política local se subordinan a diseños de dominio político planetario o acuerdos sin consulta pública. Es así que observamos un creciente fenómeno de desestabilización de estados y estructuras institucionales. La gobernabilidad es frágil y la eficiencia económica desde la aplicación del ajuste económico de la década de 1980 (implantación del actual modelo) se afianzó en sistemas políticos autoritarios, corruptos y generadores de las desigualdades que se constatan ahora.

El triunfo de Michelle Bachelet, así como el encono de sus adversarios de todas las posturas, son una consecuencia del autoritarismo en el liberalismo tardío y su frustración por no haber democratizado las estructuras sociales. Si bien se democratizaron algunas instituciones públicas heredadas del estado pinochetista, se había fracasado en democratizar la estructura económica y la organización productiva de la sociedad, generando las desigualdades que hoy una mayoría de chilenos reclama que se superen. Este largo proceso desde el fin de la dictadura ha desatado una carga irracional de frustración colectiva contra los propios principios e instrumentos democráticos (los partidos políticos por ejemplo) que ha contribuido (esa ira y frustración), a reforzar la estructura monolítica y autoritaria del sistema económico y al mismo tiempo, a que el aparato político lo sustente más aún.

La experiencia futura de la Nueva Mayoría, será útil como señal en una medida no despreciable para los futuros rumbos de las fuerzas progresistas en lo regional y otros ámbitos. Los ojos están puestos en Chile nuevamente aunque parezca ostentoso afirmarlo. La Nueva Mayoría de abordar el desafío con éxito, por el tipo de coalición que representa, entregará lineamientos en otras latitudes.

El progresismo y la social democracia han sido por lo general adeptos en el diseño macro y en el nivel de la negociación por su alta afinidad con las políticas públicas y el manejo del estado. Sin embargo encuentran problemas a la hora de implementar medidas prácticas cuando las políticas públicas se transforman en leyes y acciones que comprometen el bien de la mayoría y que entran al mismo tiempo en conflicto con la rentabilidad del capital. ¿Cuáles son los espacios para ceder? ¿Quiénes determinan esos espacios? ¿Los que ostentan poder en el dominio público o en el sector del capital privado? Fijar un punto de equilibrio en la intersección de los dos sectores ha sido siempre un desafío complejo para las fuerzas del progresismo y la social democracia.

“Chile ha cambiado y es hoy un país más activo y con mayor conciencia de sus derechos”, dijo Michelle Bachelet en marzo de este año, cuando anunció su postulación. Ha reafirmado al finalizar su campaña, que su objetivo es corregir las desigualdades y “enfrentar los desafíos con una nueva forma de hacer política”.

La Nueva Mayoría que respalda a Michelle Bachelet recupera la noción de coaliciones políticas inclusivas de gran amplitud y en este caso, bajo su liderazgo, ha sido capaz de encontrar los equilibrios programáticos para que diversas sensibilidades sociales y políticas y las entidades que las representan, funcionen sin los ánimos destructivos del pasado.

La responsabilidad es inmensa. El camino estará cargado de obstáculos. Habrá una oposición dura de los sectores más conservadores y antagónicos a la unidad de la nueva coalición. Chile desde su insularidad se ha atrevido a procesos políticos que han llamado la atención internacionalmente y sus pulsos políticos gravitan. Lo importante es que esa gravitación se tome en serio y que no se despilfarre la oportunidad. Y claro, el mensaje debe ser directo. Esto no depende exclusivamente del liderazgo ni del capital político de Michelle Bachelet. Sin un apoyo masivo y sólido de la población, es conocida la historia de proyectos innovadores cuando el gran capital es amenazado en Chile y en el mundo.

Notas:

La Nueva Mayoría la forman: Partido Socialista, Partido por la Democracia, Partido Demócrata Cristiano, Partido Comunista de Chile, Partido Radical Social Demócrata, Movimiento Social Amplio, Izquierda Ciudadana, Independientes.

Fuente:  ARGENPRESS.info

 

 

You must be logged in to post a comment Login