1.500 años ocultando la reencarnación

 Por Maite Valderrama

Cada vez más personas reflexionan sobre la posibilidad de haber vivido ya varias veces sobre la Tierra.  Entre el 30% y el 40% de todos nuestros contemporáneos están convencidos de ello. Este conocimiento ancestral de la humanidad, que se halla por toda la Tierra y en muchos círculos culturales, parece volver a despertar también en el occidente cristiano, donde ha sido reprimido desde hace 1500 años a raíz  de un anatema eclesiástico. Para los grandes pensadores y escritores de la historia europea de las ideas –desde Platón a Kant, Goethe, Lessing y otros muchos- la reencarnación era algo natural.

Hoy día también el consumidor espiritual normal, para quien su Dios está cerca de la doctrina teológica, se pregunta si puede ser que sólo haya esta única vida, en la que tantas cosas le han salido mal; y si realmente puede ser que al final incluso aterrice “eternamente en el infierno”, porque no encontró a tiempo un confesionario. Pero si Dios es el amor, esto no puede ser.

Esto no significa que Dios deje que se burlen de El. El incumplimiento de los Mandamientos de Moisés o del Sermón de la Montaña de Jesús de Nazaret, no queda sin consecuencias y carga nuestra alma. De esta carga podemos liberarnos si cambiamos y purificamos o también mediante expiación. Esto último el ser humano lo experimenta con frecuencia en forma de necesidades o enfermedad.

Los Teólogos no dan una explicación y hablan de un “secreto de Dios”. Con ello dan a las personas que sufren, piedras en lugar de pan. El pensamiento de que la injusticia de una vida humana posiblemente desaparezca en una justicia superior de muchas vidas, ni siquiera lo permiten desde que en el concilio de Constantinopla  “anatematizaron como doctrina falsa” la reencarnación, al igual que el convencimiento de que a nadie se le puede condenar eternamente.

Para más de una persona puede ser importante descubrir que el conocimiento acerca de la reencarnación también estaba difundido en el cristianismo de los orígenes y en los primeros siglos cristianos. Para muchos de los primeros doctores de la iglesia el renacimiento era parte integrante de su fe. Así está escrito por Clemente de Alejandría hacia el año 200 d.c.: “Pues el seguir un nacimiento a otro, quiere llevarnos a la inmortalidad en un avance paulatino”. San Jerónimo (355-425), el traductor y compilador de la Biblia actual, escribió: “La enseñanza del retorno fue anunciada al menos desde los primeros tiempos como una fe que ha sido transmitida pero que no se anunció públicamente”.

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