“En Internet todos los países del mundo somos colonias del imperio de Estados Unidos”

Por Orlan Cazorla

Rafael Bonifaz es uno de los más destacados activistas de software libre en Ecuador y América Latina. Socio fundador y primer presidente de la Asociación de Software Libre del Ecuador (ASLE), Bonifaz participó en octubre en el IV Congreso Internacional Itinerante de Software Libre celebrado en Quito. Este experto explicó cómo se está aplicando el software libre en Ecuador y en América Latina, y las implicaciones del espionaje y la falta de privacidad en Internet.

Cuando Rafael Correa llegó al poder decretó el software libre como política de Estado. Sin embargo, la Asociación de Software Libre de Ecuador aseguró en una carta “que no existen resultados claros del proceso de implementación del software libre en el país”. ¿Cuáles han sido los inconvenientes?

Yo trabajé en el Gobierno, en una parte encargada de la implementación del software libre, y también desde fuera, y creo que desde los dos lados hemos tenido problemas. Como comunidad no nos esperábamos que el Presidente nos escuchara y nos hiciese caso tan rápido y pensamos que ya habíamos ganado, con lo que nos descuidamos y dejamos de estar tan unidos como cuando estaba claro que teníamos una lucha. Y eso ha hecho que ya no estemos tan vinculados con el proceso. Y de parte del Ejecutivo, me parece que las personas que han estado liderando este tema no están involucradas con el movimiento del software libre. No entienden muy bien cómo funciona la dinámica del desarrollo del software libre. La estrategia que se ha usado por parte del Gobierno me parece que no es la mejor. Desde la Subsecretaría de Gobierno Electrónico básicamente se dice: no te damos plata para que compres tu software porque tienes que usar software libre. Pero no se explica por qué tienes que usarlo, qué beneficios vas a tener. Por eso ha habido mucho rechazo interno dentro del Gobierno, porque creo que no se ha manejado bien una estrategia. Otra cosa que debería haber hecho el Gobierno y que todavía lo puede hacer es sensibilizar a la gente.

¿Después de las revelaciones de Edward Snowden se ha modificado algo este panorama?

En Ecuador el software libre estuvo un poco apagado. Aunque en 2012 Correa dio un buen discurso en el Campus Party sobre este asunto, a nivel de mandos medios no ha pasado a mucho. Pero con estas revelaciones se han dado cuenta de que teníamos razón. Ahora piensan que sí hay que tomarse este tema un poco más en serio y nos han dado espacios para hablar en foros. Además, hemos tenido mucho acercamiento con personas de más alto rango dentro del Gobierno y están interesados en impulsar su implementación. Hay ese interés porque, o usamos la tecnología para comunicarnos de forma segura, o agachamos la cabeza y decimos que está bien que nos espíen, que somos país de segunda, ciudadanos de segunda.

¿Y qué es lo más urgente que haría falta ahora mismo?

Que el Gobierno empodere a los ciudadanos en la tecnología y en el software libre para el bienestar de la sociedad. Ahora conocemos con certeza que estamos siendo constantemente espiados y vigilados. El Gobierno debería contar esto a los ciudadanos. Creo que es fundamental que el Ejecutivo ecuatoriano lance una campaña hablando justamente de estos temas.

La Asamblea Nacional ecuatoriana acaba de aprobar el nuevo Código Orgánico Integral Penal (COIP) que, entre otras cosas, obliga a proveedores, cibercafés, zonas wifi, centros de estudio que presten acceso a Internet y ciudadanas o ciudadanos a almacenar toda información generada sobre cualquier infraestructura de telecomunicaciones, extendiéndose esto a Internet y a cualquier otra plataforma como telefonía fija o celular.

¿Qué significa en términos prácticos la aprobación de esta normativa?

Básicamente lo que están pidiendo es que los proovedores de Internet graben seis meses de datos del uso de sus usuarios, como mínimo, ni siquiera como máximo. Entonces si no graban están infringiendo la ley. También que los cibercafés y lugares que comparten internet tengan que registrar la actividad de los usuarios e incluso filmar lo que están haciendo. Y la ley queda abierta a que si yo comparto Internet en mi casa y viene mi mamá tengo que pedir que por favor se registre, que se siente al lado de la cámara. Esto último tal vez puede ser que no sea la intención pero está abierto a que se pueda hacer legalmente. O a que si no haces eso legalmente estás infringiendo la ley. Entonces en lugar de empoderar al ciudadano en la tecnología, que aprenda a usar el software libre y la criptografía para que pueda defender su privacidad, están fomentando que los ciudadanos espien a otros ciudadanos. Además, está la cuestión de la Soberanía Tecnológica: deberíamos tener en el Ecuador las herramientas tecnológicas. Porque por ejemplo, si uso Gmail la comunicación va cifrada, así que me puede espiar Google pero no me va poder espiar el Gobierno de Ecuador. Entonces el Gobierno ecuatoriano está fomentando que sigamos usando estas corporaciones y que sean los gringos los que nos espien porque les vemos un poco más lejanos y no es nuestro propio Gobierno. Espero que finalmente el Presiente vete parcialmente el COIP aprobado por la Asamblea Nacional.

En cuanto a la implementación del software libre en América Latina, ¿cuál es su valoración?

Creo que en América Latina el tema de software libre es bastante más político que en otras partes del mundo. Acá es un tema de Soberanía Tecnológica, de controlar a la tecnología. Lo que ha faltado entre estos países que usan software libre es cooperación real. Falta colaboración cuando podríamos integrar a personas de diferentes países a trabajar juntas. Si hay un país en la región que destaca en este momento es Brasil. Incluso están cuestionando la gobernanza de Internet y que no sea gobernado por los Estados Unidos.

¿Pero ha sido también a partir de las revelaciones de Snowden?

Brasil siempre ha tenido un liderazgo en el uso del software libre pero las revelaciones de Snowden y particularmente cuando vieron que espiaban a la presidenta Dilma Roussef, fue como la gota que derramó el vaso y el país dio un paso adelante. Incluso el discurso de Dilma en la ONU fue muy bueno. Hoy en día si entendemos un poco cómo funcionan las comunicaciones, todos los países del mundo somos colonias en Internet. En realidad existe un imperio, que es Estados Unidos, y todos nosotros somos dependientes de este imperio.

Usted afirma que si Ecuador fuera un territorio de software libre habría sido mucho menos vulnerable a los programas de espionaje, ¿qué se necesita para no estar tan expuestos?

Si usamos software libre somos menos vulnerables porque ya tendríamos la plataforma sobre la cual existirían relaciones de confianza; sabes cómo está hecho, podemos auditar esos códigos y podemos mejorarlos si fuera el caso. Pero con el software libre no es suficiente. Se necesitaría la criptografía que sirve para que la comunicación no pueda ser interceptada. Se necesitan las dos cosas. Y otro tema importante es tener infraestructura local, pero además descentralizada. No se trata, por ejemplo, de que el Gobierno dé correos electrónicos a todos los ciudadanos, sino de buscar que este genere el software con el cual varios ciudadanos puedan proveer servicios para que otros tengan correos electrónicos. Porque si la información se centraliza demasiado, incluso si los que administran esa información lo hacen con las mejores intenciones, tarde o temprano ese sistema podría ser vulnerable. Quién dice que en el futuro no vengan otros administradores que no sean tan buena gente. Aquí en América Latina hemos tenido muchas dictaduras, qué pasaría si tuviéramos nuevas dictaduras o simplemente un gobierno totalitario que utilice eso en contra de nosotros. Por eso es importante empoderar a los ciudadanos, para que ellos puedan utilizar la tecnología. Si el Gobierno ecuatoriano en realidad en estos años hubiera migrado totalmente al software libre, lo que nos habría faltado ahora es introducir la criptografía. Como último paso estaría la infraestructura local, pero si suceden leyes como la que se quiere aprobar en el Código Penal, entonces la infraestructura local ya no sería conveniente para los ciudadanos y tendríamos que buscar países en donde la legislación fuera más favorable.

En la conferencia aseguró que enviar correos en Internet es como mandar una carta sin sobre y además fotocopiada, ¿no hay ninguna privacidad en la red?

Cuando uno usa Internet va con cámaras y micrófonos que nos siguen todo el tiempo y están registrando lo que hacemos. Si realizamos una búsqueda en Google están conociendo lo que pensamos o si escribimos un correo electrónico saben con quién nos comunicamos y qué es lo que decimos. Y todo eso es accesible para otras personas. En cambio, en la vida privada si nos sentamos a conversar probablemente tendremos privacidad, aunque ahora con el celular en el bolsillo es más difícil. Así que, como está diseñado Internet, la privacidad no existe. A través del software libre y la criptografía se puede tener privacidad de alguna forma parecida a la que uno tiene en el mundo real. Cuando uno ve una cámara sabemos que estamos siendo vigilados, es más fácil entender que uno está siendo espiado. Por eso, cuando uno encripta el correo electrónico y lo hace con la mejor tecnología es muy difícil que incluso la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) pueda descifrar mi correo electrónico. Y si todos encriptamos es mucho más difícil y más caro para ellos poder descifrar los correos de todos.

Lo más importante en este momento del espionaje informático es que tenemos la tecnología para que nosotros mismos podamos defender nuestra privacidad. No dependemos de gobiernos, no dependemos de nadie, nosotros como ciudadanos tenemos la tecnología con la cual podemos comunicarnos de forma segura. Los que sabemos hacer esto estamos en la obligación de enseñar a nuestros vecinos, a nuestros amigos, para que ellos también aprendan a usar la tecnología y así puedan comunicarse de forma segura. Yo invitaría a todo el mundo a investigar sobre el software libre y la criptografía. A que vayamos usando la tecnología por el bien de la sociedad y no la sociedad para el bien de las corporaciones que desarrollan la tecnología.

Fuente: LA MAREA/ARGENPRESS.Info

 

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