Zaldúa el Califa

CalifaPor Antonio Prada Fortul

Hace mil novecientos años, el Califa Zaldúa Ibn Al Zaharreetz, era el más acaudalado miembro del notablato de toda la región pérsica y sus alrededores.

Zaldúa además de ser califa de Bagdad, era un rico y astuto comerciante de la región y sus confines.

Consideraban al buen Zaldúa uno de los hombres mas ricos de la tierra.

Vivía este rico noble, en un inmenso castillo con custodiadas y seguras almenas construidas en pulido y brillante cobre, susurrantes palmeras estratégicamente ubicadas, arrullaban su sueño y numerosos pájaros de todos los rincones del planeta, lo despertaban con sus trinos sonoros.

Lujosísimas estancias cuyas cúpulas doradas y los minaretes de plata repujados con chispas de oro, deslumbraban a los visitantes mucho antes de llegar a los umbrales de esa antiquísima ciudad de sabios sacerdotes y magos, que nació con la aparición del primer hombre.

Tenía el buen Zaldúa, un harem inmenso, compuesto por treinta y cinco hermosas hembras de todas las nacionalidades y tonalidades.

Mujeres africanas hermosas de perfiles adánicos y pieles núbicas, auténticas sacerdotisas de Ochún y Yemayá, capturadas en los arroyos sagrados de los adoratorios yorubas, orientales de ojos rasgados y cuerpos sinuosos, helénicas de rosados pechos y perfiles geométricos, escandinavas con ojos de esmeraldino mar y duras tetamentas.

En ese harem estaba representada la belleza de las mujeres del planeta.

Diariamente eran bañadas en piscinas repletas de azahares, rosas y gladiolos.

A dichas aguas se agregaban esencias de pinares escandinavos y cogollos tiernos de dátiles para aromatizarlas.

Por último le untaban delicadamente a esas hermosas hembras tan bien.

Fuente: ARGENPRESS CULTURAL

 

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