Aguinaldos irracionales

Por Teresa Gurza

Desde hace décadas, pero sobre todo en los 13 últimos años, hemos vivido en México una continua y continuada exhibición de millones que se reparten los del poder y no llegan a los pobres a los que se dice beneficiar; y eso es una forma de violencia.

Todos los días nos enteramos de nuevos casos de excesos en los gastos y corrupción de funcionarios y legisladores, lo que ocasiona indignación e impotencia.

Que se incrementan con el insulto que significa que en un país con la mitad de la población viviendo en pobreza, trabajadores con pagos misérrimos y pensiones para llorar, el catarriento Carstens reciba de aguinaldo 38 años de salarios mínimos y una canasta navideña de cuatro mil pesos.

Por el estilo son aguinaldos y prestaciones de otros altos burócratas, políticos y legisladores; a quienes como su impudicia les impide conformarse con sus jugosos sueldos y dietas, cobran además por gestionar migajas para obras públicas.

¿A qué horas se nos transformaron los atrasados y dizque decentes panistas en corruptos?

Respondió la interrogante esta semana Felipe Calderón al diario paraguayo ABC Color, al hacer declaraciones en las que se ventanea: “La corrupción es un mal endémico de México y está en todos lados”, dijo.

Seguramente por eso se extiende hasta su hermana Luisa María, quien siguiendo la costumbre familiar de estar en los medios a costa de lo que sea, echa mugre a diestra y siniestra siempre sin consecuencias para ella; hasta ahora que se le apareció laTuta.

Y llega también a su amiguita Alejandra Sota; no graduada en Harvard como pretendió hacernos creer, sino en el oficio de traficar influencias y contratos en beneficio de los cuates; y a quien deben encerrar haya o no habido “actitud deliberada”.

Además de atrasados y corruptos, algunos panistas resultaron delincuentes pegalones; como el diputado Jorge Villalobos que en el aeropuerto de Culiacán golpeó a su esposa Lilyan, hasta tirarla al suelo.

Cuidado, porque con los actuales medios de comunicación no es posible seguir ocultando las cosas como se hacía antes; y la irritación colectiva que causa la pobreza cuando a la vista tiene el exceso de otros, lleva a la impotencia y la frustración; vías fáciles a la violencia y a hacerse justicia por propia mano.

Pero nada de eso parece preocupar demasiado a los políticos; si lo fuera, no gastarían dinerales; como sucede en el carísimo IFE que por cierto, tuvo que restringir este miércoles la entrega del padrón electoral a sus funcionarios y a los partidos políticos para evitar que lo sigan vendiendo; ¿qué les parece?

Triste que en México el rumbo de las vidas personales casi nunca pueda ser decidido por las propias decisiones, porque se ven obstruidas por la ambición y corrupción de los de arriba.

Que siguen sin darse cuenta, que es precisamente arriba donde se inicia la putrefacción; ya lo dice el refrán ruso, la descomposición del pescado empieza por la cabeza.

Pero mientras acaban de podrirse, ¿deben continuar viviendo a costas del país y su desarrollo?

No… todo tiene un límite y urge poner fin a esos salarios y prestaciones de jeques, antes de que la irritación se vuelva estallido como pasa cuando el desarrollo y el dinero no son distribuidos parejo ni a todos.

Ejemplos de despilfarro de recursos públicos hay todos los días; basta ver las hojas y hojas de publicidad que pagó esta semana el gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú; o las que tienen permanentemente, en algunas páginas web los gobernadores de Manuel Velasco de Chiapas y Javier Duarte de Veracruz.

¿De qué les sirve a los ciudadanos de Tamaulipas, Veracruz y Chiapas semejante derroche y despliegue de dinero y tontería?

¿Serán por eso menores las colas para que los atiendan en los hospitales?

¿Mejores las escuelas marginadas donde tienen a sus hijos?

¿Más satisfactorios sus trabajos extenuantes y mal pagados?

¿Los hace más felices y satisfechos?

¿Añade calidad a sus alimentos?

Por supuesto que no, únicamente beneficia a los egos de los gobernadores; y constituye un desperdicio, porque sólo son vistas por asesores y familiares.

El resto no tiene ni tiempo, ni dinero, ni humor para hacerlo.

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