No se puede abandonar la construcción del Estado de Derecho

Por Mauricio Alarcón (*)

A pesar de que la guerra civil no produjo la revolución intentada y los posteriores gobiernos a la negociación no han resuelto la injusticia que la provocó, El Salvador vive su mejor momento político y no debe perder rumbo por falta de visión. El país tiene ahora un estado de derecho en erección, una población más consciente, la hegemonía del grupo oligárquicoesta fracturada y una dinámicapolítica favorable a la búsqueda de la justicia y la superación de la corrupción, saqueo y violencia que sacude la nación.

Los otrora militantes y activistas no debenrenunciar su perspectivarevolucionaria por los ordinarios excesos de los nuevos funcionarios públicos. Las instituciones y recursos del estado, el movimiento social reivindicativo, la conciencia de nación, son bienes más trascendentales que cualquier oportunista. El Salvador no puede darse el lujo de quedarse estático, ni de volver atrás –los que entienden el abismo y la pobreza a que lleva la oligarquía perpetua en un estado, tienen la responsabilidad de orientar a los confundidos. Las próximas elecciones requieren de un voto de compromiso para el futuro, que vaya más allá del simple triunfalismo que se hace en las campañas tradicionales y de la deriva que plantea el cinismo de los que recienten la corrupción de algunos de sus ex compañeros de lucha.

El cambio del paradigma en la edificación del estado salvadoreño no es obra exclusiva de la presidencia de Mauricio Funes, ni de la victoria electoral del FMLN en marzo del 2009. Es más bien producto de la voluntad del pueblo, que se atrevió a salir del marco de la guerra fría y movió el tablero del juego político, que ahora coloca a sus mayores actores sociales, institucionales y partidarios en una dinámicade fortalecimiento del estado, que potencia la búsqueda de la justicia social con más efectividad, que la opción de continuar con la privatización total de los bienes del estado, implementada por [el partido] ARENA.

El pueblo propició el cambio, porque no solo se limitó a votar por un partido y esperar soluciones desde arriba, sino que lo acompañó con una constante, intensa y extensa lucha en las calles, en los centros de trabajo, universidades, hospitales e instituciones administrativas del estado.  Ha sido esta lucha la que ha inspirado y entusiasmado a funcionarios profesionales en el sistema judicial que han decidido ejercer su función como servidores públicos. Porque la metamorfosis de El Salvador no se limita a la construcción de carreteras, bulevares, ciudades-mujer y ese tipo de proyectos que implementó el gobierno de Mauricio Funes, se trata de la transformación de la actitud de la sociedad y sus instituciones. Se han invertido muchas cosas en el país.

Los beneficios del incipiente estado de derecho que se erige en El Salvador pueden pasar desapercibidos, si la población y sus instituciones olvidan su devenir histórico y se aíslan de lo que pasa en el mundo. El proceso electoral, la libertad de prensa, la organización laboral y movilización social, son algunas reivindicaciones que le han costado sangre al pueblo salvadoreño. Las oligarquías en los estados de facto, como nuestro vecino Honduras, desaparecen y asesinan periodistas en plena luz del día y exilian en calzoncillo a un presidente electo sin que nadie se los impida. Los niveles de participación en el proceso político de El Salvador no permitirían la expulsión de un premio Nobel de la Paz que intenta legitimar sus elecciones. El Salvador ya superó esos estados de barbarie, y ahora se instituye y proyecta hacia un futuro normado, gracias al esfuerzo de cientos de miles que han luchado por años construyendo una nación desde las calles, y acelera su depuración.

Durante estos cinco años, El Salvador ha visto a un partido ARENA desmoronarse ante la falta de los fondos públicos con los que siempre financió su funcionamiento. La población también ha presenciado como la prensa que por más de un siglo ha sido cómplice de la lujuria y saqueo de los gobiernos de turno, empieza a jugar un papel convenientemente crítico, al sentirse huérfana del oficialismo, segura de que no será reprimida y desafiada por el periodismo moderno que se consolida en el país. En su intento por desprestigiar al partido en el poder, la prensa tradicional se ve forzada a sacar a luz pública la corrupción de los gobernantes anteriores.

Ha sido importante presenciar como sectores oprimidos que siempre fueron ápices del gobierno, como los empleados del MAG, Ministerio del Interior, Dirección de Migración y otros empleados públicos, han salido de su postración y se han incorporado a la lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo dignas. Desde los más humildes vecinos que luchan por evitar basureros en sus comunidades en Cutumay Camones, y los vendedores ambulantes de San Salvador, hasta los médicos y policías han adoptado la lucha reivindicativa como medio de superación propia y no como un acto subversivo como lo consideraban antes. Aunque ante la acostumbrada organización de las últimas décadas del siglo pasado, la lucha de estos sectores parezca desorganizada, es parte de una concatenación de fenómenos que ejercen presión en el estado, las empresas y demás instituciones que han gozado privilegios por muchos años, y a fuerza de juego transforma El Salvador.

Por otro lado, es claro que el FMLN como partido en el poder, ha dejado a un lado la retórica contestataria anti-empresarial y anti-estadounidense, y promueve una iniciativa empresarial publica-privada y apoya relaciones de cooperación con el gobierno de Estados Unidos. Además de los programas tradicionales de servicios sociales en las áreas de salud y educación, el FMLN se ha abocado a buscar soluciones a los problemas de pequeños, medianos y hasta grandes agricultores, identificando el agro como un área estratégica para el desarrollo del país. El papel que ha jugado el frente en el protagonismo de ALBA Petróleos de El Salvador es parte de una nueva visión de partido que debe ser monitoreada por el pueblo en sus beneficios y desafíos.

Al igual que ARENA, han sido sus propias bases y la nueva realidad que presenta el país las que han presionado al FMLN a modernizarse. Aunque contrario al desmoronamiento interior de ARENA con cada escisión, el FMLN parece fortalecerse de las críticas y sugerencias de sus bases. Por supuesto que ambos no tienen democracia directa al interior de su membresía, pero sus bases les han cuestionado candidaturas y representatividad efectivamente. Es cosa de tiempo el que todos los partidos políticos dejen de ser negocio de unos pocos y adopten elecciones primarias a su interior, para modernizar verdaderamente el sistema electoral. Si bien los cambios parecen menos que el garbo de sus artífices en la prensa amarillista, son un andamio básico para atender el grito de un pueblo que clama justicia.

Nunca antes en la historia del continente, había sido más importante el fortalecimiento del estado, sus leyes e instituciones. La globalización arrasa a pasos agigantados con las naciones y ciudadanos, convirtiendo los países en mercados y los individuos en meros consumidores e inconscientes inversionistas que apuestan el sudor de todas sus vidas en manos de los tahúres de las bolsas de valores del mundo. Los países que se proyectan como receptores de inversión extranjera, deben estar preparados para regularla. Caso contrario, las corporaciones internacionales saquearan sus recursos, irrespetaran leyes laborales, financieras y medioambientales, creando problemas sociales que el estado tendrá que enfrentar después.

Hasta 1984, la Republica de El Salvador había funcionado bajo un presidencialismo caudillista por más de un siglo. Fue al calor de las recomposiciones contrainsurgentes que empiezan a funcionar dos de los tres órganos del estado. A pesar de la alcahuetería de la Asamblea Legislativa, ésta, en algunos momentos difirió o por lo menos atrasó momentáneamente,como en el caso de ANTEL, la privatización de algunos recursos del estado, que tanta pobreza y corrupción le traen al país.

A partir del 2009, la elección de un cuarteto de magistrados a la Sala de lo Constitucional, genera una inusitada aceleración en el procesamiento de demandas archivadas en los anaqueles del olvido y empieza a emitir sentencias que resucitan el rol de una Corte Suprema de Justicia que siempre estuvo postrada. Aunque ante el ojo civil ordinario sus decisiones han causado caos e impases, sus sentenciasdepuran el proceso electoral, fiscalizan los decretos legislativos y lasdisposiciones u ordenanzas del ejecutivo, trayéndolos a derecho. A pesar de los empellones que ha llevado el accionar de dicha sala al moverse entre el torbellino partidario que funciona los 365 días del año en El Salvador, ha logrado restablecer o por lo menos plantear de hecho, el sistema de frenos y contrapesos sobre el cual se supone que debe funcionar toda república moderna.

Consistentemente con esta nueva actitud, la Corte de Cuentas de El Salvador y la Fiscalía General de la República, se suman a las declaratorias de transparencia hechas por el presidente Funes, y manifiestan su disposición a darle curso a una serie de casos de corrupción llevados a su atención que han estado engavetados por muchos años. El mismo presidente de la república, hace del conocimiento público documentos que le ha enviado el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, informándole de casos de lavado de dinero que podrían involucrar hasta al ex presidente Francisco Flores. Esto solo confirma que la dinámica emprendida como resultado del cambio en el paradigma político representativo en El salvador se extiende a más sectores en el estado.

El destierro y martirio a que han sometido los gobernantesde ARENA al pueblo salvadoreño los últimos 20 años es tan cruel como las masacres de Maximiliano Hernández Martínez [en los años 30] y posteriores regímenes militares, si consideramos que entre matar a alguien u obligarlo al suicidio, el resultado es el mismo: genocidio, inmediato o paulatino. La actual estructura social de El Salvador solo presenta a sus hijos dos alternativas: huir y abandonar su familia o, matarse entre hermanos antes de cumplir veinte años.

Un país con un policía, dos abogados, tres maestros, dos convictos, tres en juicio y cinco prófugos por km2 no es seguro para ningún niño. Un país controlado por una veintena de empresarios que se han hecho multimillonarios en menos de una década con los réditos de privatizaciones y la desregulación de sus ganancias, mientras El Salvador invierte un promedio de $400 por estudiante al año no es ningún futuro prometedor para la niñez. El Salvador necesita darse la oportunidad de seguir edificando un estado que le de esperanza y no volver a la dinámica que por veinte años lo ha llevado al fratricidio.

La amenaza que la pobreza tiene sobre la niñez de El Salvador no deja espacio para la neutralidad. La ciudadanía debe ejercerse antes, durante y después de las elecciones. El ciudadano debe exigir que los candidatos expliquen sus propuestas de país y examinar su realismo. Es un deber cívico salir y llevar a los confusos a las urnas con explicaciones y continuar la lucha después de las elecciones, para que los nuevos dirigentes del país no se olviden de sus promesas.

La pobreza que provocó la guerra civil en El Salvador no se ha superado y sigue causando estragos en las entrañas de la sociedad. Tanto los pobres desesperanzados como la clase media, sufren la violencia generada por la pobreza. Los únicos que están seguros en El Salvador son los multimillonarios que pueden pagar seguridad privada para moverse las 24 horas del día. Los demás son vulnerables a la violencia independientemente que seamos indiferentes al rumbo que lleva el país. Lo poco que han cambiado las cosas en materia económica no constituye ningún cambio revolucionario. La revolución no es un acto voluntario que se pueda imponer por un resultado electoral, por una guerra civil o una negociación. Las revoluciones se son procesos consientes de la ciudadanía de muchas generaciones de un país que toma conciencia y emprende una senda de cambios estructurales en la forma de sustentarse, sostenerse y proyectarse hacia un futuro que le resuelva de una vez por todas la pobreza y miseria social. Lo hasta ahora propuesto por la izquierda y derecha tampoco es una revolución. Sin embargo, el fortalecimiento del estado de derecho que ha tomado lugar en los últimos años en el país es un progreso significativo en la búsqueda de la justicia social que hay que custodiar. Volver al pasado solo favorece a los que se lucran con el sangramiento de los países que optan la vía de la violencia para resolver sus problemas.

(*) Colaborador de ContraPunto

Mauricio Alarcón es residente de la región metropolitana de Washington.

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