¿Es usted capaz de comprender lo que aconteció en Belén?

 Por Maite Valderrama

Es habitual y casi inevitable trasladar la Navidad a un tiempo pasado al tratarse de un acontecimiento que sucedió hace 2000 años, pero la Navidad tiene lugar a cada instante y en la actualidad más que nunca. Actualmente el abismo entre ricos y pobres es cada vez más grande, los ricos acumulan y muchos están sentados sobre sus lingotes de oro. De forma parecida sucedió en aquel tiempo, pero para nosotros hoy es posible tener más corazón por nuestros semejantes y evitar así que ante el sentimentalismo navideño, perdamos la visión clara y acertada de las cosas.

Es posible que no muchas personas defiendan que la Navidad, tal como se nos presenta en la actualidad, es lo que hubiera deseado realmente Jesús de Nazaret, al fin y al cabo es el nombre de Jesús el que se utiliza como reclamo. Sinceramente, hace mucho que dejó de celebrarse la Navidad segun el sentido interno de un acontecimiento grandioso, sí es que alguna vez fue así. Pero qué diría hoy Jesús de Nazaret de tantas luces y trajines navideños, de tanta tradición y tanto paganismo. ¿Cómo se comportaría El y qué nos aconsejaría? ¿Se ha parado usted alguna vez a pensarlo?

A pesar de la ridiculización de la fiesta navideña tan mundana, la fuerza de irradiación de Cristo brilla en cada corazón de buena voluntad. Su luz sagrada alcanza a muchas personas en todo el mundo, y por eso muchos comprenden cada vez más en su corazón y se alejan del barullo de los villancicos, compras y comilonas para poder decir: “Nosotros podemos rezar y comprender lo que aconteció en Belén y saber que María y José fueron y son un símbolo para la humanidad, tambien en la actualidad”.

Si estamos dispuestos a pensar una y otra vez en Belén, nuestros días se volverán más soleados y nuestro corazón se conmoverá. Esto no significa que nos volvamos sentimentales, si no que nos volvamos más reflexivos, así nuestra visión será más clara, lo que da valor para no aceptar sin más todo lo que nos presentan las instituciones llamadas iglesias. Y no olvidemos reflexionar sobre nuestra vida; como si celebrásemos Navidad los doce mese del año, recordando una y otra vez que el Niño del pesebre se convirtió en adulto, que Cristo resucitó y que nuestro Redentor nos trajo una enseñanza. Jesús, el Cristo, llama una y otra vez a la puerta de nuestro corazón y nos dice según el sentido: “Yo, Jesús, el Resucitado, traje a los hombres la enseñanza de los Cielos. Fui crucificado y resucité y regalé a todas las almas y hombres el destello de la libertad, de la resurrección, una luz en el camino hacia el hogar del Padre. Mi vida como Jesús fue y es el amor del Padre eterno por Sus hijos, pues Yo Soy el camino, la verdad y la vida”.

Cristo llama por tanto una y otra vez a la puerta del corazón, a la puerta de nuestro corazón. No importa dónde nos encontremos, en una habitación acogedora, tal vez junto a una chimenea que nos da calor, tal vez estemos de vacaciones, Él llama una y otra vez al corazón de cada uno. Y nos pregunta: ¿Me dejas entrar? ¿Me ofreces albergue en tu corazón, practicando lo que te enseñé siendo Jesús de Nazaret, es decir, las legitimidades del amor, del Cielo y la luz redentora, para que conmigo vayas al Padre? Yo Estoy muy cerca de ti. ¿Quieres abrirme tu corazón? Así busca albergue el Hijo de Dios; El busca albergue en nosotros.

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