Navidades

Por Teresa Gurza.

Algunos diarios han publicado fotografías chistosísimas de infantes berreando de miedo, porque los tiene cargados Santa Clós.

Y un cable informa que en comercios de Londres, fueron instalados santacloses con dizque detectores de mentiras para obligar a los niños, a contarle la verdad sobre su comportamiento en el año.

¡¡¡Pobres niños. Todo lo que se hace en su nombre!!!

Fuera de la linda y enorme reunión que el día de los Santos Inocentes hacía la parte Gurza de mi familia, para rifar los “santos patrones” que a cada quien cuidarían durante el año, de chica me daban mucho susto estas fechas.

Que iniciaban cuando semanas antes de Navidad, el Niño Dios llegaba al jardín de mi casa a recoger nuestras cartas entre brillantes estrellas y rayos de luz, nubes de hielo seco y globos de gas.

Y en Nochebuena los juguetes pedidos aparecían en medio de un apagón, olores santos, resplandores celestiales y frases paternas como “yaaaa hueeele a Niño Dios… ¿lo vieron? ¡¡salgan; y a lo mejor lo alcanzan!!”…

Creo que nunca he caminado tan despacio, para evitar encontrármelo; sobre todo, el año en que precisamente la mañana del 24 se murió de meningitis y en pocas horas un hermanito.

Pero eso era nada, comparado con el día de Reyes…

La cosa empezaba con los primos reunidos en casa de una tía soltera y muy buena persona, que ponía un Nacimiento espeluznante que ocupaba varios cuartos y estaba hecho con figuras de cera palidísimas y ropas suntuosas que los mayores admiraban conmovidos, mientras los niños tratábamos de no acercarnos a la zona del Rey Herodes y sus soldados, que con espadas gigantes degollaban bebés ensangrentados.

Luego jugábamos lotería, divertida y con premios; pero que a cada rato se interrumpía con murmullos “no tardan, ya están cerca, ya se oyen los cascos, veremos a quien le traen un ladrillo por mal portado y a quien dulces”.

Así seguíamos, hasta que se oía “Reyes Santos, Santos Reyes háganos buenos, háganos santos…”  y llegaban en cuerpo y alma los tres reyes y sus respectivas cabalgaduras, que los papás alquilaban en algún circo.

Y uno de los tíos Orvañanos les iba echando incienso, mientras lentamente se paraban frente a cada niño… un espanto… que terminaba con los adultos emocionados y nosotros lívidos y con ganas de hacer pipí y salir huyendo.

No entiendo cómo teniendo esa vivencia de años, mis hermanas siguen repitiendo el numerito para sus nietos.

Claro que hay muchísimo peores experiencias navideñas que las mías; sobre todo cuando son ocasionadas por el consumo excesivo de alcohol común en estas fechas.

Según la Organización Mundial de la Salud, México tiene el índice más alto de alcoholismo, con la consecuente dosis de accidentes, discapacidades, lesiones y violencia familiar.

Y como la impunidad perpetúa el círculo, actualmente la mitad de las mexicanas ha sufrido algún tipo de vejación.

Ejemplo de esta estadística, es María Virginia Ortiz Monroy; quien estaba rellenando bolsitas de aguinaldos para el DIF municipal cuando llegó borracho su esposo el señor alcalde, y a golpes le fracturó la mandíbula.

Y a lo largo del año supimos de otros políticos que no se midieron en golpizas y declaraciones.

Ahí están los legisladores cafres, que agarraron a patadas equipo y mobiliario en “protesta” por la reforma energética; y a quienes debe obligarse a pagar lo destruido.

Negativo sería por el contrario, castigar a los pobres tipos que robaron el material radiactivo o trataron de venderlo como chatarra; porque ahí, la responsabilidad es de autoridades que permitieron recorriera kilómetros y kilómetros, sin precauciones.

Y entre los que no miden palabras, destaca el panista senador Cordero que quiere que en lugar de criticar a los políticos pensemos en su generosidad y sacrificio al trabajar por el país.

Tanto se sacrifican por nosotros los Magistrados del Tribunal de lo Contencioso Administrativo del DF, que para compensarse se acaban de dar un “estímulo anual” de 496 mil 480 pesos para cada uno.

Y por lo mismo, los diputados federales se embolsaron 450 mil pesos esta semana de exagerados aguinaldos para muy pocos y frustración y amargura para 50 millones de compatriotas.

Estoy rogando porque el año entrante hallemos la manera de evitar  abusos, para dedicar esos y otros recursos a reducir la pobreza; que según el Banco de México -luego de dos sexenios de los buscadores del bien común- es más alta que hace 20 años.

Y pido también con fervor que no haya políticos encuerados; porque aunque por suerte el diputado perredista michoacano quedó en bikini, otro puede ser más audaz y no quiero ni imaginar cómo estará lo oculto, si estaba como estaba lo mostrado.

 

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