Para rarezas, las nuestras.

Por Teresa Gurza.

Que cosas tan raras pasan en México.

Hace unos 30 años, Fox era un empleado de nivel mediano y salario regular en CocaCola.

Y menos de 20, que era tan pobre que sus empresas entraron al Fobaproa; y tan abusón, que alquilaba mano de obra infantil para sus campos;  y “la señora Martha”, era dependienta en una modesta farmacia veterinaria en Celaya.

Pero entró a la política, perdiendo una vez la gubernatura de Guanajuato y su suerte cambió.

Tiene un rancho que remodeló con dinero fiscal para que el presidente Bush pudiera “dignamente” se explicó entonces, saludar a su madre.

Tras ser presidente, él tan inteligente y culto, instaló ahí un centro de estudios que da cursos sobre todo a priístas.

Declara lo que se le ocurre y los medios se hacen eco; alaba con frecuencia a las tepocatas y víboras prietas que llamaba a aplastar; planea sembrar mariguana y en lugar de estar encarcelado por enriquecimiento explicable, viaja casi casi a nombre de México.

“Estoy de activista promocionando intensamente la legalización de la marihuana en Estados Unidos” dijo hablador como es, al anunciar que en febrero irá a California con ese propósito; y después a Canadá, Europa y Medio Oriente, “a checar amarres y captar interesados, para un fondo de 500 millones de dólares que estoy fondeando para empresas del sector petrolero”.

Cierto que recibe de todos nosotros una pensión millonaria e inmerecida; pero me parece raro, porque que no es para tanto gasto.

Raro que un gobernador se preocupe en “rescatar la fe de los niños para que sigan creyendo en los Reyes Magos” como dijo su coterráneo, Miguel Márquez gobernador de Guanajuato, al entregar un balón a un niño sin piernas que en silla de ruedas acudió a la entrega de regalos.

Rareza rarísima si se me permite la expresión, lo que pasa con el doctor José Manuel Mireles accidentado líder de los grupos armados que se multiplican en la Tierra Caliente michoacana y que al principio tantas simpatías concitó; y a quien las autoridades cuidan como si fuera de ellas.

Ha existido en Michoacán desde hace décadas un territorio intocado por las leyes y donde reina la impunidad con permiso oficial, como es la Nueva Jerusalén. ¿Se tolerarán otros más ahora con motivos diferentes a los “religiosos” que para cometer los delitos, aducen los jerarcas de esa “ermita”?.

Raras esas inmunes quemas de vehículos, en lo que algunos llaman protestas.

Rarísimo en esta país de rarezas, que se hayan destinado dinerales durante décadas a reducir la pobreza sin lograrlo; en tanto que otros países lo han hecho sin tanta lana ni bla bla.

Y que mientras los gobiernos no han podido bajar los índices de criminalidad en Guerrero, las autodefensas integradas por particulares sin experiencia lo hayan conseguido en el año que llevan funcionando en 21 municipios.

Más que raro, que aguantemos el cinismo de la publicidad de la Cámara de Diputados con niños dando las gracias por las míseras pensiones a sus abuelitos; ¿no se darán cuenta los señores legisladores, del abismo entre sus dietas mensuales de cientos de miles y los menos de mil pesos bimestrales para algunos de la tercera edad? ¿y de que los señores magistrados del DF reciben además de salarios y prestaciones, cinco mil pesos para “ayuda alimentaria”?

¿Y qué me dice de la rareza de utilizar niños en simulacros oficiales de asaltos?

¿Y de que día a día crezca el desabasto en el IMSS y la demora en cirugías programadas,  pero exista inmenso desperdicio y cuando va uno a consulta sale con bolsas de medicamentos inútiles y tiene que hacerse de nuevo análisis porque con el retraso, los anteriores no sirvieron?

¿Y de esa nueva restricción para rastrear los celulares de todos, aunque no seamos delincuentes?.

¿Y de la nueva inquisición en que se ha convertido el SAT, y sus equivocaciones con algunos de los colocados en sus listas?

¿Y de ese despilfarro de dineros públicos y privados en esquelas de difuntos que compiten en ubicación y tamaño y son únicas en el mundo?

¡No hay duda que para rarezas, las nuestras!

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