La música que liberó a Argentina

Mercedes Sosa, la máxima voz del canto a la libertad en Argentina. Foto: Getty/BBC Mundo.

Mercedes Sosa, la máxima voz del canto a la libertad en Argentina. Foto: Getty/BBC Mundo.

Por Natalio Cosoy

“La música no se puede tocar – sólo existe en el momento en que es aprehendida – y sin embargo puede alterar profundamente cómo vemos el mundo y nuestro propio mundo. La música puede hacernos transitar momentos difíciles de nuestras vidas, al hacer que cambie la forma en que nos vemos a nosotros mismos y todo lo que nos rodea. Es algo muy poderoso”, dice David Byrne en su extenso libro “How music works” (“Cómo funciona la música”).

La música que se compuso, interpretó y difundió en Argentina entre los 70 y los primeros años de la década del 2000, da cuenta de cómo la creación artística es capaz de acompañar procesos culturales, a veces bebiendo de ellos, otras alimentando las voluntades de los seres que los protagonizan.

Esas décadas pisan una línea histórica que va desde los prolegómenos del golpe del 24 de marzo de 1976 (del que este lunes se cumplen 38 años), hasta el cuestionamiento de las promesas democráticas en los 90, pasando por los años de régimen militar y la transición a un gobierno electo en diciembre de 1983, presidido por Raúl Alfonsín.

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Van del rock contestatario de Pedro y Pablo, que sin tapujos cantaba una lista de demandas y disgustos, a la poesía metafórica de Charly García y de regreso a la ira, la bronca, con Bersuit Vergarabat y tantos otros en los 90.

Una escena de un concierto de 2013 en conmemoración por los 30 años del retorno a la democracia en Argentina. Foto: BBC.

Una escena de un concierto de 2013 en conmemoración por los 30 años del retorno a la democracia en Argentina. Foto: BBC.

Entre ellos, con ellos, con sus puntos de contacto y diferencias, Víctor Heredia, Mercedes Sosa, María Elena Walsh, Teresa Parodi, Sumo, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Violadores, Divididos, Soda Stereo, León Gieco, los Fabulosos Cadillacs, y más.

Para quienes nacimos en 1976 y crecimos en ese período de transición, estos nombres y sobre todo su música, fueron una ayuda para entender lo que iba sucediendo, para ponerle nombre a las cosas que ocurrían a nuestro alrededor.

De esa casi inagotable lista de melodías, de sonidos y artistas hago aquí recorrido muy personal, de unas pocos, que para mí fueron clave en organizar el discurso y el sentir de la época. Es una lista de “canciones de libertad”, porque todas de algún modo remiten a ese estado o a la lucha por alcanzarlo.

Es, cierto, breve e incompleta. Quien lea estas líneas seguro piensa en posibles listas diferentes, en las canciones que faltan. Por eso, al final de esta nota, está abierta la invitación a contar cuáles son las “canciones de libertad” que habría que agregar.

Además de las canciones hay artistas y otras personas con quienes tuve la oportunidad de conversar en un viaje a Buenos Aires en diciembre. Algunos son compositores de las canciones de la lista, otros son artistas que fueron influidos o influyeron en los diferentes períodos.

Para ir directamente a cada audio de entrevista o fragmento de canción, haga clic en los vínculos:

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Teresa Parodi: “Todo lo que tengo es la canción”

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“Los Dinosaurios”

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La historia de Gastón y Manuel Gonçalves y “Sin Cadenas”

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“Todavía Cantamos”

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Víctor Heredia: la fuerza de la composición

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Miguel Cantilo y la “Marcha de la Bronca”

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Sumo: “Que me Pisen”

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Gustavo Cordera y “Se Viene”

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“Como la Cigarra”

Comenzamos con Teresa Parodi, quien cuenta cómo la afectó la persecución tras el golpe de 1976 (su camino fue el exilio interno, desde la provincia de Corrientes a la ciudad de Buenos Aires, donde no era conocida) y toca algunos puntos esenciales del rol social de la música.

Esta versión editada de la conversación que tuvimos en su departamento del centro de Buenos Aires abre con un fragmento de la que es posiblemente su más conocida composición, Pedro Canoero (que -confieso- cantó por mi insistencia), y cierra con un tema inédito -compuesto el día anterior a la entrevista-, que precisamente habla de la relación entre el artista y su música: “Todo lo que tengo”.

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Parodi habla en la entrevista de la sensibilidad del artista para poner en palabras y melodía lo que está ocurriendo. En “Los Dinosaurios”, de 1983, Charly García dice:

Los amigos del barrio pueden desaparecer,
los cantores de radio pueden desaparecer,
los que están en los diarios pueden desaparecer,
la persona que amas puede desaparecer.

Para agregar, finalmente: “Pero los dinosaurios van a desaparecer”. Recuerdo de pequeño cuando me explicaron que los dinosaurios de la canción representaban a los generales del régimen militar, responsable de la muerte y desaparición de 30.000 personas, según organismos de derechos humanos.

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Recuerdo cómo esas frases me ayudaron a entender y, sobre todo, a sentir.

Charly García contó en su momento que la letra tenía otro origen, como lo cita Mara Favoretto en su libro “Charly en el país de las alegorías” (a su vez tomado de “Charly García”, de Daniel Chirom): “Al principio no lo hice con la onda política sino con la onda de que no hay que atarse a nada, porque cuando te apegás a las cosas, cuando más tenés, sentís más la falta de algo”.

García dice “al principio”, como admisión de que el sentido de las canciones cambia con su escucha. Se las apropia el público y cuando eso sucedió con ese tema, dice Favoretto, Los Dinosaurios “se convirtió en una de las alegorías esópicas y políticas más exitosas de la época porque el público la interpretó de inmediato”.

Este es un fragmento de la canción:

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Algo parecido ocurrió con “Sin Cadenas”, de Los Pericos, banda de reggae rock generalmente más asociada con canciones ligeras. Algunos de sus temas, como el “Ritual de la banana”, eran clásicos de fiestas o bailes de fines de los 80 y principios de los 90.

Pero “Sin Cadenas”, que en origen cuenta la historia de un boxeador, formó parte de la banda musical del documental “Botín de Guerra”, de David Blaustein, en el que se relata el trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo, la organización de mujeres que buscan a sus nietos, nacidos de madres que fueron detenidas, desaparecidas, muertas durante el régimen militar y entregados a familias en adopción.

Desde entonces, “Sin Cadenas” se volvió un himno de la Madres de Plaza de Mayo, quienes lo usaron en actos y en material de difusión. Y el significado de su letra cambió.

La entrevista con los hermanos Gonçalves tuvo lugar en este lugar, donde funcionó uno de los principales centros de detención y tortura del régimen militar.

Una de sus estrofas dice así:

Nada escapa, nada muere,
nadie olvida, eso lo sé.
Nada escapa, nada muere
Nadie olvida, eso lo sé

El bajista de Los Pericos es Gastón Gonçalves. En los 90 lo iba a ver a los conciertos, como miles -como yo-, un chico que entonces se llamaba Claudio Novoa.

En 1995 Claudio supo que no se llamaba Claudio, sino Manuel, Manuel Gonçalves y era medio hermano de Gastón, de mismo padre. Manuel fue hallado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

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Esta entrevista fue grabada en lo que era la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), un complejo de las fuerzas armadas que funcionó como centro de detención del régimen militar, por el que se calcula pasaron unas 5.000 personas y del que muy pocos salieron con vida.

Allí, Gastón (a la izquierda en la foto) y Manuel cuentan su historia, hablan de su primer encuentro, de Los Pericos y de “Sin Cadenas” (de la que se incluye un fragmento).

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El final de la entrevista fue muy significativo. Mientras conversábamos, se acercó a Gastón una persona que trabaja en la ex ESMA para darle esos documentos que nunca había visto, que recién habían encontrado (ahora en la ESMA funcionan varios organismos de derechos humanos, y Manuel está a cargo de una de esas oficinas).

Manuel Gonçalves en el momento en que recibió nuevos documentos sobre la historia de su madre.

Eran documentos que hablaban de su madre, de su historia.

Y ese es un ejemplo que da cuenta de cuán viva está toda esta historia en Argentina: siempre aparece un nuevo trozo de ese pasado, para contarnos cosas nuevas.

Lo sabe Víctor Heredia, quien en noviembre de 2013 tuvo confirmación, como otros músicos y artistas, que durante el régimen militar estaba en una lista negra, censurado. Su nombre estaba en una serie de documentos que se descubrieron entonces en un edificio castrense.

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Heredia también es alguien que tiene clara conciencia de la importancia de no dejarse acallar, ni de bajar los brazos.

Una de sus composiciones, “Todavía Cantamos”, habla de eso. Esta es la canción.

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Una de las cosas que le pregunté al entrevistarlo fue cómo nació esta canción.

Esta es una versión resumida de la conversación, que tuvimos justo antes de un concierto que dio frente a la estación de tren de Paso del Rey, en el conurbano de Buenos Aires, donde pasó su niñez, en la que responde a esa pregunta y también habla de la fuerza de la composición y del rol de la música en la sociedad.

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Heredia dice que cuando el público celebra una canción “lo que la gente aplaude es la coincidencia”.

Eso es lo que comprobó Miguel Cantilo cuando su dúo Pedro y Pablo estrenó la “Marcha de la Bronca” a comienzos de los 70.

En esta entrevista, Cantilo me contó que la inspiración para componerla vino de mano de Bob Dylan, pero la necesidad vino del momento que él vivía entonces. También habla de cómo reaccionó la gente al escucharla por primera vez y cómo fue su vida en años de régimen militar (la edición de la entrevista incluye un fragmento de la “Marcha de la Bronca”).

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La ira con la que cantaba Cantilo reapareció en un rol central en la década del 90.

El gobierno de Alfonsín había abierto en diciembre de 1983 un período de primavera democrática.

Sumo y la irreverencia

Una banda que no se puede dejar de nombrar en este contexto es Sumo.

El grupo le dio un enorme sentido a la idea de libertad, como prueba, como ejemplo, la canción “Que me pisen”

”Esta canción de 1986”, dice el historiador de la música Esteban Buch en su libro Oíd Mortales, “recoge sin duda una vivencia colectiva, la de una generación que, formada bajo el gobierno militar, aparece en escena luego de Malvinas haciendo del ‘rock nacional’ su principal rasgo idiosincrático”.

”Que me pisen”, agrega Buch, “con su tono burlón y su ritmo bailable, relaciona el patriotismo escolar con la muerte (la letra dice ‘yo quiero a mí bandera’ y luego ‘que me pisen, que me pisen, que me pisen’). Pocas críticas al sistema educativo lograrán semejante densidad”.

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“Diciembre ya no sería un mes de consignas resignadas, ni de piñatas monstruosas, ni de clamores en el desierto”, dice el historiador Sergio Pujol en su libro “Rock y Dictadura”.

“Las noches habían vuelto a ser hospitalarias, luminosas”. Y recuerda: “En las últimas semanas del año, se mezcló la fiesta del rock con el fervor cívico recuperado”.

Pero hacia el final del gobierno de Alfonsín, en 1989, Argentina se vio envuelta en una profunda crisis económica hiperinflacionaria.

Lo siguió un gobierno peronista, pero de corte neoliberal, encabezado por Carlos Menem. Muchos vieron con desdén sus políticas de indulto a militares acusados de crímenes de lesa humanidad, y de ajuste y privatización de servicios públicos en lo económico.

Entre ellos, Gustavo Cordera, excantante de Bersuit Vergarabat (hoy líder del grupo La Caravana Mágica), a quien entrevisté en su casa de Buenos Aires.

Cordera me habló, entre otras cosas, de una canción de Bersuit Vergarabat que incluyo en esta lista porque resume esa desazón de los 90: “Se viene”. No solo da cuenta del malestar social de la época, sino que en su letra puede adivinarse un elemento premonitorio:

Se viene el estallido,
se viene el estallido,
de mi guitarra,
de tu gobierno, también.

El tema es de fines de los 90. Pocos años después, en diciembre de 2001, el entonces presidente Fernando de la Rúa debió dejar en helicóptero la Casa Rosada, sede del Ejecutivo en Argentina. En dos semanas el país vio pasar cinco presidentes uno tras otro, hasta que la situación comenzó finalmente a normalizarse.

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Fue decididamente un estallido.

Ese es uno de los temas que aborda Cordera en esta versión resumida de la entrevista que me concedió, donde también cuenta cómo y cuándo comenzó a entender lo que ocurría durante el régimen militar y cómo Bersuit Vergarabat empezó a trabajar junto a Abuelas de Plaza de Mayo (incluye un fragmento de “Se viene”).

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Cordera menciona al final las emociones. Y de todas las canciones que repasé mientras armaba esta lista, hay una que me toca esa fibra, la del sentir, especialmente.

Dice:

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.

Es “Como la Cigarra”, de María Elena Walsh, quien la grabó por primera vez en 1973 y la compuso pensando en las vicisitudes de la vida del artista.

Pero, como con tantos otros de los temas de esta lista, fue reinterpretada por sus oyentes.

“La sola mención del verbo ‘desaparecer’ en medio de una canción que estaba levantando vuelo en el tramo final de la dictadura militar produjo un impacto considerable entre oyentes que, como los tísicos de otros tiempos, agudizaban el oído en busca de la verdad”, dice Sergio Pujol en su biografía de María Elena Walsh.

El historiador explica bellamente que “en esa búsqueda de toda palabra o gesto que pudieran ser interpretados a la luz de la transición democrática, ‘La Cigarra’ salió para siempre del frío invernal y desde entonces permaneció cantando entre los argentinos”.

Así la canta, eterna, Mercedes Sosa:

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Estas canciones y entrevistas también formaron parte de un documental en inglés, “Argentina’s Playlist of Freedom” (“Una lista argentina de canciones de libertad”), emitido por el BBC World Service en el marco de la temporada Freedom 2014, sobre el tema de la libertad.

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El programa puede escucharse aquí.

Fuente: BBC Mundo

 

 

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