Con pasión jarocha

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Por Alfonso Villalva P.

Francamente, no creo en la reparación del daño. Ese concepto tan alegórico que discurre con retórica barroca en nuestros textos legales desde hace tantos años y a la que dedican sesudas consideraciones grandes juristas en interminables textos monográficos. No puede haber posibilidad de compensar la muerte de tu padre, o de tu hijo adolecente, el embarazo de tu hermana cuando apenas está por terminar la primaria, o la obligación de migrar como consecuencia de la miseria, del abandono o del hostigamiento de un grupo criminal que disputa un territorio que incluye tu casa y tu escuela.

No. Hay cosas que simplemente no son el coche chocado, la ventana rota, el celular perdido o la mercancía sustraída de un depósito de cerveza. No. Hay cosas que no se pueden reparar. Sobre todo cuando el daño se multiplica y representa miles de muertos y desaparecidos. Fosas siniestras repletas de cráneos. Mujeres violadas, vejadas y denostadas. Maestros ejecutados y periodistas torturados. Miles de niños que ya no lo son y perdieron la oportunidad cuando se les escaparon seis años de las manos. Miles de familias mutiladas, fragmentadas. Cuando el tren de la vergüenza nacional mexicana –la Bestia- sigue transportando almas enloquecidas al averno. Cuando son negocios quebrados, empleos cancelados, deudas impagables, sueños rotos, nuestro Veracruz perdido.

Por eso, la discusión de la audaz y cínica arquitectura cronológica de la renuncia de Javier Duarte para abrir de nueva cuenta la discusión bizantina del fuero, la inenarrable lentitud de la Procuraduría General de la República para iniciar los procedimientos pertinentes, el presunto operativo de ocultamiento perpetrado por legisladores federales, la cadena interminable de más de cincuenta cómplices –auguro que en realidad son cientos más-, en fin, toda esa parafernalia justiciera con la que nos obsequia el sistema cada vez que se ve obligado a hacernos creer que indigna el abuso, la corrupción y la impunidad, terminan siendo irrelevantes en un entorno donde el resultado se sabe de antemano: nos vemos en el siguiente escándalo de mayores proporciones…

A estas alturas, qué más te puede importar a ti hacer cuentas de los faltantes en el erario si nadie hizo nada para evitar su sustracción. Qué más da que falten mil o diez mil millones, si el morbo de la cifra no los regresa a la inversión publica conforme a su destino original que hubiese contribuido con el desarrollo de las comunidades veracruzanas, con su salud, su educación, su paz. De que le sirve, una sentencia de diez o mil años de cárcel a Duarte y a sus cómplices, a la madre que sigue sin encontrar a su hijo para darle sepultura, al adolecente que tuvo que llegar a Dakota del Sur para ser vejado por compatriotas ensañados, por americanos explotadores; a la chava que fue obligada a prostituirse, al periodista que descuartizaron por perseguir la verdad ¿de qué les sirve?

Y no me lo tomes a mal, colega, que mis votos, y mis oraciones laicas, están enclavados en la andanada de mantras que les desean a ellos y a todos los demás que delinquen en perjuicio de la vida, la dignidad y la prosperidad de nuestros compatriotas, de nuestros hermanos de toda América Latina, mil años de flama viva al sur de sus existencias carnales en el infierno; pero la pregunta sigue en el aire, cuando seguimos produciendo shows televisivos para señalar con índice de fuego a quien comete los crímenes, pero solamente cuando ya están consumados, nunca para prevenir ese daño que ya después no podrá repararse. De qué tamaño será nuestro problema y el beneficio esperado que en nuestras narices, y con el escandalo de Duarte a ocho columnas, vemos que hay quien dedica siete años de su vida para ser gobernador solo dos… ¿Donde estarías hoy, Veracruz, si no fueses víctima de quienes te explotan impunemente?

Cuatro veces Heroica, fue declarada la Vera Cruz en 1948 por decreto del Presidente Miguel Alemán Valdez. Cuatro veces la acción colectiva local defendió su terruño con sacrificios y poniendo el pecho a las balas, trayendo como beneficio adicional la defensa de todo el territorio nacional, de conciudadanos de sitios remotos e inimaginables y hasta de los propios príncipes del poder que desde muy lejos, apostados en los palacios reales contemplaban, cobardemente guarecidos por las cortinas de seda, como se la rajaban los veracruzanos para impedir la capitulación primero ante españoles, luego franceses y finalmente estadounidenses (dos veces, la última hace poco más de cien años).

Cuatro veces heroica, oficialmente reconocida. Cuatro y quizá muchas más, como ahora, como este 2016 que presenta una oportunidad única de transfigurarte, tú, y yo y todos, en la nueva versión de Veracruz, en toda su extensión territorial y ferozmente sorprender al mundo liberándote del yugo impuesto por una oligarquía que transmuta en colores ideológicos y complicidades oscuras con factores reales de poder, que a nivel ayuntamiento, legislatura o gubernatura; púlpito o reunión gremial, te han explotado hasta topar con las mismas entrañas de tu dignidad ciudadana innegociable.

Xico por su mole, Naolinco por su chileatole o Papantla por su vainilla. El bosque de niebla o el café de altura. Los chipotles rellenos. Toda la cuenca del Papaloapan con sus robalos y camarones, el cangrejo azul, los frijoles negros. El fandango en Tlacotalpan, el puerto de altura, los cítricos de Martínez de la Torre, el enclave francés de Camarón o San Rafael. El Café de la Parroquia. Nautla y los hidrocarburos de Coatzacoalcos y Minatitlán. Cinco, seis veces heroica, si tú y yo lo decidimos, si hacemos nuevamente heroica a la Vera Cruz aquí y ahora, con un par y con pasión jarocha.

Twitter: @avillalva_
Facebook: Alfonso Villalva P.

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, actual Managing Editor de MetroLatinoUSA. Periodista que cubre eventos de las comunidades latinas en Washington D.C., Maryland y Virginia. Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia. Galardonado en numerosas ocasiones por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) y otras organizaciones comunitarias y deportivas de la región metropolitana de esta capital. También premiado en dos ocasiones como Mejor Periodista del Año por la cobertura de la comunidad salvadoreña; premios otorgados por la Oficina de Asuntos Latinos del Alcalde de Washington (OLA) y otras organizaciones. Ha sido miembro del jurado calificador en diferentes concursos literarios, de belleza y talento en la región metropolitana. Ha visitado zonas de desastre en Nicaragua, Honduras y El Salvador e invitado a esos países por organizaciones que asisten a personas de escasos recursos económicos. Antes trabajó en otros medios de prensa de Virginia y Washington, D.C., incluyendo reportajes para una agencia noticiosa mundial.

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