¿Cuántos “americanos” hay en la sala?

Por Yenny Delgado

Isabel Allende una de las mejores escritoras de nuestra época, ha deslumbrado a sus lectoras con su poderosa narración de cuentos y novelas en las últimas tres décadas. Su nuevo libro, “En el medio del invierno”, explora temas de inmigración, exilio y envejecimiento mientras narra las historias de tres personas reunidas por casualidad en Brooklyn. Una novela que conecta con lectores de diferentes edades y que escenifica la situación que viven millones de personas en Estados Unidos.

En su gira US Tour 2017, llegó el pasado 11 de noviembre a la ciudad de Washington, DC para dar presentación al evento organizado por Politic and Prose con boletos vendidos en su totalidad. Durante una hora, Isabel fue entrevistada por la escritora Susan Coll, quien le preguntó sobre sus obras, el desarrollo de su vida personal, familiar y artística. Todo transcurría con la complicidad de un evento muy bien organizado y a la altura de la consolidada autora.

En la segunda parte de la presentación se abrió la oportunidad a que sus lectoras se acerquen al micrófono para hacerle preguntas. Isabel iba respondiendo a las preguntas del público de una manera calmada y sarcástica, como es su costumbre,

Una joven se acercó al micrófono y en su excelente inglés se presentó como una inmigrante boliviana que había leído sus obras y le preguntó qué pensaba sobre el DACA, que es un programa alivio migratorio temporal a jóvenes indocumentados en Estados Unidos. Isabel respondió de manera muy política y liberal. Dijo que apoyaba a los “Dreamers” y que los jóvenes deberían recibir sus documentos, algo que creía era un asunto que el país debería de asumir con urgencia. También mencionó que tanto en Estados Unidos como en su país natal, Chile, los pueblos tenían las autoridades que se merecían y que si las instituciones eran fuertes, lo cual ella creía de las instituciones en el país, la corrupción y las malas leyes no afectarían profundamente y tendrían que pasar pronto.

Hasta ahí se mostraba una Isabel progresista, con ideas políticas amplias y con un discurso de quien se tiene ganado el respeto y reconocimiento por sus obras. Así, las preguntas del público iban pasando entre inglés, “spanglish” y español. Isabel supo traducir las preguntas del español al inglés para la audiencia. Las preguntas en español venían una tras otra, hasta que hizo un alto y lanzó de manera sorpresiva una pregunta: “¿Hay americanos aquí?”

Unos cuantos manos se alzaron entre la audiencia. Ella miró raídamente en la sala y siguió contestando.

Su pregunta dejó en el ambiente un sinsabor medio extraño. Como parte de la audiencia, iban saltando en mi cabeza más preguntas que respuestas. ¿Qué tenía que ver esa pregunta con su presentación? ¿Le estaba incomodando traducir las preguntas en español? ¿Tenía otra idea del público que iba atender su presentación en la capital de Estados Unidos? Había una angustia. Era rápido darse cuenta que ella quería dar referencia si había público anglosajón o que no hablara español, pero la pregunta era sin duda discriminatoria.

Isabel Allende y sus editores eran víctimas y parte de los estereotipos, al preparar su Tour por Estados Unidos se suponía que su audiencia tenía o quería llegar a un público eurodescendiente o anglosajón. Pero lo que encontró, parecía no calzar con lo que se esperaba. Su público lector en la capital era en su mayoría latinoamericano que hablaba o se sentía más cómodo hablando español.

En la sala, aún descompuesta por esa pregunta, habíamos aceptado lo que Estados Unidos se encargó de meternos en la cabeza a todo el mundo, que en el continente americano, con 35 países, el único país que se puede adjudicar el nombre de americano era solo Estados Unidos. No importa si naciste en Perú, Bolivia, México o Chile, siempre seguiremos siendo latinos, nunca americanos. No importa si hablamos español, siempre el inglés será el idioma de Estados Unidos, aunque como país no tenga un idioma oficial. Así lo establecieron los padres fundadores, ya que desde la Independencia se pensó que obligar a tener una sola lengua quitaba parte de la anhelada libertad que traía este nuevo país. A nivel estatal, la situación es diferente, ya que hasta la fecha 32 estados han concedido el inglés como idioma oficial.

Según informes, en Estados Unidos se habla:

• Inglés – 215 millones.
• Español – 45 millones.
• Chino – 2 millones​
• Francés – 1,6 millones.
• Alemán – 1,4 millones.

Entonces bien, en la presentación de Isabel, ella lanza una incómoda pregunta que nos deja alrededor del 90% de los asistentes con la mano abajo, pero con la llama encendida, ¿Es que nosotros los presentes de diversos países del continente, no contábamos como americanos? ¿Acaso esa pregunta nos lanzaba a otros rincones, un poco fuera de la capital de Estados Unidos? ¿Acaso no era lo que se esperaba hacienda su presentación totalmente en inglés y sin traducción?

Luego saltó a la vista lo que muchos nos preguntábamos cuando entramos y mientras recibíamos la copia del libro Más allá del invierno ¿Por qué algunos libros tenían la firma de Isabel y otros recibían un papelito con un “sticker” aparte? Comparando con las personas que nos sentamos cerca, comprendimos que solo había firmado los libros en inglés y no los libros en español.

Al terminar, algunas personas nos acercamos a los organizadores de Politics and Prose a preguntarles por qué los libros en español no tenían la firma de Isabel. Politic and Prose respondió: “fue decisión de la editorial, solo firmaron los libros en ingles”.

¿Acaso todo esto tenía que ver con su pregunta sobre cuántos americanos había en la sala? Estoy cansada de ser excluida de mi propio continente y darme el título de latinoamericana, que me suena tan largo y tan distintivo. Soy peruana y estadounidense, con mis dos ciudadanías encima, parece que no logro representar al estereotipo del americano, ese de piel rosada, pelo rubio y ojos azules al que solo puede adjudicarse el título de “americano“.

La presentación de mi autora preferida, con tantas críticas literarias y tan liberal en hablar sobre asuntos políticos y de inmigración, pareció desvanecerse cuando su pregunta me mostró la incomodidad de una escritora con ideas de clases, distinción de lengua y origen. Víctima de su propia generación, le cuesta aceptar que este país es la suma de tantas luchas que se va convirtiendo en realidad la posibilidad de vivir y participar activamente, llamándonos y sintiéndonos americanos, sin distinción de lengua, color y acceso económico.

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