Del Lebensraum a Monroe

Escribe.- Rodolfo Ardiles Villamonte

Para los nostálgicos de la esvástica y las juventudes hitlerianas los primeros meses de 2019 tienen un sabor amargo. Pretender jugar al Lebensraum en Latinoamérica ha expuesto más debilidades que fortalezas en la Casa Blanca. Más aún para un gobierno que se propuso resucitar la doctrina Monroe y ha terminado acorralado por Rusia y China en las Naciones Unidas.

El lebensraum, o espacio vital, es un invento alemán del geógrafo Friedrich Ratzel que Adolf Hitler usó para justificar su política de invasiones y anexiones territoriales. En su versión estadounidense de nuestros días, recupera la idea de disponer del espacio suficiente para atender las necesidades del Estado. Claro está bajo la lógica del actual inquilino de la Casa Blanca, es decir al servicio de unas cuantas corporaciones y los plutócratas que las rigen.

En América el Lebensraum tiene un hermano gemelo en la doctrina Monroe, que como su pariente alemán, también considera los territorios vecinos como terreno disponible para sus planes expansionistas, o incluso para sus fechorías. Bajo esta bandera el gobierno de Donald Trump ha anunciado sus planes para Venezuela, Cuba y Nicaragua; países a los que señala como la troika del mal y no ha escatimado en amenazas para lograrlo. Como lo dijo el propio Trump, todas las cartas están sobre la mesa.

Pero como escribía al comienzo de ésta columna el sabor del menú ha sido agrio. China y Rusia se han encargado de poner a Donald Trump y sus simpatizantes en una zona bastante incómoda. Los planes de imponer a Guaidó como presidente de Venezuela y controlar así las reservas petroleras del país sudamericano se han ido al traste de momento.

Y aunque Trump y compañía no han dejado de amenazar con una posible invasión militar, hasta los socios del Grupo de Lima le han dado la espalda. Es verdad que los gobiernos del Brasil y el Perú mantienen un firme rechazo al gobierno de Nicolás Maduro; sin embargo no es posible ocultar la clara derrota que ha sufrido la Casa Blanca en éste primer choque contra Maduro y sus aliados de Moscú y Pekín.

La verdad es que para los Estados Unidos, presentarse como el matón de barrio no es un buen negocio. Menos aún si su presidente y los supremacistas blancos que lo acompañan insisten en construir un muro que los separe de México y el resto de América Latina.  Y la suma de torpezas no se detiene cuando vemos a Elliot Abrams como representante estadounidense para Venezuela hablando en las Naciones Unidas de democracia y derechos humanos, es como si Vlad el Empalador hubiera resucitado y nos estuviera dando charlas de piedad y compasión.

Y para terminar nos queda muy claro que la única solución para el drama que vive la hermana Venezuela es la propuesta hecha por el ex presidente uruguayo Pepe Mujica. Esto es ir a elecciones totales que renueven tanto el ejecutivo como el legislativo (sin Maduro ni Guaidó), así como ir a un proceso de diálogo entre todas las fuerzas políticas del país. Y en mi opinión personal las Naciones Unidas deberían supervisar paso a paso éste momento porque aunque las aventuras hollywoodenses con explosiones y héroes triunfantes parezcan divertidas, la vida real dista mucho de Rambo derrotando a los chicos malos.

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