Proclamación de la independencia del Perú en 1821: errores y omisiones

Por Roberto Bustamante

Los peruanos se aprestan a celebrar un aniversario más de su independencia. Han transcurrido 198 años desde aquel momento histórico de libertad. Un importante trabajo de investigación realizado por el reconocido periodista peruano José Luis Vargas Sifuentes, pone al descubierto varios errores cometidos por algunos historiadores peruanos. En su articulo «Proclamación de la Independencia del Perú: errores y omisiones» (Lima, 23 de julio 2019) Vargas Sifuentes sin ser historiador, pone al descubierto informaciones imprecisas que todavía se enseñan en las aulas escolares cuando deben ser corregidas por las autoridades educativas. Para conocimiento de nuestros lectores, a continuación publicamos el interesante trabajo del colega Vargas Sifuentes.

Muchos de los hechos ocurridos en nuestro país los días previos y posteriores a la proclamación de nuestra independencia, permanecen olvidados, omitidos o tergiversados por algunos historiadores, voluntaria o involuntariamente.

A pesar de los 198 años transcurridos desde que el Libertador José de San Martín diera su conocida proclama, aún se mantienen algunos errores e ignoran importantes detalles de ese revolucionario pasaje de nuestra historia.

Algunos historiadores dicen, por ejemplo, que la proclamación de la independencia se desarrolló en cuatro plazas diferentes para hacer participar a todos los vecinos en esos actos.
La verdad es que la proclamación (no la jura) de la independencia se desarrolló en la Plaza Mayor y en las plazuelas de La Merced, Santa Ana y de la Inquisición porque esos mismos lugares fueron escenario de la proclamación de Felipe V en septiembre de 1701, y del rey Fernando VII, en 1815.

En una comunicación dirigida al cabildo de Lima el 18 de julio de 1821, San Martín dispuso efectuar la proclamación “en todos los lugares públicos en que en otros tiempos se os anunciaba la continuación de vuestras tristes y pesadas cadenas”. Se trataba, pues, de rechazar la dominación española en los mismos escenarios donde otrora se había proclamado la sumisión al reino español.

También se dice que la proclamación se desarrolló en uno los balcones del Ayuntamiento. Falso. Lo cierto es que se realizó en un tabladillo levantado en medio de la Plaza Mayor, delante del callejón de Petateros (hoy pasaje Olaya), con frente a la Casa de Gobierno “y a distancia suficiente de la pila central, que permitiera rodearlo la tropa que debía montar la guardia mientras se verificaba el acto de proclamación”.
La confusión se originó cuando, después de las ceremonias, los miembros del cabildo se dirigieron al Ayuntamiento y subieron al balcón del segundo piso, donde el estandarte fue colocado a la vista de la multitud.

Tal exposición hizo que se escribiera y grabara en un óleo pintado por Juan Lepiani y difundido en los textos escolares y publicaciones del Ministerio de Educación en el que se muestra que la proclamación se hizo desde la galería del Ayuntamiento. El error persiste hasta hoy.

Es más: en ese mismo cuadro hasta hoy profusamente difundido se hace aparecer a San Martín enarbolando una bandera… que hasta ese entonces no existía.

Representación más cercana a la verdad histórica de la proclamación de independencia del Perú. En ella San Martín porta el estandarte creado por él mismo.

El mismo error se comete en las representaciones teatrales que se realizan en esta época, en los gráficos de los textos escolares y en las láminas estudiantiles, sin que los docentes reparen en el equívoco.

Cuando se pregunta a la gente la fecha de la ‘declaración’ de la independencia del Perú, es casi unánime que la respuesta sea: “el 28 de julio de 1821”. Ese es un error. No debemos confundir la declaración de independencia con la proclamación de la misma.

Aclaremos: la Jura de la Independencia se efectuó el domingo 29 de julio de 1821, después de la misa de Acción de Gracias (Te Deum) oficiada en la Catedral, y el pueblo juró defender la independencia recién el 13 de agosto en casa de los comisarios de cada uno de los 41 barrios de la capital.
Cada 15 de julio se recuerda esa trascendente efeméride nacional, dado que en esa fecha fue firmado el Acta de Independencia del Perú, el primer acto ad solemnitatem por el cual nuestro país declaró jurídica y solemnemente su independencia de la corona española. Ese fue el punto de partida de nuestra escisión de España desde el puro Derecho. La pieza jurídica fue redactada por el eminente ariqueño Manuel Pérez de Tudela –un personaje hoy casi olvidado– y lleva la ológrafa de los vecinos notables de la entonces Ciudad de los Reyes.

No todas las personalidades obligadas a participar en las cuatro ceremonias pudieron hacerlo. Se lo impidió la requisa de sus cabalgaduras dispuesta por el virrey antes de abandonar Lima para establecerse en el Cusco. Tal ocurrió con los miembros del Colegio de Abogados, quienes tuvieron que nombrar sendas comisiones que esperaron al pie de cada tabladillo el inicio de las respectivas proclamaciones.

Tanto la firma del Acta como la proclamación de la Independencia fueron meras formalidades, podría decirse hasta simbólicas, pues las fuerzas realistas continuaron dominando las regiones más extensas, más pobladas y ricas del país: la sierra central y el sur peruano, teniendo como nueva capital virreinal al Cusco. De hecho, Lima volvió a ser ocupada eventualmente por las tropas realistas. Recién en 1824 se pondría fin a la dominación española en el Perú.

No olvidemos, por último, que muchos criollos se mostraron inconformes con la independencia, y mucho más descontenta estaba la clase indígena que por muchas décadas después no notó los efectos positivos de la independencia. Recordemos que San Martín mantuvo los cargos coloniales y las personas en ella.

La independencia fue para unos pocos, en desmedro de los muchos, que no eran considerados, siquiera como parte fundamental de nuestro país. Elemento que muy poco se menciona, pero que es bueno comprender, para ser mucho más sincero nuestro sentimiento patriótico.

Dos casos demuestran lo dicho: el tributo indígena permaneció por 30 años después de haberse proclamado la independencia. Miles de indígenas, la mayoría de la población peruana, tuvieron que pagar al naciente Estado ese infausto tributo establecido en la colonia. Tiempo similar tomó la esclavitud en el Perú. Tuvieron que seguir siendo esclavos, con todo el maltrato que esta situación conllevaba.

Entre otras omisiones, está la figura del general Ignacio Álvarez Thomas, el ilustre peruano que luchó por la independencia de Uruguay y de Argentina, gobernó esta última con el título de Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que comprendía también a Paraguay; convocó al congreso en que proclamaron su independencia de España, y organizó y aprovisionó al Ejército Libertador, que liberó a Chile y Perú.

Tampoco se recuerda al Conde de la Vega del Ren, el ‘más Benemérito de la Patria’, encargado de conducir el Estandarte de la Patria a las cuatro ceremonias de proclamación; ni se menciona la importante tarea que cumplieron las mujeres durante todo el proceso, entre otros temas.

Bueno sería que con motivo de las celebraciones del bicentenario de nuestra Independencia se corrijan estos –y otros más que andan por ahí– errores históricos que tergiversan y dan una versión ajena a la realidad.

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