El doble discurso de la democracia  (O como los políticos usan el cassette)

Por el Lector Americano

Rec/Play. Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero la democracia Post Pinochet rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política.

El propio Patricio Aylwin se ocupó hace ya un tiempo inmemorial, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llamaba él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente admistración de recursos dentro de la macroeconomía, esa que es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el primer presidente de la democracia habló incluso de que el capitalismo excluía y el socialismo no era tan malo.

También le paró el carro a un periodista del establischnent que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. Oye, la alta política es algo muy noble que debiera favorecer a las mayorías, y no por eso ser marxista-leninista. Entender que el trampolín a través del cual las nuevas elites financieras se encaramaron al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época el neoliberalismo que se instaló en Chile con Pinochet, es precisamente la antipolítica. Esa que ha sido abonada todos estos años a chorro por medios, empresarios y CEOS, que como sabemos, son los esbirros del poder real. 

El pueblo chileno ya perdió el miedo y no lo detiene nada.

Rewind. En los ‘90 era tierra firme y fértil para el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Piñera hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Bolsonaro hizo política? ¿Ricardo Lagos hizo política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando las élites entran a escena. Hay que fijarse de los nombres de las calles de Santiago.

Los salidos de la política traicionera y los productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como fracasados o trasnochados “in eternum” de nuestro tiempo. Pienso en Salvador Allende, y más lejos, José Balmaceda. Stop. 

Play/rewind. Cuando el Aylwin hizo su primer aterrizaje a la realidad fue en La Granja, una comuna popular y representativa del Chile real. Ese encuentro con jóvenes pobres le debe haber pegado fuerte. Allí dijo su recordado “no queremos jóvenes pateando piedras”, una estrofa hecha hit de Los Prisioneros, la banda de rock chilena. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquella estrofa fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, que era el Chile macroeconómico que apaña al individualismo recalcitrante que se instaló en el país, y que están pensado como la nueva religión hegemónica de la región.

Patricio Aylwin, expresidente de Chile.

Los nuevos riquitos; parlamentarios y tecnócratas, que depositan sus anhelos solo en el individualismo recortado de los otros la posibilidad de su crecimiento material: tener suerte en el mercado del hombre. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les toca a los demás. No luchan. Pero tienen un mantra. “No queremos jóvenes pateando piedras” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general del Aylwin, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del barro.

Play. Esta semana Chile inauguró las marchas de la bronca. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pura rabia acumulada de una democracia ficticia de la gente de diversos estratos sociales a los que este gobierno odiador los enfrentó de pronto con la desidia, la humillación colectiva y el fuego. Esta semana se vio la foto de la más absoluta bronca de estaciones del metro devastadas por el fuego.

Play/Pausa. En el Gobierno de Piñera ahora están los delegados del fracaso en la gestión salvándose el culo pero eso ya es tarde, y la gente sigue en la calle, y está enorme noticia no ha podido ser borroneada por los grandes medios–. La política real recibe a los chilenos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en una bronca que brota en las calles, ya no son invisibles.

Rec/play. En la apertura de la jornada Chile y el mundo. El pueblo chileno fue al hueso y nos compete, aunque esta misma lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de otros países latinoamericanos. La disyuntiva pos modernista “la gente o la economía”, se han invertido. Los que se identifican con la economía son las elites financieras que se desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar por la estabilidad de ellos mismos, a millones de vidas, incluyendo a los animales y la producción agraria, como lo demostró la sequía para todos menos para algunos.

Sebastián Piñera, actual presidente chileno, está siendo mal asesorado según críticos.

La gente en la calle después manifestó su flema hacia el mismo Piñera, (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late desde hace años), diciendo palabras denigratorias, con el desprecio de siempre como ‘delincuentes a quienes evaden el metro’, por ejemplo. La gente se paró de frente. Dos generaciones de chilenos que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con el milagro chileno. Mientras desde la “economía” llegan las fotos del nieto de Piñera haciendo gracias al tata cenando en un restaurante de la zona rica, y a su vez eSantiago se desangra.

Play/Pausa. Hoy son ellos, la gente, a la que hay que mirar con interés político. Allí se debe repartir justicia y felicidad, junto con desarollo. No por “un gesto”, estilo Aylwin, sino por algo mucho más profundo y lúcido: rompiendo la adoración del dinero como vara del poder político, para abrir una nueva fase de nuestra cultura política.

Ellos, los que tiene el sartén por el mango, nunca tomaron en serio al pueblo como sujetos políticos en paridad con ellos. Como el racismo, el clasismo chileno es algo que está encapsulado, incluso en las clases medias bajas. Ese es el hueso. Porque el hueso es la gente; mis hermanas de Renca, mis sobrinos, mis cuñados, los sobrinos extendidos, pero también el modo de ser y estar con los demás. Y la gente de a pie saben de eso mucho más que la dirigencia que estudió en Harvard o en Londres. Muchísimo más. Stop. Stop… stop. Se rompió la cinta….

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, Managing Editor de MetroLatinoUSA.Com (MLN). Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia (UDC). Email: [email protected]

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