Estadismo, insurrección, éxodo o modernización del Estado en El Salvador

Por Mauricio Alarcón

En su discurso en el Doha Fórum, desde Qatar, el presidente Bukele demostró estar muy claro no solo de los problemas de su país, sino de los principales problemas del mundo y sus posibles soluciones.

Ante más de 200 dignatarios, refiriéndose al vehículo del neoliberalismo, el presidente resumió, “La globalización vino para quedarse… hizo al mundo más rico, floreció el comercio y el mercado internacional, creó muchas oportunidades — Al mismo tiempo, dejó en bancarrota cientos de miles de compañías locales, y destruyó economías enteras. Cientos de millones de campesinos y sus familias emigraron a las ciudades buscándose la vida”.  En dicha presentación, el mandatario salvadoreño mostró claridad de lo bueno, lo malo y lo feo de la globalización, y lo planteó sucintamente y sin reservas.

Bukele no obvió el impacto que la globalización tuvo en su país, sin mencionarlo, ya que estaba en un foro internacional. “Millones se fueron a la pobreza cuando la industria local cayó en bancarrota, mientras las grandes corporaciones movieron sus fábricas a donde la mano de obra era más barata,” acotó Nayib Bukele, o sea, lejos de su país. Si bien la globalización ya afectó a El Salvador, no le trajo empleos ni riqueza, porque además que la dolarización elevó el precio de su mano de obra y sus productos en relación a otros países, las condiciones de violencia no han sido favorables a la inversión extranjera, que es uno de los factores a los que apuesta Bukele para el crecimiento económico de su país.

Hasta la semana pasada, las promesas de inversión indicaban que el mandatario salvadoreño está teniendo éxito en su gestión ante los países y corporaciones con capacidad financiera y tecnológica, como China, Japón, Corea del Sur y Qatar. No obstante, Bukele no solo tendrá que esgrimir lo positivo y lo feo que trae la globalización, sino también las demandas de la población a problemas creados por el neoliberalismo en el país, como la privatización de pensiones y el derecho al agua, que pueden generarle crisis.

El triunfo electoral de Nayib Bukele y el visible  alcance nacional e internacional de su discurso le han granjeado el mayor capital político que un presidente haya tenido en El Salvador en los últimos 70 años.  El mandatario ha sido efectivo en saciar la sed de venganza de aquellos cuyo apoyo, se basó en el castigo a quienes les fallaron. 

El país vive una realidad en que gran parte de la juventud confía en que este gobierno resolverá sus problemas urgentes.  Bukele ha facilitado la superación de la distopía en El Salvador.  Sin embargo, los movimientos del mandatario en las últimas dos semanas y algunas fallas en su gabinete amenazan con intensificar el éxodo de salvadoreños a Estados Unidos y asustar la inversión extranjera, elementos claves para la imagen del país e implementación de su agenda infraestructural.

Lo pendular del pragmatismo de Bukele aumentó las esperanzas en el presidente, después que le estuvo claro que la política de países seguros de Trump en el Triángulo Norte, no puede ir más allá de lo mediático para ambos mandatarios, y que una relación con China podría ayudarle a impulsar la modernización que se plantea. Ojala que las iniciativas modernistas del Tren Maya y las del presidente Giammattei sobre un tren centroamericano, unidos a la promesa de campaña de Bukele sean apetecibles para las empresas con experiencia y capital para echar adelante estos proyectos en el Istmo.

Mauricio Alarcón.

Si bien todos los presidentes tienen su luna de miel entre los racionales y bienvenida crítica mediática nutrida de sus opositores, lo que conmociona hasta los autodefinidos neutrales respecto a Nayib Bukele, es su estilo de gobernar, que aunque no es extraño en la doctrina administrativa, no cabe del todo en la mente de los analistas tradicionales.  

Según Nicolás Maquiavelo, se puede gobernar “por un príncipe y un cuerpo de sirvientes, quienes lo asisten en calidad de ministros a su favor o con su permiso, o por un príncipe y barones, hombres fuertes, dignos por antigüedad de sangre y no por gracia del príncipe”.  Aunque las interpretaciones teóricas nunca son exactas, en El Salvador se ha gobernado con individuos fuertes y presidentes débiles o poco doctos en la administración pública. 

Los dos últimos gobiernos tuvieron por lo menos 5 ministros que proponían y mantenían su propia agenda sin que los presidentes pudieran alterarlas. Es así como hubo jefes de cartera como Hacienda y Seguridad que muy poca dirección, si alguna recibían de su presidente. Y a eso es lo que el país está acostumbrado.

Nayib Bukele viene a gobernar con un gabinete de servidores, que deberían ser sus asesores.  Las últimas dos semanas, de este gabinete pareció prevalecer su incondicionalidad al presidente y no su capacidad de asesoría. La secretividad e implicaciones de una empresa mexicana en el financiamiento del viaje de uno de sus funcionarios, hizo que El Salvador viviera aspectos de la administración Funes. La necesidad de llamar al asesor venezolano Ricardo Hausmann, no solo demuestra que su gabinete no ha podido planificar su gobierno, sino que El Salvador no puede salir de las ideologías de la guerra fría que Bukele criticó en su campaña.  

Más aún, la militarización de la Asamblea Legislativa y su llamado a la insurrección escoltado por el ejército no solo trajeron memorias de golpes de estado, masacres y escenas de la guerra civil, sino que preocuparon a legisladores estadounidenses por un posible éxodo de salvadoreños hacia su país. Es difícil que a países y empresas con planes de inversión no los atemorice la noticia que en El Salvador se está fraguando una insurrección.

La realidad de EL Salvador parece una novela de Dan Brown, donde todo ocurre en tres o cuatro días.  Hace menos de un mes el presidente del país más pequeño de América Latina parecía todo un estadista hablándole al mundo sobre los problemas de la humanidad y la posibilidad de resolverse; y el último fin de semana está dirigiendo una insurrección fallida para que le aprueben un préstamo, mientras la ciudadanía impávida ve un ejército que recién sale perdedor de una guerra, acompañar al presidente en lo que podría haber sido un golpe de estado. 

Nayib Bukele tiene la suerte que las fuerzas sociales de su país están acéfalas, porque las direcciones de sus partidos emascularon su maquinaria de organización y movilización, focalizándola en ganar elecciones para mantenerse en el poder.  Otrora, en el actual caos de los órganos del estado un movimiento social hubiera invadido los ministerios, casa presidencial, asamblea y hasta la Corte Suprema de Justicia.

Hayan sido mal cálculo de sus asesores nacionales, venezolanos, españoles o norteamericanos, la idea de tomarse militarmente la Asamblea Legislativa erosionó el capital político que había acumulado el presidente Nayib Bukele por lo menos ante potenciales inversionistas internacionales. 

Además de mostrar desesperación por una satisfacción instantánea a sus demandas, potenció a sus detractores para que sean más efectivos en oponerse a su gobierno, y se reorganicen para las elecciones del 2021. La limpieza, coherencia y cohesión en las elecciones internas del partido Nuevas Ideas en los próximos meses, serán claves para que Bukele mantenga altos niveles de apoyo para gobernar y obtenga mayoría en la próxima Asamblea Legislativa de El Salvador. 

Además de la incertidumbre que vivieron los diputados al ver vulnerada su seguridad de siempre, lo positivo que se puede sacar de la experiencia política del 9 de febrero es lo dinámico de la Corte Suprema de Justicia.  Es saludable que los diputados sientan la inseguridad que la ciudadanía vive en sus lugares de trabajo, para que hagan mejor su función legislativa.  

Como diputados que gozan privilegios y mantienen a sus familias a expensas de los impuestos de los contribuyentes, sin aportar significativamente al desarrollo del estado de derecho, deben tener en mente que el poder que tienen puede convertirlos de un día al otro en exiliados, presidiarios o prófugos.  

Aunque los partidos ARENA y FMLN, principalmente, han detestado al órgano judicial por restringirles sus privilegios electorales, en esta ocasión lo coherente y expedito de la Sala de lo Constitucional, les da un respiro. Dado lo frágil del sistema de frenos y contrapesos del estado salvadoreño, que poder tendrá una resolución legislativa o una sentencia ante fusiles, pelotones y antimotines dispuestos a acompañar una insurrección, convocada por el ejecutivo. 

Ojala y los miembros de la Asamblea reflexionen, saquen a sus familias de la planilla de salarios públicos, que tanto ofende la inteligencia de la ciudadanía, y expliquen su voto en favor o en contra del empréstito solicitado por el presidente.

About Ramón Jiménez

Ramón Jiménez, Managing Editor de MetroLatinoUSA.Com (MLN). Graduado de la Escuela de Periodismo de la Universidad del Distrito de Columbia (UDC). Email: ramonjimenez169@gmail.com

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