24 de febrero del 2023: el día más largo del siglo XXI

Por Enrique Soria
Enrique Soria.

La sorpresiva visita del presidente Joe Biden a Ucrania y el rol cada vez más protagónico de China en el conflicto que enfrenta Kiev a Moscú fueron los factores relevantes de la nueva coyuntura bélica en esa parte de Europa, tras un año de ocupación militar rusa sin que se conozca un visible ganador, lo que hace que la incertidumbre guiará a la contienda las próximas semanas y meses.

Ambas fuerzas necesitan la victoria. Ucrania porque el respaldo de la OTAN, si bien es claro y cada vez más comprometido, la ayuda no es para siempre. Por su parte Rusia, que arrancó mal porque apostó mal desde un inicio, por concebir la invasión bajo prejuicios políticos e ideológicos y subestimar el orgullo ucraniano, se encuentra bajo presión ante el propio poder y su población que no esperan otra cosa que una victoria contundente sobre Ucrania.

Volodimir Zelenski, el presidente ucraniano, cuenta con una banda ancha de apoyo de Washington cada vez más angosta pues el estadounidense empezó a cansarse de que su país se involucre, como si fuera un mantra, en cada conflicto regional. Además, los sectores más ultramontanos del Partido Republicano pueden tomar el Senado, ampliar su mayoría en la Cámara de Representantes y capturar la Casa Blanca en las elecciones del 2026. Ellos no quieren saber nada de apoyos a Kiev, antes bien dejarían que Moscú avasalle a Ucrania.

Es cierto cuando Zelenski anota en el discurso de tributo a los soldados y civiles que han dejado la vida en defensa de Ucrania, que el futuro de Occidente se juega en esa parte de Europa. Ya trascendió que parte del plan de Vladimir Putin era la anexión de Biolorrusia, luego Moldavia para tomar Ucrania y dirigirse posteriormente a las repúblicas bálticas. Un plan coherente destinado a recuperar parte de los territorios que comprendieron la extinta Unión Soviética. Hoy Rusia exporta petróleo, gas, cereales y armas convencionales (y de las otras no convencionales). El petróleo y el gas le suponen el 40% de sus ingresos, que en un futuro no muy lejano dejará de percibir, cuando el mundo de forma masiva se transforme gracias a los combustibles no fósiles.

De ahí que el Kremlin necesita de su antiguo espacio vital y de su principal aliado y competidor) que es China, que pese a presentar un plan de paz de 12 puntos, no impresiona a Occidente por su respaldo claro a Moscú. En los discursos, en la diplomacia y en las finanzas los chinos le han dicho sí a los rusos que aguardan que las armas letales chinas lleguen a manos de Rusia, lo que configuraría un mapa geopolítico distinto, y en extremo peligroso para Estados Unidos y la OTAN, si Beijing se atreve a dar semejante paso.

La invasión a Ucrania ha sido el evento de magnitud histórica del siglo XXI tras la Segunda Guerra Mundial, lo que ha generado una crisis de proporciones bíblicas que ha roto el orden mundial. Nadie puede asegurar cuándo culmina y qué quedará de la correlación de fuerzas que defina quién o quiénes serán las potencias hegemónicas. La suerte de Rusia y China, y la de Estados Unidos y los países de la OTAN, se juega hoy en Ucrania. Rusos y ucranianos conciben que aún hay tiempo para seguir combatiendo, para luego imponerse como vencedor. Cualquier plan de paz se dejará de lado para reemplazarlo con una guerra prolongada y de desgaste con más destrucción y muerte.

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