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En el estado de California, dos atacantes adolescentes mataron a tiros a tres personas el lunes en el Centro Islámico de San Diego, la mezquita más grande del condado de San Diego. Entre las víctimas mortales se encontraba un guardia de seguridad, Amin Abdullah, padre de ocho hijos, quien, según la policía, desempeñó un papel fundamental a la hora de salvar las vidas de las personas que estaban en el lugar.
Los sospechosos, de 17 y 19 años, fueron encontrados muertos por aparentes heridas de bala autoinfligidas en un automóvil cerca del lugar de los hechos. La policía investiga el ataque como un delito de odio. Los funcionarios de las fuerzas de seguridad informaron a la cadena de noticias CNN que encontraron mensajes de incitación al odio garabateados en una de las armas. Según los funcionarios, también encontraron una nota de suicidio que contenía escritos sobre orgullo racial.
El Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses señaló que el ataque se produce al tiempo que las denuncias por prejuicios antimusulmanes alcanzaron su nivel más alto registrado en 2025, con 8.683 denuncias presentadas en todo el país. Estas fueron las palabras expresadas por Taha Hassane, imán y director del Centro Islámico de San Diego.
Taha Hassane: “Mi comunidad está de luto. Esto es algo que nunca hubiéramos imaginado que pudiera suceder. Pero, al mismo tiempo, la intolerancia religiosa y el odio que, por desgracia, existen en nuestro país no tienen precedentes”.
