Chile: un espejo que no refleja 

Por El Lector Americano

Túnez, 8 de septiembre de 2022.- Después de las grandes concentraciones de octubre de 2019, cuando la gente pedía el fin de la Constitución de Pinochet, y a dos años del plebiscito donde el 80% votó por cambiarla, este último domingo 4 de septiembre el demoledor rechazo a la nueva constitución dejó el escenario político sin aliento.

¿Qué pasó? ¿Dónde está la gente que colmó las calles de las anchas alamedas estos últimos años de protestas pidiendo cambios?

Todo indica que –al final– los chilenos son más conservadores de lo que ellos mismos creen. Y esta afirmación incluye a la misma izquierda, que puede ser muy conservadora si la desmarcan mucho …amén!

Eso sí, es dable dejar en claro que los votos del rechazo no significa que la derecha triunfó o algo así. Ni mucho menos que signifique la manutención de la constitución pinochetista, no y no, sino esencialmente es un rechazo a esta nueva Constitución.

Y, claro, ahora con las fuerzas populares están debilitadas y desmovilizadas, y el gobierno de Gabriel Boric re perdido en el tablero político, y recurriendo a la guardia de la exconcertación para que le den una mano, muestra un panorama extraño y difuso, y una derecha agrandada porque sacó un plus de poder luego de tres años de derrotas.

El presidente Gabriel Boric. re perdido en el tablero político Foto: Google.

Lo cierto es que analizar esta derrota, es súper complejo, y da para que la redacte o un siquiatra o un sociólogo más que un analista político. Las razones de este descalabro político son múltiples, y sobretodo apunta a la subestimación del sentido común, que como decía un humorista hace unos días: “Justo cuando montamos el circo nos crecieron los enanos, oye”. O mejor y más ilustrado, y parafraseando a Mario Benedetti: “Nos cambiaron las preguntas justo cuando creíamos que teníamos algunas respuestas”.

Vamos a la parrilla y cortemos la ‘ingente’ verdad:

1-Las malditas redes, y la guerra de “memes” hasta el hartazgo. Aún con el reconocimiento general e internacional por su composición de igualdad de género, y representación indígena, se empezó a desatar una feroz campaña para deslegitimar a los ciudadanos más humildes de la Asamblea Constituyente. Se distorsionaron las propuestas y se los ridiculizó desde los medios masivos en manos de la derecha cavernícola. A partir de esto, los debates constitucionales quedaron bajo esta parafernalia mediática, y pasaron a ser chismes, y desmentidos diarios de noticias falsas por parte de la asamblea, de los medios alternos, los trolls, o los dirigentes políticos de derecha u operadores de medios pagos. Un ejemplo grosero fue hacer correr la bola de que la nueva Constitución iba a prohibir la vivienda propia.

2- Asociar la nueva Constitución con la gestión de gobierno de Gabriel Boric. Un verdadero boomerang debido a la caída de popularidad de él y su gobierno. La decadencia económica pandémica, la inflación y el alto costo de vida, y las idas y vueltas en el conflicto con el pueblo mapuche, hicieron que en pocos meses Gabriel Boric este súper desgastado.

3-Errores de la propia Convención Constituyente en reformular o hacer digerible los artículos de la Constitución. Más allá de las campañas del miedo y el rol del Ejecutivo en refutar esa lógica bestiaria, el 62% de la gente que votó el rechazo en el plebiscito, habla a todas luces de las debilidades al interior de la constituyente. En la calle gente protestando haciendo demandas, los convencionales debatiendo a puertas adentro, limitó las posibilidades de que las mayorías populares incorporaran para sí el proyecto.

Otra. Chile es un país conservador y siempre fue así, donde incluso los sectores de izquierda, van a misa los domingos. O por lo menos antes de los escándalos de pederastia. Esto es un corset cierto, por eso para llegar a un país de avanzada se requieren años de ‘reformas’, para después sostener ciertos cambios entendidos como radicales. Y el texto final de esta Constitución contenía transformaciones radicales y una idea de avanzada, como la definición de Estado plurinacional o su impronta feminista, la apertura a minorías sexuales, y ecologistas, casi en un abrir y cerrar de muchos años como si Chile se hubiese escindido de una parte ultraliberal de un país escandinavo. Una postura demasiado radical para lo que es el Chile de hoy, con jóvenes rebeldes en las calles poniendo el cuerpo, pero con familias tradicionales. Como lo es la misma familia del presidente de Chile: sus padres son demócrata cristianos y católicos del palo allá en el sur de Chile. Pues bien, todo esto, hace mella en el inconsciente colectivo, y si sumamos a esto un sistema de partidos que tolera en muchos casos la rebelión, pero puertas adentro son recontra conservadores; o de golpe darle ‘delete’ a los más de 30 años de neoliberalismo económico y cultural, es como si no entendiste esto, no entendiste nada.

4-El voto obligatorio. Después de diez años de la mentada idea del voto voluntario, con una participación siempre bajo el 50%, este plebiscito se hizo con el voto obligatorio, lo cual terminó por desequilibrar la balanza, y dejó súper mal parado a los encuestadores, que últimamente parecen más meteorólogos que sociólogos urbanos.

La histórica participación del 85,7% de los votantes en este plebiscito evidenció que el sector adulto –padres y abuelos de los jóvenes rebeldes–, que no salían votar, se inclinaron masivamente por quebrar la propuesta. Y, para peor, en regiones, o provincias de población de pueblos originarios, la opción del Rechazo, arrasó. Esto último fue la cereza del pastel.

***

¿Y entonces? ¿Qué pasará ahora? Por ahora “Esperar” es la consigna, y que se reorganice la parranda. El escenario que se abrió con este estruendoso fracaso político está marcado por la duda, del tipo continuará…

Se habla de respetar el mandato del plebiscito y mantener en el horizonte de expectativas una nueva Constitución. O de redactar o enmendar está Constitución fallida, pero el problema es que el termómetro social demuestra que la gente, EL PUEBLOOO, está más decepcionado que niño sin cumpleaños. Otra vez elegir nuevos constituyentes, y sobretodo borrar a algunos neófitos (una veintena que se dedicó a despotricar hacia adentro y hacia afuera de la Constituyente), que resultaron ser una tropa de tontos útiles, ineptos que no se quieren ni ellos. ¿Y la gente? No los quieren ver ni en pintura. Compañero…compañero… compañero!!! Váyanse al c…!

Foto: Google.

¿Y la derecha? Más contentos que funcionario público con aumento de sueldo. Ellos, la derecha más uno, quieren que la futura Carta Magna (dicho así es más conservador) sea elaborada por “un grupo de expertos” designado por el Congreso, lo que, obvio, sería un texto bajo la lógica del establishment, de esos que cortan el bacalao, o el queso, o eso… Como sea, cualquier camino que se elija, ese pueblo de Chile, ese que parece inglés o europeo del norte, quiere que pase por un Parlamento lo menos fragmentado posible. El tema es que el parlamento chileno está más fragmentado que un S.O. S. escrito desde una montaña rusa.

***

En política los cambios son paulatinos y lentos. Un paso hacia adelante y a veces dos para atrás. Sobretodo para los gobiernos de avanzada, de izquierdas, y en este caso si el presidente es un joven menor de 40 años. Los chilenos aún tienen en la retina el cambio de época que significaron las revueltas de 2019, con jóvenes reventados a palo por la policía, o agentes del estado encubiertos quemando el metro de Santiago. Quizás, solo quizás el quiebre de este Domingo 4 de septiembre sea el germen de una fuerza latente que quiere un Chile de avanzada pero en orden. Donde el antiguo régimen se resiste a desaparecer, y lo nuevo, “el Chile joven”parece ser esa tía borracha que en una fiesta familiar no deja de joder, y al final lo único que todos quieren es que se vaya. Y como alguien dijo por ahí, “el porvenir es largo”… y quizás sería bueno que los sectores progresista, casi el 80 % de los Convencionales, se hicieran una profunda autocrítica de con guitarra es otra cosa. ¿O no?

 

 

 

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