¿Cuánto vale un Perú?

Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, a la segunda vuelta

Por El Lector Americano, (Virginia, 19 de abril de 2026)

Un delirio, a fecha de hoy: treinta y cinco candidatos a la Presidencia del Perú…
Un desmadre desde hace diez años: nueve Presidentes enjuiciados, presos o esperando sentencia… y la probable “segunda vuelta” entre dos candidatos, uno más a la derecha que el otro, o otro de la izquierda nacional… En fin, la historia reciente que masticarán los ‘cientistas políticos del futuro” que darán cuenta de cómo es que esta jornada electoral del 12 de abril de 2026, ya es no una crisis política del Perú, sino más bien una “marca con denominación de origen”, como el pisco, que siempre siempre fue sour, que cortito y seco.

O como dijeron un día “los amautas”: todo puede ser cuando el oro aún brilla.
Lo cierto es que más allá del resultado final de estas elecciones para una segunda vuelta del próximo 7 de junio, parece que el verdadero vencedor son los más de 3 millones de votos anulados y en blanco. Mucho más que 17 % de Keiko Fujimori, una cifra que no oculta la incertidumbre de la democracia peruana. O el sorteo del segundo candidato, casi ilegítimo, de un suma y resta de resultados que ha dado lugar a todo tipo de sospechas y recelos.
En fin, una elección re-peruana, es casi un imposible.

Con este 17%, de votos, Keiko Fujimori, hija del ex presidente juzgado por múltiples casos de corrupción y violación a los derechos humanos, indica que el Fujimorismo nunca se fue. Es decir, esa fatal combinación de neoliberalismo, populismo, conservadorismo y autoritarismo, todavía es atractivo para una parte importante de la sociedad peruana. Aun cuando hoy la elección se centra en el futuro segundo lugar para que, voto a voto, pueda negarle la presidencia a Keiko Fujimori: una plaza que tiene dos dirigentes en disputa, ambos ubicados en polos opuestos del universo ideológico que, por distintos motivos, quieren terminar la herencia casi perversa del fujimorismo en la realidad política del Perú.

López Aliaga

Por eso la expectativa está en el segundo lugar del congresista de izquierdas, Roberto Sánchez, un cuasi continuador del ex presidente Pedro Castillo, con solo el 12,01% de las preferencias. Y por otro lado, con el 11, 92% se encuentra el ultraderechista Rafael López Aliaga, ex alcalde de Lima y seguidor de Donald Trump. Sólo 13 mil votos separan a ambos candidatos, en una sumatoria de votos entre urnas y actas que faltan por contabilizar. Un clima político raro, sobre todo porque López Aliaga, quien ha dicho que hay un acuerdo entre el fujimorismo y la izquierda para relegarlo al tercer lugar. Claro, las irregularidades en estas elecciones, justifican sus críticas, y por eso hasta ofreció recompensas monetarias para quienes presenten pruebas de fraude. Incluso ha amenazado con impugnar la elección si no se validan sus reclamos.

Por el lado de Keiko Fujimori, todo es beneficio, si debe confrontar en segunda vuelta a la izquierda, si consideramos su experiencia que tuvo contra Pedro Castillo. Porque si fuese contra López Aliaga sería mucho más difícil ya que ambos candidatos comparten un amplio porcentaje de votantes de derechas, que además provocar la abstención, y su consecuente deslegitimidad electoral en la opinión pública, la lectura es de más de lo mismo. Y si bien Sánchez y López Aliaga podrían recrear distintas expresiones del antifujimorismo para ganar el balotaje, nada asegura que un eventual mandato bajo cualquiera de uno de estos dos candidatos, pueda sobrevivir con éxito en este Perú ultra dividido. En tiempos en que los partidos tradicionales desaparecen, o se fusionan u operan “como sellos” para apoyar candidaturas a “dirigentes” improvisados que buscan promover sus negocios personales, el partido fujimorista, Fuerza Popular, opera como el verdadero operador del sistema político peruano. Tienen en el poder legislativo que vuelven a operar con Senadores y Diputados.
¿Y por qué perdura el fujimorismo? Porque todo el mundo sabe que la crisis de representatividad, y dispersión del voto, ha generado la división exasperada en el país. Y lo peor, de un Congreso fraccionado en diferentes derechas, siempre tienen amplias posibilidades de concretar acuerdos con fuerzas menores y partidos programáticos.
Desde el 2018 este poder se incrementó aún más, con sucesivos presidentes que nunca contaron con una mayoría parlamentaria que respaldara sus políticas de gobierno. Con recursos constitucionales como la “censura” o “incapacidad moral permanente”, con expedientes cuestionables como los “interpuestos” a Castillo, han hecho que la salida desde la Presidencia fuera una regla y no la excepción, todo monitorizado desde Fuerza Popular. Por es que, en caso de que Sánchez pueda llegar a segunda vuelta, en caso de triunfo, vivirá en carne propia la renovada mayoría fujimorista. Porque también importa poco el proyecto político, si los conflictos y las desavenencias en el escenario político, afectan a los sectores dominantes, que de última, coinciden siempre en el mismo horizonte del programa económico que, a estas alturas, ya ha demostrado con creces su exitoso rendimiento. Por eso en Perú cambian los Presidentes pero nunca el Presidente del Banco Central.
Los principales grupos económicos como Romero, Breca (antes Brescia), Intercorp, Credicorp, Gloria y Buenaventura, dominan en distintas esferas la economía peruana como la banca, minería, energía, agroindustria, alimentos y construcción, se mantienen siempre atentos ante un escenario político que compliquen sus negocios. Puro pragmatismo, donde su principal ambición es mantener el “statu quo” de un régimen que les favorezca: por eso Keiko Fujimori o López Aliaga, serán siempre convenientes. El imaginario de un Perú con una macroeconomía ordenada y una moneda estable que Perú exhibe ante el mundo, sea una verdad que nunca hila fino. Porque en realidad Perú (junto a Venezuela, a veces Colombia, Nicaragua, y casi toda Centroamérica) tiene un factor común: la emigración económica, pobreza multidimensional, según datos de la Universidad de Lima. Donde un 30% de la población urbana es pobre, y alcanza a un 70% en zonas rurales. Peruanos que no sólo no logran cubrir la canasta básica, sino que tampoco tienen acceso a servicios y derechos básicos como empleo, salud, educación y vivienda. Por eso se ha normalizado ver peruanos viviendo en Argentina, España, Estados Unidos, y Chile, como el factor inmigrante. Sobre todo jóvenes empobrecidos, desempleados y precarizados. De ahí que el próximo 7 de junio Perú será un escenario privilegiado de una pugna que, seguramente, tendrá la atención del territorio sudamericano y, por consiguiente, las relaciones a veces perdida con Estados Unidos, y con China por el área Pacífico.
Con respecto a los Estados Unidos, todo indica que Trump apostará por la candidata de Fuerza Popular, aunque también dio señales de apoyo al otro candidato de la ultraderecha, Rafael López Aliaga. Keiko Fujimori ha buscado el aval de la Casa Blanca impulsando medidas odiosas como la expulsión de inmigrantes, el impulsa más inversiones estadounidenses, la defensa de políticas represivas como solución al problema de inseguridad, y la inserción del Perú en la ola conservadora que está gobernando buena parte de la región. Y López Aliaga no se quedó atrás, y organizó un homenaje a Charlie Kirk, el asesinado líder de MAGA. Pero no siempre alcanza con la afinidad ideológica de la derecha, ya que Perú es un ejemplo del empeño norteamericano para desplazar la influencia de China en el subcontinente. Hoy China es el principal socio comercial e inversor en el país andino: un 40% de las exportaciones de cobre y oro son para China. Además, Perú es un socio clave para el desarrollo geopolítico del Pacífico, con proyección hacia Sudamérica y el Atlántico. El megapuerto de Chancay, es un ejemplo evidente de China, y un desafío geopolítico claro para Estados Unidos.

Pero en Perú los grupos de poder son “binormas”: acuerdan políticas comerciales con China, y establecen relaciones carnales a nivel de defensa y seguridad con Estados Unidos. Por eso es que el gobierno de José María Balcázar, oficializó la compra de 24 aviones de combate F-16 Block 70 por 3.500 millones de dólares, favoreciendo a Lockheed Martin, por sobre otras compañías de Brasil, Francia y Suecia. Lo que sea para equilibrar la relación con Washington y alinease a los criterios de seguridad hemisférica de la “Doctrina Monroe”… Pero hasta hoy, el negocio estaba es veremos…

Pero es dable decir que estas elecciones peruanas son fundamentales para el estudió de cualquier facultad de Ciencias Políticas del futuro. Y ante una eventual segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, tomando en cuenta el antecedente de Pedro Castillo, ¿Existirá la posibilidad de que la derecha impugne la elección ante una derrota de la candidata de Fuerza Popular? Finalmente, ¿qué resolverá la Casa Blanca si Roberto Sánchez accede al poder próximo 7 de junio? Hasta ahora todas las crisis políticas del Perú han sido solucionados dentro del marco constitucional. Y aun cuando es un delirio una elección con 35 candidatos va a presidente, no es imposible que esta elección sea digna de ser presentada en el show de TV de Laura de América, para darnos cuenta que la eterna paciencia del pueblo peruano bien podría derivar en una crisis política cada vez más sería y más profunda, y se reajuste el precio y realmente lleguemos a saber “Cuánto vale un Perú”, pero a fecha de hoy.

Finalmente, si hacemos un poco de política ficción, y si sumamos y restamos porcentajes, nos damos cuenta que la candidata Fujimori, con el 95 % de las actas electorales, solo ha obtenido cerca del 18% de votos, 2.687.661 votos, y tiene en contra al “El Partido de la Bronca”, el más votado hoy en Perú (votos nulos y en blanco), que suman en total 3,144.676 de ciudadanos totalmente decepcionados del Perú del siglo XXI.

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