
Este lunes 20 de julio —después de más de cincuenta años— en la Embajada de Cuba en Washington, D.C. por primera vez ondeará de nuevo la bandera de ese país antillano.
La reapertura de esa sede diplomática dará inicio con una ceremonia especial a las diez de la mañana, aunque por la tarde habrá una celebración con participación de toda la comunidad.
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El “nido” de espías que se convertirá en la embajada de EE.UU. en Cuba

En el Malecón de La Habana destaca un enorme edificio de hormigón que rompe la estética habanera. Durante más de medio siglo la sombra de la sospecha ha rodeado este lugar que ha sido acusado de ser un «nido» de intrigas políticas contra del gobierno de Cuba.
El bloque gris de seis pisos, grandes ventanales y aspecto arquitectónico soviético es la Sección de intereses de Estados Unidos en Cuba y este lunes vuelve a recuperar la categoría de embajada que perdió cuando ambos países rompieron relaciones en 1961.
En enero de 1961, poco antes de la ruptura y en medio de acusaciones de complots y hostigamiento mutuo, Fidel Castro advirtió en un discurso que Washington debía de reducir el personal de su embajada.
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«El gobierno revolucionario ha decidido que antes de 48 horas… antes de 48 horas, la embajada de Estados Unidos no tenga aquí ni un funcionario más de los que nosotros tenemos… (en EE.UU.)», que eran 11, según dijo.

«Mientras presionaban a otros gobiernos para que rompieran con nosotros, utilizaban ellos la embajada para introducir aquí agentes conspiradores y terroristas; porque han estado dirigiendo el terrorismo amparados en la inmunidad diplomática», proclamó Fidel.
Dos días después, los últimos funcionarios de la embajada terminaban de recoger sus cosas y echaron el cierre a la embajada.
Como se supo después, las sospechas no iban desencaminadas.
Desde el triunfo de la Revolución liderada por Castro en 1959, la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) urdió diversos planes y operaciones militares para acabar con su gobierno.

La desconfianza de Cuba hacia la Sección de Intereses ha sido constante. Y viceversa. En 2003 ordenó la expulsión de 14 funcionarios, asignados a la Sección de Intereses de Cuba en Washington y a la representación cubana en las Naciones Unidas.
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El edificio reabrió sus puertas en 1977 tras el acuerdo entre el presidente estadounidense Jimmy Carter y Fidel Castro para permitir tener una Sección de intereses en sus respectivas capitales, bajo la protección de la Embajada de Suiza.
Décadas de desencuentros
El edificio, construido en 1953, ha sido el símbolo visible de la tensión entre ambos dos países, que el pasado 17 de diciembre anunciaron el inicio del proceso del restablecimiento de las relaciones bilaterales.


En 2006 Estados Unidos colocó un panel electrónico en lo alto de su fachada para transmitir mensajes a favor de los derechos humanos.
La respuesta del gobierno cubano fue instalar en tiempo récord un «bosque de banderas» con más de 138 enseñas negras para ocultar los mensajes de Estados Unidos.

El propio Castro inauguró el monumento, en un nuevo episodio de la llamada «Guerra de las Pancartas» iniciada en 2004 cuando los estadounidenses montaron un despliegue de luces indicando el número 75, en referencia a la cantidad de disidentes políticos cubanos encarcelados por el gobierno de Fidel Castro en 2003.
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En respuesta, el gobierno de La Habana rodeó la sede de pancartas con fotos de torturas a prisioneros en Irak.
Otro incidente llegó una navidad. Los estadounidenses decoraron el jardín con un gran árbol de navidad y otros símbolos como Santa Claus, algo que el gobierno cubano vio como «provocación».
La inmensa explanada situada enfrente también fue durante este periodo escenario de manifestaciones «antiimperialistas» multitudinarias convocadas por el gobierno de Castro, en el conocido como «protestódromo».
La arquitectura del entorno de la Sección de intereses también ha sufrido los altos y bajos de la intensa relación entre ambos enemigos.

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El pequeño fue rescatado de las aguas del estrecho de la Florida por unos pescadores, después de que naufragara la balsa en la que viajaba con su madre, quien murió en la travesía, y se iniciara una batalla legal entre sus familiares en Miami y su padre en Cuba.
Con la reapertura de embajadas comienza una nueva etapa pero no sólo en La Habana habrá cambios.
Fuente: BBC Mundo
