El sacerdote Rutilio Grande vive en la mente de los salvadoreños

Los rostros de Monseñor Romero y Rutilio Grande se destacan entre otras importantes personalidades. Una representante de Cispes habla mientras escuchan varios estadounidenses. Foto: Ramón Jiménez

Por Ramón Jiménez

A casi cincuenta años después de su martirio, los salvadoreños todavía celebran la vida del sacerdote Rutilio Grande —ahora un beato de la iglesia Católica por la intervención del Papa Francisco— quien junto a dos catequistas (Manuel Solórzano y Nelson Lemus) fueron asesinados por escuadrones de la muerte el 12 de marzo de 1977, cuando se dirigían a celebran misa en la población de Aguilares.

Ese recuerdo vivo quedó demostrado este domingo, cuando decenas de compatriotas residentes en la región metropolitana de Washington se juntaron en la Casa Rutilio, que funciona en el sector de Adelphi, Hyattsville, Maryland, donde además de escuchar importantes datos sobre la vida religiosa del asesinado sacerdote también disfrutaron de su comida favorita y música en vivo del guitarrista Erik Hernández.

El reverendo Leonel Cruz durante su participación. Foto: Ramón Jiménez.

Una de las personalidades invitadas al evento de este domingo 12 de marzo fue el reverendo Leonel Cruz, quien residió por muchos años en Washington, D.C. y fue un discípulo de Rutilio Grande en sus años de estudiante, quien reveló algunos secretos poco conocidos en la vida particular del beato.

“El mes de marzo es un mes especial para los salvadoreños, ya que seis sacerdotes —entre los que se cuentan a Rutilio Grande y a monseñor Oscar Romero [ahora Santo de la iglesia Católica—fueron asesinados por las fuerzas militares del gobierno, por defender los derechos de los pobres”, recordó Cruz.

Algunos de los asistentes al evento. Foto: Ramón Jiménez.

También Rufina Amaya, la única sobreviviente de la Masacre de El Mozote —perpetrada por batallones especiales del ejército entre el 11 y el 13 de diciembre de 1981—, falleció de una enfermedad cerebrovascular el 6 de marzo de 2007, a los 64 años de edad.

El testimonio de los ataques por parte de Amaya fue reportado brevemente después por los medios estadounidenses The New York Times y The Washington Post el 27 de enero de 1982.

Su testimonio, narrado también en Luciérnagas de El Mozote (1996) fue un instrumento importante para la investigación hecha por la Comisión de la Verdad para El Salvador, de las Naciones Unidas después del final de la guerra

De igual manera la celebrada activista de los derechos humanos, María Julia Hernández, quien habló por las víctimas de la Guerra Civil y documentó todas las atrocidades cometidas por el ejército y los escuadrones de la muerte salvadoreños, falleció de un infarto el 30 de marzo 2007.

Organizadores del evento e invitados. Foto cortesía.

Entre los asistentes al evento en Maryland se encontraba una decena de estadounidenses, de otros países latinoamericanos e incluso uno de la India, que habla muy bien el español y conoce bastante de las duras experiencias de los salvadoreños por generaciones.

“Este día conmemoramos el 46 aniversario de tu martirio y no te olvidamos querido padre Rutilio Grande, celebramos tu vida hoy y damos gracias a cada persona que nos acompañó. Seguimos adelante denunciando los atropellados y abusos que el régimen del presidente actual [Nayib Bukele] está cometiendo, eso es lo que Rutilio estaría haciendo hoy”, señaló la activista Sonia Umanzor.

Jennifer, representante de Las Mélidas, señaló como a esa ONG la está criminalizando el gobierno actual. Foto: Ramón Jiménez.

La misma Marta Valladares —conocida durante la Guerra Civil de doce años y en la actualidad como la comandante Nidia Díaz— se expresó por medio de las redes sociales.

“Queda en la memoria histórica del pueblo salvadoreño este triple y horrendo crimen, que aún se mantiene en la impunidad. Honor y gloria a ellos [Grande, Solórzano y Lemus]”, señaló Díaz.

El guitarrista Erick Hernández interpretó música alusiva al evento así como canciones de Silvio Rodríguez, entre otras. Foto: Ramón Jiménez.

El próximo 24 de marzo también se cumplen cuarenta y tres años del asesinato de Monseñor Oscar Romero, arzobispo de San Salvador, quien recibió un disparo al corazón mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para personas con cáncer.

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