Excelencia en el disparate

Nayib Bukele. Foto Google.

Por Rodolfo Cardenal

SAN SALVADOR, El Salvador, 24/11/2022.- No concederá “ni un ápice de atención” a las organizaciones que velan por la observancia de los derechos humanos, advierte desafiante el régimen de los Bukele, por “defender los derechos de los criminales”. Una fanfarronada más, porque no es verdad. No solo presta atención a las críticas de esas organizaciones y a las de las figuras políticas estadounidenses y la prensa internacional, sino que también lo irritan. No pierde ocasión para arremeter contra ellas con un argumento repetitivo, que habla de poderes fácticos, conspiraciones y partidos acabados. No ha enviado al vicepresidente a Europa a hacer turismo, sino a intentar restaurar la maltrecha imagen presidencial.

En la gira, el funcionario lanzó una propuesta descabellada para sortear el obstáculo que representan los derechos humanos. Planteó “actualizar” los tratados internacionales sobre el tema, es decir, dar vía libre a la brutalidad dictatorial. El Salvador propone semejante despropósito en una Europa que acusa a Rusia de crímenes de guerra. En el mismo plan aparentemente progre, el vicepresidente se permitió anunciar la unión centroamericana para 2024, con lo cual la región se colocaría a la altura de Europa, ya que será similar a la Unión Europea. Más tardó el vicepresidente en hacer el anuncio que en desacreditarlo, ya que enseguida agregó que las instituciones regionales no intervendrán en los asuntos internos de los Estados que conformen dicha unión.

Poco puede hacer un vicepresidente para recuperar la imagen presidencial en Europa. La gira solo ha encontrado eco en los medios del oficialismo local. Con todo, consiguió un titular de primera plana, por insólito, al informar que China compraría la deuda nacional y al recibir un balde de agua fría del funcionario responsable de las finanzas públicas, que lo mandó callar. Al parecer, no es China la interesada, sino Bukele, que contempla introducir el tema en la negociación del tratado de libre comercio con dicha nación. Un desliz vicepresidencial desafortunado que llegó a los medios.

Por otro lado, no solo entre los compañeros universitarios de uno de los diputados oficialistas más formados se observa “el nivel del disparate”. Ahí, la burrada surgía a raíz de la pregunta del docente impertinente al estudiante distraído. Aquí, basta con dejar hablar a los funcionarios de los Bukele. El diputado trajo a cuento ese recuerdo universitario para disimular la apatía del oficialismo ante la contaminación de las aguas superficiales por una mina, situada en territorio guatemalteco. Haciéndose el gracioso, el diputado ironizó que quizás podrían cambiar el curso de las aguas y de la basura con un decreto legislativo. Su intervención, además de exhibir un dominio deficiente del idioma nacional, no va a la zaga de las de sus antiguos compañeros distraídos.

El vicepresidente Félix Ulloa. Foto Google.

El régimen de los Bukele no necesita que nadie lo desprestigie, se basta a sí mismo. El disparate lo domina a la perfección. La embajadora en Washington gusta fotografiarse con príncipes sin principados del este europeo, pero no con la diáspora, cuya permanencia en Estados Unidos se encuentra amenazada a mediano plazo. Prefiere hacer de guía turística de millonarios especuladores en criptomonedas que ocuparse de las angustias de los inmigrantes.

El disparate más reciente es del propio Bukele, quien dijo haber decidido adquirir un bitcoin diario, justamente cuando las criptomonedas pasan por una de sus crisis más devastadoras. Tal vez solo trata de llamar la atención. En cualquier caso, indica su disposición a malbaratar un dinero que no tiene, en una moneda que, después de la última quiebra multimillonaria, no deja ninguna duda acerca de su naturaleza criminal. La moneda electrónica ha demostrado ser un poderoso medio para el fraude electrónico y la aventura especulativa.

El régimen no tiene argumentos para refutar los señalamientos de una crítica que sigue de cerca sus desmanes. Estos han llevado su credibilidad a la bancarrota. No es, pues, cierto que, tal como alega retadoramente, “ya a nadie le importa lo que digan los grandes medios, los organismos internacionales, las ONG o la oposición”. La presencia negativa en la prensa, los informes y las declaraciones le importan mucho. La imagen juvenil, irreverente e intrépida ya no es recibida en la comunidad internacional. Tampoco en una buena parte de la diáspora de Estados Unidos. Ahora bien, a un creyente ferviente en la soberanía nacional y seguro de sus actuaciones no debieran preocuparle la opinión adversa y la censura severa.

El disparate encuentra espacio sin dificultad en la prensa y las redes sociales. Una de las tareas asignadas a los funcionarios del régimen es desvariar. Sus ingeniosas inventivas precipitan tendencias, que desaparecen tan aceleradamente como surgieron. Un disparate es sustituido rápidamente por otro más descabellado. Entre más absurdo, mayor la atracción. El régimen posee una excelencia sin parangón para producir disparates. Pero su creatividad no es ilimitada. Sobre ella se cierne la amenaza de un público cansado y desengañado de tanta maravilla y tan poca realidad.

* Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.

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