Gustavo Gorriti: “quieren destruir los casos expuestos por el periodismo de investigación”

Gustavo Gorriti y Oscar Medrano, sobrevolando la zona del VRAEM. Foto cortesía.

Si se anulan las pruebas centrales, los procesos se caen y aterriza el regalo inesperado de la impunidad, asevera IDL Reporteros.

Por Roberto J.  Bustamante (*)

Frente a la criminalización de la libertad de información que se vive en el Perú, a la cual se une la campaña de desinformación, reproducimos las recientes declaraciones de Gustavo Gorriti, director de IDL Reporteros. 

Periodista, columnista y escritor peruano conocido por sus reportajes sobre grupos subversivos, corrupción gubernamental y narcotráfico, el European Journalism Centre le describió como «el periodista peruano más premiado». En 1992, Gorriti fue secuestrado por las Fuerzas de Seguridad a las pocas horas del autogolpe del entonces presidente Alberto Fujimori. Como respetado periodista de investigación, ha ganado crédito por su labor periodística como uno de los observadores más respetados de la realidad peruana.

Gorriti, acaba de cumplir 76 años de edad y reveló que padece de cáncer a los ganglios, al ser entrevistada por la periodista Rosa María Palacios.

Los periodistas en el exterior nos solidarizamos con sus investigaciones y su tenacidad para soportar los ataques contra el periodismo de investigación. 

Estridente desinformación

“La mega campaña de estridente desinformación desatada contra IDL-Reporteros (y en particular contra este periodista), es peculiar. Sus cimientos no son más que gases, los de la mentira, que se revisten luego, para intentar darles cuerpo, con varias capas de falsedades de distinto tono y destino: desde la desgañitada gritería de ‘La Pestilencia’ hasta las sacha entrevistas y comentarios en los programas de la sentina de desinformación que es Willax y sus satélites.

Eso ya ha sido dicho, y también se ha remarcado la burda y torpe naturaleza de ese enrolamiento masivo de mentiras. Lo que se subraya menos es la movilización sin precedentes que supone esa campaña. Cuyos evidentes costos confirman el perfil de sus protagonistas más notorios, a la vez que apuntan a otros todavía ocultos.

¿Quiénes son? Sin duda forman parte medular de aquellos a quienes las investigaciones contra la corrupción realizadas en este siglo, sacaron a la luz, junto con el detalle de sus fechorías.

Gorriti, observa las evidencias de la masacre de periodistas. Foto Òscar Medrano Pérez.

Destrucción sistemática de la verdad 

Ahora, ese grupo percibe encontrarse frente a una ventana de oportunidad única: la de destruir los grandes casos expuestos por el periodismo de investigación y procesados por las fiscalías especializadas. Su estrategia transita por los siguientes pasos:

  • Destruir, a través de la difamación, la desinformación y el puro insulto, la credibilidad y el prestigio de los periodistas de investigación que revelaron los casos paradigmáticos;
  • Desacreditar a los fiscales que llevaron esos casos; impedirles continuar con las investigaciones y, sobre todo, impedirles litigar su acusación en los juicios inminentes;
  • Aprovechar (y esta es su ventana de oportunidad) la acción sistemática del juez José Antonio Dias Toffoli, en Brasil, de anular sin mayor razón pruebas vitales en el caso Lava Jato, que llevan a la impunidad de muchos procesados.

Esto último es vital para quienes enfrentan juicios inminentes o programados. Si se anulan las pruebas centrales, los procesos se caen y aterriza el regalo inesperado de la impunidad.

  • Pero como la pura impunidad gracias al obsequio del juez Dias Toffoli, no basta, debe precederla (o complementarla, según sea el caso) una campaña de lavado y ensuciado a presión. Esa campaña en paralelo consiste en subvertir y travestir, a la fuerza, fracturando la verdad de los hechos, la narrativa de los casos de corrupción.
La Pluma de Plata para Gustavo Gorriti. Foto Oscar Medrano Pérez.

En la nueva narrativa, construida sobre los escombros de la verdad, impuesta por oleadas de desinformación y rubricadas por la amenazante ‘Pestilencia’ (en renovada demostración de lo que dijo Solzhenitsyn, que la mentira y la violencia son, al fin, inseparables), investigaciones como las de Lava Jato y Lava Juez, se describen como cínicas formas de persecución a inocentes, libres de toda culpa. Así, mientras esos “inocentes” consiguen una beatificada impunidad, la venganza, precedida por el descrédito, desciende sobre quienes se atrevieron a investigarlos.  

Los cleptócratas del continente

Guatemala les enseñó el camino. Para esos grupos, especialmente los de ultraderecha, es una pena que el inoportuno Bernardo Arévalo haya alterado las cosas con su inesperada victoria presidencial. Pero a la vez saben que su posición es precaria y no les quita espacio de maniobra. Si es tan formalista como parece, se le puede arruinar la vida a tinterillada limpia, reducirlo a la impotencia y paralizar su gestión. La coalición de corruptos en Guatemala ha demostrado ser capaz de eso, y de mucho más. Para los cleptócratas del continente, marcó el camino de cómo desmontar y destruir incluso eficientes luchas contra la corrupción como lo hicieron con la CICIG y su trabajo.

Y aquí, para la coalición de corruptos, las cosas están claras también y la campaña de destrucción de la verdad se encuentra en pleno despliegue y ejecución”. Para más informacion pueden visitar: https://www.idl-reporteros.pe/destruccion-de-la-verdad/

 

(*) Roberto J. Bustamante, es periodista y científico social

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