Las virtudes de Mónica

Por El Lector Americano

Túnez, 22 de junio, 2022.– Tomo nota. Hace unos días me encontré con alguien (pongámosle que se llama Mónica, y diremos que es mi prima…) que se presentó para que yo la describiera, la retratara, la fijara en mi mente enfermiza de alguna manera. Anoté, entonces, algunas características que esta chica me regaló:

*Mónica, el celular y Facebook:
Construye la espera todo el tiempo; agarra su Smartphone a cada rato mientras esta con uno; lo revisa, lo pone en ‘mute’ si tiene que escucharte un minuto, para evitar confusiones, dice ella: pero ella está escuchándote; sólo un minuto. Ama que le llamen a cualquier hora, nunca le baja el volumen a su aparato, el cual vibra de forma espasmódica. Se pone de pie, se sienta o se arrodilla mirando sus pies mientras habla; corta triste, o con excitación. Nunca es feliz cuando está contigo. Espera algo mejor del instante. Siempre hay algo mejor para ella.

*Mónica y los mensajes de whattssap:
Mataría por un iPhone ¿12? Con pantalla táctil a la lengua. De esos que se abren con un guiño, pero sabe que jamás tendrá uno; ella es ahorrativa, y dice sentirse orgullosa de serlo. Su voz se vuelve más grave cuando confiesa esto y se mezcla con un jadeo inexistente en su vida real. Le espanta la capacidad que tienen algunas personas para darse placeres, y hacer un recuerdo de eso: sabe que lo que diga se lo tomará en serio, por una hora, o una semana; entonces elige cuidadosamente las palabras para imponer su propia miseria. Sin embargo, es capaz de llorar frente a una imagen de guerra al otro lado del mundo, pero no paga una cena de ayuda solidaria si que valga más de 30 dólares. Ni loca!

*Mónica y las estaciones del año: nunca en otoño. Se pone triste, y le da por hacer dieta.

*Mónica y las estaciones de tren:
Le impacta y eriza la piel la eventualidad, porque no podría tomar cualquier vagón. Pierde el tiempo en las ventanillas y en los pasillos y en los vagones restaurant de los trenes de larga distancia. Espera conocer un hombre ESPECTACULAR, pero sabe que si esta solo por algo será.

*Mónica y el tiempo:
Fijarse en el segmento Mónica y ella misma.

*Mónica y la muerte:
Ella piensa que es inmortal, aunque haya intentado borrarse por lo menos dos veces. Una vez, en mi casa, me habló más de media sobre la vida después de la muerte, de cómo es que uno va de un nirvana a otro. Después de tamaña confesión, como si creyera en eso, enseguida tragó un sorbo de cerveza, se pasó la manga por la boca y se cagó de la risa.

*Mónica y los hijos:
Piensa que un día de estos tendrá uno sin advertirlo; por ahora sólo los desea y les teme. A veces se toma atribuciones con hijos ajenos. Los mima, los controla, y les quiere bajar línea. Los padres de esos niños la miran con incredulidad.

*Mónica y el sexo:
Supo a los quince se iba a acostarse con su novio de turno; lo consiguió a los diecinueve. Durante las primeras semanas su anatomía se negaba a abrirse un poquito: se le dormían los brazos y las piernas, estaba asustada y torpe, se emborrachó la mayoría de las veces, y una vez –la tercera o la cuarta vez– lloró de amor. Después criticó el pene de su enamorado, y claro, el tipo se enojó. Desde ese entonces, nunca le cierran bien ningún amante u hombre. Tampoco le gustan tanto las fiestas y reuniones de amigos. Se emborracha, mueve la cola, y le toca las nalgas a los novios de sus amigas.

Yanko Farias.

*Mónica y ella misma: o su decálogo de siete puntos

a) Mónica y Latinoamérica:

Quiere decir, cierta manera de ser, como si todo el tiempo supiera que algo va a ocurrir; la consabida forma de perder el tiempo, de llenar cuadernos como si fuera una testigo privilegiada de algo. Una manera caribeña de amar, de tirar mierda por doquier, de enojarse cada vez como si fuera la última. Ella es triste. No está triste, ¿Por qué? y ella responde: “Soy triste”, y se ríe. Sensación de golpe bajo, mareo de escalera mecánica, o de túnel, para ella Latinoamérica es eso, lo que no cambia, la incrédula esperanza de luz, con el sol al final del túnel. Mónica siempre dice que el sur del continente es mañana, y esperanza, pero ni cagando se va vivir allá. No hay modo de entender esos monólogos de Mónica. Allá, dice Mónica, hay que prohibir las corbatas de seda. Ella sólo dice eso cuando está borracha, porque ella misma lleva un pañuelo de seda italiana comprado en la ropa usada. Pero hay que prohibirlas, dice ella.

b) Mónica y los personajes made in USA: Dice que en Latinoamérica amarían a Luther King o a Malcolm X. Ella los imagina apaleados por la policía, y como nota “color” en la CNN. Ciudades locas, con músicos ambulantes que bailan moviendo el culo. En el sur del continente todos mueven el culo, dice mi prima Mónica. No sé si hablamos de lo mismo. Sabe que mucha gente de USA no soportaría ese lugar, y por eso me pide que no nos vayamos. Mónica dice que están todos locos, en un inglés decadente porque a ella no le gusta que le digan hispana.

c) Mónica y el bloque histórico: Ella dice que hay posmodernos y militares, y stalinistas, y guevaristas perdidos, y bronca, tanta bronca como nunca imaginaste, y mierda, y divisiones, y divisiones de divisiones, y artistas malos, y comerciantes que se creen artistas, y más mierda, y gente que habla de política como cuando hablan de dieta, y que son capaces de amarte o fusilarte el mismo día, con media hora de diferencia. Pero yo soy eso, me dice. Nunca voy a poder quitármelo de encima, reitera. Es eso; mi eterna sensación de cornisa, confiesa bajando la voz.

d) Mónica y las despedidas: nunca saluda, ni cuando llega ni cuando se va. Y siempre tiene trabajo pendiente, hasta en los domingos. Ella ama los horarios y las agendas. Y aun, cuando odia lo que hace, siempre se encarga de hacerte saber que hace algo importante.

e) Mónica y el trago: cree efectivamente que beber le hace bien. Por eso siempre tiene vino, blanco de preferencia. Bebe como un cosaco, pero ella dice que tiene sus medidas.

f) Mónica y las dietas: se ve gorda todo el tiempo. Come naranjas y es capaz de comer un limón todo el día sin sentir agria su boca. Come mucha verdura, pero le encanta la carne y el chancho.

g) Mónica y los libros: Ama lo que lee. Pero no lee mucho. Solo lo de su trabajo. Lee de la misma forma que quiere, descuidada e ingenuamente, siempre por primera vez. Por eso no incorpora ni conocimientos ni historias. Siempre está en el nivel cero. De esas que te cuentan que leyeron algo hermoso, pero no se acuerdan del título del libro. Eso sí, le encantan los gimnasios para ir a ligar. Lo mismo que los artículos electrónicos para ser flaca, o tener menos pechos, que son grandes y graciosos. ¿Y cómo anda Mónica y con su destino? Eso no lo puedo decir, ni menos saber. Me lo prohibió que lo dijera la última vez que nos vimos. Ella siempre se guarda un secreto.

 

 

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