Sueños insomnes

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Por El Lector Americano

Desde Burke, Virginia, 12 de mayo de 2024.- Quisiera ser espuma en el mar… Este es el comienzo de un sueño profundo. Ese, de la finísima línea y la corta distancia que separa al soñador de tiro corto a altas horas de la madrugada, porque dormir también puede ser un lujo. De noche, cuando el no-sueño se posiciona en lo más vertical de tu nebulosa, el sosiego en la vida de los otros ya no importa. Y así voy, yendo y viniendo en la penumbra, mientras escucho Variaciones Goldberg de Bach, que es el sumus del sueño/deseo de un dentista melómano. Todo leído en las noticias que desbordan el territorio de la tontería/informativa, como puede ser el récord de entradas de Taylor Swift, o si enviaran, o no, las armas necesarias para que Israel ayude a cimentar la democracia y la libertad en esa parte del mundo. O la ayuda a Haití, ese país que oscila entre la indiferencia y el delirio porque recibió las vacunas del COVID, tres años después.

Y nuestros burócratas de la ONU, y El Pacto de Varsovia y la URRSS, se contradicen y se retuercen para seguir con el Muro de Berlín (ufff, me olvidé avisar creo que esto es parte de un insomnio de los ‘80). Esto lo cuento para despistar, y despistarme yo mismo, ante tanta mala memoria y sus fechas, y tanta discusión polisémica, que se beneficia de esa conducta social/individualista por haber pasado hambre en la Primera y Segunda Guerra Mundial. De cómo fue cagarse de hambre desde 1914 hasta 1968. Lo cual se olvidó. Después llegaron los inmigrantes desde África por el Mediterráneo, y el hombre europeo empezó a ser algo centrífugos y buenos p’al trago, como hoy lo son los deprimidos ucranianos.

Después hay que dormir apurado, vía melotonina, para re calcular que con todo el insomnio del mundo repartido entre millones de insomnes y suspendido en el limbo nocturno de Burke, Virginia, con una cucharita de Ratisalil se podría parar la joda. Ya no se necesitarían miles de elefantes verdes para equilibrar tanto sueño/ficción. Y me pregunto: ¿ayudará a conciliar el sueño contando ovejitas o chanchitos? …💤.

Foto cortesía.

Ballenas mercenarias. ¿Alguien se acuerda de Wuhan? Nadie. Pero seguro les interesará conocer un poco como los Monty Python, los de La vida de Brian, esos que lo hicieron compartir barrio con Cristo, que se parece a alguien que yo conocí cuando jovencito hablando de cosas que yo desconocía. Tito Pro, se llamaba, y un día pasó de guerrillero a ladrón de bancos, después de ideólogo a mercenario troskista. Se vestía de negro con anteojos oscuros como Pier Paolo Pasolini, y con voz penetrante hablaba con máximas y frases para el mármol.

“Escucha —me dijo un día— no tenemos por qué obedecer a un teórico que está en Europa. Nuestra vida debe arrancar con nuevas libertades que deben tener medidas y palabras nuevas. Por ejemplo: un ‘Tramo’, que es el tiempo que pasa desde que me despierto de mi insomnio, y me levanto a la mañana. Y después ese ‘cansancio’, que dura cuando empiezas a caminar hasta que terminas, y divagas tu vida de noche. Pues bien, esta es la piedra angular de la libertad… para fluir, y fluir de nuevo».

¿Por qué recuerdo las palabras de Tito Pro? Porque ha sido la persona más contradictoria e insomne que conocí en mi vida.

El impasse energético. Hay mucho donde mechar en un desvelo. Como cuando aprecias un buen thriller, en los que —la mejor parte y la peor de todas— es cuando el protagonista se contagia de insomnio. Después, a lo que venga —distópico o gótico— y ese insomne alumbra el amanecer. Todo como desde las profundidades del espacio de la ‘dimensión desconocida’, argumento que deviene desde la levedad de los medios de comunicación que no dejan de alimentarse de todas las ficciones de la ciencia.

Sube y baja. Y ahora no me queda otra que hacer idas y vueltas de esto qué pasa, el resto del día como en una montaña rusa invertida: empieza bajando lento para luego volver a subir a toda velocidad. Así me voy anticipando a novedades del tercer tipo, para ver si me «relajo» tomando medidas para «salvar la noche», como cuando alguna vez intenté «salvar a una chica blonda” que se ahogaba en la playa, y casi me ahogué yo, pero ella me salvó.

Tiempo después, años, unos estudios/encuestas determinaron que el aumento del estrés y el descenso de la confianza es por culpa del insomnio. El estudio no reveló nada de la perturbadora excitación en la red, con “chicas húmedas” y todo ese mollo, por lo que me han comentado. Pero siempre está el ‘continuará’.

Después una golondrina viuda golpeó mi ventana, y me dijo que hay que envejecer con todo, pues eso de llegar a viejo con dignidad, es una blasfemia.

Calderón tenía razón. No dejo de pensar en la brevedad de los gestos, que no es otra cosa que la materia de mis ensueños de mis deseos. ¿Me podré hacer un héroe como Gladiador, de Russell Crowe?

¿Los militares de hoy que usan Drones para ganar una guerra, habrán interpretado realmente la dimensión heroica de Máximo?

¿Los mafiosos de México, Ecuador y Colombia repetirán alguna vez las líneas de Michael Corleone, en El Padrino III? Esa que decía: Justo cuando pensé que ya estaba fuera vuelven a arrastrarme adentro”.

¿Son fáciles las instrucciones de uso cuando entra un nuevo gobierno?

Digo, solo basta con soñar de noche y ver cómo gobiernan algunos para quedar “lelo” o insomne por varias semanas.

También te puede dejar insomne darte cuenta que la parodia de Cristo, la de los Monty Python, hoy tendrían que filmarse  en un escenario artificial, pues ya no existirá ni Palestina ni los Reyes Magos. Y los Doce Apóstoles, seguro serán los burócratas del Comité de Seguridad de la ONU.

El dormilón.  Dormirse congelado ahora para vivir después, de eso se trata el asunto. De eso trata, El dormilón, de Woody Allen, esa película que exploraba la posibilidad, muy dormido, de ser enviado sin escala a un futuro que el protagonista no comprende, y donde tampoco él es comprendido. Un bello durmiente, que un día abre los ojos en un mundo hostil y peligroso. El protagonista debe confiar en el avance científico, pese al retroceso humanístico. Pero Woody pasa de ser ‘súbitamente primitivo’, a ser promotor, en el contexto de frialdad de un futuro perfecto, en un educador de la imperfección de “los sentimientos humanos del pasado”.

En fin, una película que describe una inherente paradoja, que dice que una pesadilla es anterior al más dulce de los despertares, y que los sueños más dulces al final resultan ser una amarga pesadilla cuando despiertas.

¿Se entendió? Mmm…

Amanece que no es poco. Escribo esto a las 4am, y después me olvido de quién era quién, y me pregunto si todo esto no es más que unas galimatías de un sueño desesperado.

Después con los ojos cerrados, pero con la cabeza abierta, me doy cuenta que al final, contar todo esto no era necesario. Pero ya es tarde, porque adormilado me doy cuenta que una confesión onírica a medias, donde te guardas algo para ti, pero en una de esas, ayuda a preservarte por si alguien te sueña.

Mejor digo buenas noches primavera, y así blindó mi corazón.

 

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