Foto cortesía
Por Issac Cohen*
Un mes después del inicio de las hostilidades en Oriente Medio, los indicadores de turbulencia se extienden por toda la economía estadounidense. En el mercado bursátil, tanto el Dow Jones Industrial como el S&P 500 acumulan cinco semanas consecutivas de caídas, con un descenso superior al 10 % respecto a sus máximos recientes. Esta caída es peor que la provocada por el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022.
Los precios del petróleo han superado la barrera de los 100 dólares, con la gasolina regular sin plomo en Estados Unidos por encima de los 4 dólares por galón, en medio de la preocupación de que, debido a la reducción de las reservas, si persiste el cierre del estrecho de Ormuz, los precios del petróleo se disparen.
Además, el aumento de los precios de la energía, aparte de su impacto en los costos del transporte, ya está afectando a otros sectores y actividades. Por ejemplo, el impacto en la agricultura se manifiesta en la escasez y el aumento de los precios de los fertilizantes, mientras que los precios del aluminio han subido debido al cierre de las plantas de producción de Qatar. Qatar también produce un tercio de la demanda de fertilizantes. Otro sector clave es el de los plásticos, donde el aumento de los precios de las fibras sintéticas, como el poliéster, está provocando un incremento en los precios del algodón, utilizado como sustituto.
La mayoría de las predicciones sobre las consecuencias de esta turbulencia se centran en la desaceleración del crecimiento que pueden provocar estas subidas de precios, la cual podría derivar en un repunte inflacionario. Sin embargo, todas las predicciones van precedidas de un gran «si», en forma de la esperanza de que «la guerra termine pronto».
Analista y consultor internacional, exdirector de la CEPAL en Washington. Comentarista sobre temas económicos y financieros para CNN en Español, UNIVISION, TELEMUNDO y otros medios.
