San Romero vive en el área metropolitana de Washington

Vista parcial de las decenas de personas que asistieron a los debates comunitarios. Foto: Ramón Jiménez

Por Ramón Jiménez/ML Noticias

Con un debate comunitario, un pequeño festival musical y la participación de las diferentes organizaciones comunitarias que ofrecen sus servicios en Washington, D.C., dio inicio la Semana de Acción de Romero el sábado 21 de marzo, la que se prolongará hasta el lunes 30 de marzo.

Entre las dos fechas se encuentra el 24 de marzo, que fue el día en 1980 (hace 46 años) cuando el entonces arzobispo de San Salvador, Oscar Romero fue asesinado por escuadrones de la muerte de un tiro al corazón, mientras oficiaba misa en la capilla de un hospital para personas con cáncer al poniente de la capital salvadoreña.

Los tres panelistas: Manuel Hernández, Jaime Contreras y Nancy León (al micrófono). En los extremos Arnoldo Díaz y Rosita Tobías, moderadores del primer debate.

Y que mejor lugar para recordar al salvadoreño más universal como es la iglesia San Esteban, que funciona en el sector de Mount Pleasant y Columbia Heights al noroeste de la capital estadounidense.

Ahí se desarrolló el festival comunitario “Romero vive en el DMV”, que es como se conoce a la región metropolitana de esta capital, que incluye al Distrito de Columbia y condados vecinos de Maryland y Virginia.

Durante el evento de unas siete horas de duración hubo varios testimonios de líderes de la comunidad —algunos con alcance a nivel nacional—, que narraron sus propias experiencias para adaptarse a este país, que últimamente ha sufrido cambios drásticos que afectan en gran manera a los millones de inmigrantes.

“Llegué a este país a través de la frontera cuando tenía 13 años, pero 38 años después es difícil describir lo que está pasando en la actualidad en este país que afecta mucho a los inmigrantes, ya que es lo peor que he visto”, dijo el líder sindical Jaime Contreras.

San Romero antes de ser asesinado el 24 de marzo de 1980. Foto cortesía.

Este lunes 23 de marzo a las 7pm (4pm hora del Pacífico) habrá una conversación en línea entre un líder del Movimiento de Víctimas del Régimen (MOVIR) en El Salvador y un líder de derechos de los inmigrantes en Estados Unidos, sobre las amenazas paralelas que enfrentan los inmigrantes y cómo conectar las luchas.

También al activista Manuel Hernández, quien fue otro de los participantes en la mesa de debates le impacta la actual situación.

“En el último años hemos experimentado el impacto más fuerte”, dijo. Es duro recordar que nos hemos entregado en cuerpo y alma a este país y de repente pensar que nos pueden llegar a tocar la puerta de nuestras viviendas o que nos saquen violentamente de nuestros carros”, señaló Hernández.

Aunque Hernández ve que la situación ha mejorado «un poquito» en cuanto a la persecución de las autoridades migratorias y de seguridad, “la incertidumbre continua”.

Todos los panelistas reconocieron que “nuestra gente necesita más información” y que “se deben apoyar unos a otros” de diferentes formas, “hay que luchar y no tener miedo”.

Recomendaron que las personas que carecen de documentos migratorios en regla deben saber adónde acudir para recibir la ayuda necesaria, cómo hacer un poder ante un abogado si se tienen hijos pequeños o propiedades que se pueden perder. De igual manera, sugirieron encarecidamente hacerse ciudadanos a las personas que ya poseen los documentos necesarios y votar en las próximas elecciones. Enfatizaron que en Washington, D.C. todas las personas mayores de 18 años pueden votar, sin importar si son residentes o no.

Al reaccionar sobre la perspectiva de San Romero, Contreras reconoció que muchos padres —incluyéndose a si mismo—, le están fallando a sus hijos para dejarles un mejor país, un mejor mundo. “Eso me inspira a seguirme a mi mismo”, enfatizó el líder sindical.

También el 28 de marzo será un día de salir a las calles a participar en la campaña “No Kings”. Si desea participar enviar un mensaje a info@cispes.org

Organizaciones como CISPES —y otras más—, están luchando junto a las familias de las víctimas en El Salvador y los inmigrantes aquí en Estados Unidos, para asegurarse de que nadie tenga que ver como desaparece un ser querido, ya sea en una prisión salvadoreña o en un almacén de ICE.

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