El hielo marino del Ártico alcanza su nivel invernal más bajo, mientras un calor sin precedentes pulveriza récords en toda la Tierra

Foto cortesía NBC Washington

Redacción ML Noticias

El hielo marino es crucial para el clima de la Tierra, ya que, sin su capacidad para reflejar la luz solar, una mayor cantidad de energía térmica se transfiere a los océanos. El hielo de todo tipo que rodea los polos actúa como el refrigerador del planeta.

El vital hielo marino del Ártico se redujo hasta igualar su nivel más bajo jamás registrado durante el invierno —la estación en la que habitualmente crece el hielo—, mientras una Tierra en calentamiento pulverizaba récords a lo largo y ancho de los continentes, reportó NBC4.

Los niveles de hielo marino en el Ártico —especialmente durante el verano— son cruciales para el clima terrestre, dado que, si el hielo no refleja la luz solar, una mayor cantidad de energía térmica se incorpora a los océanos. El hielo de todas sus formas en torno a los polos actúa como el sistema de refrigeración de la Tierra.

La vida silvestre —como los osos polares y las focas— también depende de la presencia de hielo marino. La ausencia de hielo marino en el Ártico propicia la apertura de nuevas rutas de navegación y, al hacerlo, genera disrupciones geopolíticas, convirtiendo en lugares más codiciados a zonas que antaño pasaban desapercibidas, como es el caso de Groenlandia.

La noticia sobre la reducción del hielo marino en el Ártico se dio a conocer el jueves, coincidiendo con una jornada en la que las temperaturas batieron récords de calor para el mes de marzo en Estados Unidos, en todo México, en Australia, en el norte de África y en diversas zonas del norte de Europa. El climatólogo e historiador meteorológico Maximiliano Herrera —quien lleva un registro de las temperaturas extremas— calificó las temperaturas extremas de marzo como «el evento de calor más extremo, con gran diferencia, en la historia climática mundial» y señaló a través de las redes sociales que los próximos días serían «mucho peores».

Según indicó el historiador meteorológico Chris Burt, en el transcurso de la última semana —aproximadamente— dieciséis estados batieron sus récords de temperatura para el mes de marzo. Los meteorólogos informaron que, durante la semana pasada, veintisiete localidades registraron temperaturas lo suficientemente elevadas como para igualar o superar la jornada de abril más calurosa de la que se tiene constancia; entre dichas localidades se encuentra la ciudad de San Luis.

En México se han pulverizado miles de récords —algunos de ellos con temperaturas superiores incluso a las máximas históricas del mes de mayo—; no obstante, esta situación palidece en comparación con lo que está ocurriendo en Asia, donde —según Herrera— «decenas de miles de récords mensuales» han sido superados por márgenes de entre 30 y 35 grados (equivalentes a entre 17 y 19 grados Celsius).

Sin embargo, y de manera simultánea —a principios de esta misma semana—, la Antártida estableció un récord al registrar la temperatura más baja de todo el planeta para un día del mes de marzo: 105,5 grados bajo cero (equivalentes a 76,4 grados Celsius bajo cero), según informaron Herrera y Burt. El declive constante del hielo marino

Cada año, el hielo marino del Ártico crece durante el frío invierno y se reduce con el calor del verano. Este año, el crecimiento fue tan escaso que su punto máximo —antes de comenzar a reducirse— alcanzó los 5,52 millones de millas cuadradas (14,29 millones de kilómetros cuadrados).

Esta cifra es ligeramente inferior a los 5,53 millones de millas cuadradas (14,31 millones de kilómetros cuadrados) registrados el año pasado; no obstante, el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo —encargado de realizar estas mediciones— considera que ambas cifras son tan cercanas que las califica como un empate técnico.

La extensión del hielo marino de este año fue aproximadamente 525.000 millas cuadradas (1,36 millones de kilómetros cuadrados) inferior al promedio de los picos invernales registrados entre 1981 y 2010. Esta diferencia equivale, aproximadamente, al doble de la superficie del estado de Texas.

«A medida que las temperaturas han ido aumentando —y continúan haciéndolo—, especialmente en la región polar, existen menos oportunidades para la formación de hielo; por consiguiente, la tendencia general será hacia una menor cantidad», afirmó Walt Meier, científico sénior del centro de datos. «No se trata de que estemos presenciando un cambio de régimen ni nada por el estilo; es más bien un declive constante durante la temporada invernal y en el momento de alcanzar su extensión máxima. Además, esto nos sitúa en una posición de partida más avanzada de cara a la temporada de deshielo estival, dado que comenzamos desde una cifra inferior».

La importancia del hielo marino estival

La temporada de deshielo estival —la cual precede a la medición que se realiza en septiembre, conocida como el «mínimo de hielo marino del Ártico»— constituye «realmente el periodo crítico», señaló Meier. Una de las razones es que, al haber una menor cantidad de hielo blanco reflejando la intensa luz solar del verano, los océanos tienen una mayor capacidad para absorber calor. Y cuando esto sucede, la temperatura del Ártico se aproxima a la de las regiones situadas más al sur, lo que a su vez provoca cambios en la presión atmosférica. Según una teoría destacada —aún objeto de controversia—, estas alteraciones en el Ártico modifican posteriormente el movimiento y la trayectoria de la corriente en chorro; este flujo atmosférico es el responsable de desplazar los sistemas meteorológicos de oeste a este y contribuye a la aparición de episodios climáticos extremos, explicó Meier.

El deshielo del hielo marino no contribuye al aumento del nivel del mar.

Asimismo, la temporada de crecimiento del hielo marino invernal presenta una mayor variabilidad en función de los cambios meteorológicos; por consiguiente, el hecho de que el Ártico registre un mínimo histórico en el mes de marzo no implica necesariamente que la extensión del hielo durante el verano vaya a alcanzar también un mínimo histórico, aclaró Meier.

«El máximo invernal resulta, sin duda alguna, un dato de gran interés», concluyó Meier. «Es, diría yo, una señal del cambio climático y del calentamiento global».

En el otro extremo del planeta, el hielo marino de la Antártida se ve fuertemente afectado por factores meteorológicos y oceánicos locales. En febrero, la Antártida alcanzó su mínimo anual y, si bien su extensión fue inferior al promedio de los últimos 30 años, no se acercó en absoluto a los niveles mínimos históricos de los tres años anteriores, señaló Meier.

Escrito por The Associated Press.

Editado por Ramón Jiménez

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