Foto: Sevicio de Parques Nacionales – NPS
Con más 3,200 kilómetros cuadrados de montañas, profundos cañones y desierto a lo largo del río Grande en Texas, el Parque Nacional Big Bend es uno de los paisajes más significativos de los Estados Unidos, que recibe medio millón de visitantes al año.
Grupos conservacionistas alertan sobre el perjuicio que tendrá la construcción de nuevos tramos del muro fronterizo entre EE. UU. y México, en el área del Parque Nacional Big Bend y el Parque Estatal Big Bend Ranch, y los efectos irreversibles para la biodiversidad, el hábitat y las comunidades locales.
De acuerdo a Texas Conservation Alliance (TCA), un muro fronterizo en el área del Parque Nacional Big Bend no representa el enfoque más eficaz para la seguridad. La organización conservacionista, afiliada de National Wildlife Federation, señala que las barreras permanentes restringen el acceso a los ríos, interfieren con las tierras de trabajo, dedicadas a las actividades agropecuarias y, además, fragmentan el hábitat y los corredores ecológicos, fundamentales para la supervivencia y la migración de la fauna silvestre. Una vez construidas, las barreras tienen un impacto irreparable en los ecosistemas y la naturaleza, asegura TCA.
Además del perjuicio ecológico, la construcción del muro tendrá un impacto en la economía local que depende del turismo y el acceso al Parque Nacional Big Bend, el Parque Estatal Big Bend Ranch y el río Grande, que estarán restringidos. Según la TCA, este proyecto podría incluir la expropiación de la propiedad privada, vulnerando los derechos de las comunidades.
