Foto: History Facts
Por Michael Nordine
Si vas a atacar a la reina, más vale que no falles. Nada menos que siete aspirantes a asesino aprendieron esa lección por las malas cuando intentaron —y, en todos los casos, fracasaron— acabar con la vida de la reina Victoria de Inglaterra.
El primer incidente ocurrió durante un paseo por Hyde Park, en Londres, en junio de 1840; por aquel entonces, la monarca estaba recién casada y embarazada de cuatro meses. Edward Oxford, descrito por el príncipe Alberto como «un hombrecillo de aspecto mezquino», le disparó con una pistola de duelo y falló. Nunca reveló el motivo de su atentado contra la vida de la monarca y fue declarado demente.
El siguiente fue John Francis, cuya arma también falló al disparar en su primer intento, el 29 de mayo de 1842, y erró por completo en el segundo intento al día siguiente. Fue condenado a muerte, pero la reina Victoria hizo que lo enviaran a Australia en su lugar. (Alberto, que al parecer podría haber sido un cómico especializado en insultos, calificó a Francis de «granuja pequeño, moreno y de mal aspecto»). John William Bean (cuyo intento tuvo lugar el 3 de julio de 1842) y William Hamilton (29 de junio de 1849) fueron igualmente malos tiradores.
Bean, que sufría una deformidad en la columna, cargó su pistola con tabaco, y Hamilton la cargó con pólvora; ninguno de los dos métodos resultó especialmente eficaz. Robert Pate fue quien más cerca estuvo de lograrlo, aunque solo iba armado con un bastón. Logró golpear a la reina en la cabeza con él frente a Cambridge House el 27 de junio de 1850, causándole una cicatriz y un hematoma. Como castigo, Pate fue enviado a Tasmania, que por aquel entonces era una colonia penal.
Arthur O’Connor se infiltró en el Palacio de Buckingham el 29 de febrero de 1872, pero aquello fue más una maniobra publicitaria que un verdadero intento de asesinato: su pistola estaba descargada y rota. Luego estuvo el caso de Roderick Maclean, de 28 años, quien disparó contra Victoria (y, como ya habrán adivinado, falló) a las afueras de la estación de Windsor el 2 de marzo de 1882. «Entonces me di cuenta de que se trataba de un disparo que debía ir dirigido a mí», comentó más tarde la reina sobre el incidente. Él también fue declarado demente y pasó el resto de su vida internado en diversos manicomios.
Victoria no era su primer nombre
La futura monarca y «abuela de Europa» nació como Alexandrina Victoria el 24 de mayo de 1819, recibiendo ese nombre en honor a su padrino, el zar Alejandro I de Rusia. Sin embargo, nunca utilizó su primer nombre; todos la llamaban Victoria o Drina. No obstante, el público no supo con certeza cuál sería su nombre de reinado hasta el 20 de junio de 1837 —día de su ascenso al trono—, momento en que se convirtió oficialmente en la reina Victoria. Su hijo siguió un patrón similar: nacido como Albert Edward en 1841, reinó bajo el nombre de Eduardo VII desde 1901 hasta su muerte en 1910.
