Carlos Mauricio, un sobreviviente de la masacre estudiantil y años después de un secuestro y tortura por escuadrones del gobierno en turno. Foto RJ
Redacción ML Noticias
El 30 de Julio no es una fecha cualquiera entre los estudiantes de la Universidad de El Salvador y personas que todavía viven para contar las duras experiencias de la tragedia, ocurrida en esa fecha del año 1975.
Era alrededor de las 3:30 de la tarde cuando diferentes unidades de las Fuerzas Armadas de ese país centroamericano emboscaron —desde diferentes puntos—, y reprimieron de la forma más violenta una manifestación estudiantil, que salió de la entonces Universidad Nacional en dirección a la Plaza Libertad en el centro histórico de San Salvador.
Nunca se supo la cantidad exacta de muertos y heridos —algunos aplastados por tanquetas del ejército— o rociados con balas por soldados del ejército o por agentes de la extinta Guardia Nacional y otros cuerpos de seguridad.
Los sangrientos hechos ocurrieron en el paso a desnivel ubicado frente al Hospital General del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), en la 25 avenida Norte, donde algunos testigos pudieron ver masas encefálicas —todavía con el cuero cabelludo—, o pequeñas piezas de huesos mezclados con sangre; las que luego fueron lavadas con agua y jabón por cisternas militares, para borrar cualquier evidencia.

Aunque hubo muchos estudiantes desaparecidos, en la UES existe una lista de los mártires caídos en la masacre de ese fatídico día: Carlos Fonseca, Carlos Humberto Hernández, Roberto Antonio Miranda, Eber Gómez Mendoza, Balmore Cortez Vásquez, Napoleón Orlando Calderón Grande, María E. Miranda, Sergio Antonio Cabeza, José Domingo Aldana, Reinaldo Hasbún. La lista pudo haber sido mucho mayor.
Tampoco se sabe —hasta este momento—que se haya investigado a fondo el origen de la violenta represión por ninguno de los gobiernos que han dirigido los destinos del país en los últimos cincuenta años.
El gobierno de esa época era encabezado por el coronel Arturo Armando Molina, que de todos es sabido ganó la presidencia de la república por fraude electoral, y cuyo ministro de Defensa era el general Carlos Humberto Romero, quien luego fue presidente de la república y derrocado en un golpe de Estado un poco más de cuatro años después de la masacre (noviembre de 1979).
Tres años antes de la tragedia (19 de julio de 1972) el gobierno del coronel Arturo Armando Molina intervino militarmente a la UES para suprimir al movimiento opositor estudiantil.
Irónicamente, el concurso de Miss Universo 1975, tuvo lugar en la capital salvadoreña —once días antes de la masacre— y el slogan era “El Salvador país de la sonrisa.
Ese precisamente fue uno de los temas de discusión durante un evento conmemorativo que tuvo lugar este miércoles en el local de Cispes (Comité de Solidaridad con el Pueblo de El Salvador) en Washington, D.C.; donde hubo un intercambio de ideas en mesas de trabajo, presentación de un documental, testimonios y degustación de platillos salvadoreños.

Uno de los asistentes a la reunión de Cispes fue el educador Carlos Mauricio, quien en esa época era estudiante de Ingeniería Agronómica y se considera a sí mismo “un sobreviviente de la marcha”.
Después de esa dura experiencia Carlos Mauricio fue catedrático de la UES, durante la época de la guerra civil en los años 80. A los pocos años fue secuestrado por escuadrones de la muerte, quienes lo torturaron varios días; y cuando pensó que iba morir fue puesto en libertad y expulsado del país, dirigiéndose a California, donde ejerció como catedrático.
“Todo comenzó con una llamada que recibí”, dijo Mauricio. “Lo mismo ocurre en estos días bajo el gobierno de Bukele, que con solo una llamada de alguien que lo reporta, una persona puede terminar en la cárcel por mucho tiempo, sin derecho a un juicio justo o desaparecido”, agregó.
Reconoció Mauricio, que lo mismo que ocurrió en el Miss Universo en 1975 bajo la presidencia del coronel Arturo Molina, está sucediendo con el reciente Miss Universo bajo el gobierno de Bukele.
“Ni somos del primer mundo [en El Salvador], ni hemos salido de la pobreza. Estamos en lo mismo que hace 50 años, pero de diferente forma”, señaló.
“Lo único que nos puede sacar adelante es organizarnos los salvadoreños de la diáspora”, apuntó Carlos Mauricio en la reunión, donde asistió poco tiempo después de bajarse del avión en un viaje de más de 15 horas desde el Lejano Oriente de regreso a su casa Washington, D.C.
