Kevin Warsh es juramentado al cargo. Foto; BC/FB
Por Isaac Cohen*
Eran muy diferentes las circunstancias en enero pasado, cuando el presidente Donald Trump nominó a Kevin Warsh para suceder a Jerome Powell, como presidente del banco central. Después de tres recortes en la tasa de interés, durante la segunda mitad de 2025, se esperaba, de persistir las condiciones favorables sobre inflación y empleo, que habría por lo menos otro recorte en la tasa de interés a lo largo de este año.
Desafortunadamente, el 28 de febrero, todo cambió y no para mejorar. El conflicto en el Golfo Pérsico, con su impacto sobre los precios del petróleo y preocupación justificada por un brote inflacionario, ha cambiado el panorama económico, al punto que mucho depende de la duración del conflicto. Este es el contexto en el cual el nuevo timonel del banco central, juramentado la semana pasada, comenzó su mandato.
No obstante, el conflicto le proporciona tiempo al nuevo presidente para aplanar algunas diferencias internas y otras interrogantes sobre la política monetaria. Por ejemplo, durante la última reunión del Comité de Mercado Abierto, hubo cuatro votos disidentes, lo cual no se veía desde 1992, tres de ellos expresaron una preferencia por un lenguaje más neutral en futuras decisiones sobre la tasa de interés. Por ende, el nuevo presidente necesita comenzar a construir un consenso entre los siete miembros de la junta de gobernadores, cuatro de los cuales no fueron nombrados por la administración actual, incluyendo al expresidente Jerome Powell, quien decidió quedarse como gobernador. Otra pregunta decisiva es sobre la relación con la Casa Blanca. Durante la ceremonia de juramentación, el presidente Trump dijo que dejará que el presidente Warsh “haga lo que quiera hacer.”
*Analista y consultor internacional, exdirector de la Oficina de la CEPAL en Washington. Comentarista de economía y finanzas de CNN en Español, UNIVISION, TELEMUNDO y otros medios.
