¡Diez bellos sentimientos!

Foto: Google/FB

Por Walter Monge-Cruz 

En la víspera de un nuevo año, es la costumbre de muchos —incluyéndome a mi— recibirlo con una mentalidad llena de nuevos propósitos que nos beneficien a vivir mejor. Los más populares son guardar dieta e ir al gimnasio, vivir en sobriedad, ir a la Iglesia cada domingo. Y así, cada persona se formula su propio propósito para ser y vivir mejor este próximo año.

Jesús nos enseña que nuestro cuerpo es templo de Dios, así que, es natural y fantástico sentir que después de las festividades de su natalicio, el espíritu navideño nos hace proponernos la necesidad de cuidar ese templo. Embellecer y sanear nuestro cuerpo, mejora nuestra calidad de vida y es primordial para vivir mejor. Pero ¿Qué hacemos para embellecer nuestro espíritu? Ir a la iglesia cada domingo es un fabuloso primer buen paso, necesario para acercarnos a Dios. ¿Pero es suficiente? En ocasiones no lo es, porque si vivimos una vida de apariencia física buena pero nuestra alma está vacía o media llena, sufrimos.

Foto Google/FB

Este año, mi propósito principal es fortalecer mi espíritu. ¿Como lo lograré? Cada día procuraré vivir con Diez Bellos Sentimientos que llenen mi alma de bien, satisfagan mi vida y me acerquen a Dios. Los animo a considerar hacer lo mismo, eligiendo sus propios diez. Me he propuesto vivir con los siguientes:

Amor. Porque, sin verdadero amor en nuestras almas, no podemos amar a Dios y con plena sinceridad seguir sus mandatos; sin amor a nosotros mismos, no podemos vencer ningún vicio o cualquier otro sufrimiento; sin amor espiritual, no podemos amar a nuestro prójimo como nosotros nos amamos, vencer la soledad, la tristeza o agobios que padecemos.

Gratitud. Si estamos llenos de gratitud, podremos sentirnos agradecidos por todas las bendiciones que recibiremos; pero también, porque aprenderemos a ser humildes de corazón y aceptaremos con bondad el buen consejo, con aprecio el abrazo sincero; y aún más, con la virtud de la esperanza, la experiencia dolorosa que nos enseñara a crecer espiritualmente al enfrentar todos los retos de la vida y conquistarlos.

Humildad. Todos necesitamos más. Aceptar cada tristeza, cada derrota; pero aún más, cada triunfo con humildad nos hace gigantes espirituales capaces de hacer y ofrecer bien.

Compasión. Ser compasivo al sufrimiento de otro enaltece nuestra calidad humana. Nos acerca mucho a Dios, quien tuvo compasión de nosotros y envió a su hijo a sufrir por nuestras inequidades y trasgresiones. Brindarle la mano a quien sufre brinda satisfacción, da gozo al alma.

Perdón. Ser capaces de pedir, recibir y dar perdón, nos libera del dolor que las heridas sufridas e infligidas ocasionan, todo quebranto se sana y trasgresión se olvida, dejamos de cargar cadenas pesadas de sufrimiento. Vivamos libres de rencor por las palabras y acciones hechas y recibidas que nos ocasionaron vivir en la desgracia del desamor.

Amabilidad. Ser amable con toda persona que cruza nuestros senderos regocija al alma, fortalece el espíritu de bien que Jesucristo nos pide tener. Con amabilidad en nuestras almas podemos ofrecer una palabra noble, un abrazo sincero, un gesto desinteresado, que puede cambiar y enriquecer la vida de quien carece de aprecio.

Amistad. Brindar y recibir amistad nos enriquece poderosamente el alma. Que alegría más grata emana en una persona de bien, al sentir un apretón de mano sincero de un desconocido, quien eventualmente se convierte en un querido amigo; que satisfacción más agradable nos deja poder dar un consejo legítimo a quien lo pide; y que mayor felicidad sentimos al derrotar la soledad con el cariño que damos y recibimos de amigos sinceros.

Foto: The Five/FB

Alegría. Gozar de un espíritu noble, produce regocijarse en cada una de las experiencias gratas con la que la bendición de sonreír nos premia. Sonriamos más, porque sufriremos menos. Vivir con alegría con lo poco o mucho que tenemos es la señal inequívoca de que nuestra alma es pura y el Espíritu de Jesús, reposa en nosotros.

Paz. La maravillosa sensación de vivir en paz la podemos alcanzar al sentirnos útiles para Dios, apreciados por nuestras familias, amistades y aun por desconocidos, porque hemos sido capaces de beneficiar con nuestras acciones a quienes necesitan de un alma consagrada al bien que sigue los pasos de Jesús. Llenarnos de paz es el mejor regalo de la vida.

Gracia Divina. Si soy capaz de vivir aplicando cada día diez bellos sentimientos en mi mente, corazón y alma, sin duda agradare a Jesucristo y sentiré su gracia divina, la cual anhelo disfrutar el resto de mi vida.

¿Cuáles serán tus diez bellos sentimientos este próximo año?

Les deseo un muy bendecido Año Nuevo. Jesús nos ama.

 

 

 

Artículos Relacionados