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Estados Unidos ha reducido, de 17 a 11, la cantidad de vacunas de rutina que recomienda administrar a los niños y niñas del país. Las inoculaciones contra la gripe, el rotavirus, la hepatitis A y B, el virus sincitial respiratorio y determinadas vacunas contra la meningitis ya no se recomiendan de manera generalizada para toda la población infantil de Estados Unidos, sino solo para ciertos grupos considerados de alto riesgo.
El epidemiólogo Michael Osterholm, de la iniciativa denominada Proyecto de Integridad de las Vacunas, dijo al respecto: “Abandonar las recomendaciones sobre las vacunas que previenen la influenza, la hepatitis y el rotavirus, así como modificar la recomendación sobre el virus del papiloma humano sin un proceso público que evalúe los riesgos y beneficios, derivará en más hospitalizaciones y muertes evitables de niños y niñas estadounidenses”.
El senador republicano Bill Cassidy, un médico que votó a favor de la confirmación de Robert F. Kennedy Jr. como secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, criticó duramente el nuevo calendario de vacunación y dijo que este no se basa en “ningún criterio científico”.
Esto ocurre en un momento en que los nuevos casos de gripe en Estados Unidos se dispararon durante las fiestas de fin de año y ya han superado los registrados en la epidemia de la temporada invernal pasada, una de las más graves de los últimos años. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estiman que en esta temporada se han registrado al menos once millones de casos de gripe, 120.000 hospitalizaciones y 5.000 muertes relacionadas.
