El juego de los superpoderes

Foto: RPP.PE/Google

Es inverosímil que una flota de helicópteros y aviones atraviese el espacio aéreo más vigilado de Sudamérica sin un sólo rasguño.

Venezuela posee radares chinos y sistemas de misiles rusos S-300 diseñados específicamente para detectar aeronaves a larga distancia.

Que 11 helicópteros lleguen a Caracas, aterricen, capturen al hombre más custodiado del país y despeguen sin que se dispare un sólo misil antiaéreo sugiere que la orden de «no disparar» vino desde adentro. La defensa no falló; fue desactivada por acuerdo.

En política, la forma es fondo. Una rendición firmada es una humillación; una captura es una tragedia épica. Para Maduro: Al ser «capturado», mantiene su narrativa de mártir frente a sus seguidores. No se «vendió», lo «secuestraron». Esto preserva su legado político y evita que sus bases lo vean como un traidor.

Para EE.UU. (Trump): Una captura espectacular es el trofeo político perfecto para consumo interno. Le da una victoria rápida y cinematográfica sin los costos humanos y económicos de una guerra de ocupación que duraría años.

Nicolás Maduro es una de las personas con mayor seguridad personal en el mundo, protegida por círculos de inteligencia cubana y unidades de élite. Es imposible que la inteligencia de EE. UU. supiera su ubicación exacta, segundo a segundo, en un momento de máxima alerta, a menos que él mismo o su círculo más íntimo entregaran las coordenadas. Una operación así de «limpia» sólo ocurre cuando el objetivo se deja encontrar.

Tras una supuesta «invasión», lo lógico sería una respuesta bélica inmediata de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El hecho de que la cadena de mando no haya colapsado en un caos total, sino que se mantenga en una calma expectante, indica que los altos mandos militares ya sabían lo que iba a pasar. La captura no fue una sorpresa para ellos, sino el cumplimiento de una fase del pacto.

En conclusión, es más fácil creer en un pacto de conveniencia que en un milagro militar donde la tecnología rusa desaparece y la seguridad presidencial se evapora por arte de magia. En este escenario, el «ataque» es el decorado de una película donde el final ya estaba escrito en una mesa de negociación.

Fuente: RPP.PE

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