El entonces sacerdote Ronald Hicks reza con estudiantes de Nuestros Pequeños Hermanos en Texistepeque, Santa Ana, al occidente de El Salvador durante una graduación en 2005. Foto: NPH/NCRonline.org
Por Ramón Jiménez/ML Noticias
Antes de ser nombrado arzobispo designado de la ciudad de Nueva York el sacerdote Ronald Hicks, de 58 años, tuvo una formación pastoral de cinco años en El Salvador, donde cimentó sus conocimientos y aprendizaje del idioma español que ahora habla con fluidez.
Desde 2005 hasta 2010 Hicks vivió y trabajó como director regional de Nuestros Pequeños Hermanos (NPH), una organización católica que se dedica al cuidado de niños huérfanos y desprotegidos en Latinoamérica y el Caribe, con sede en ese país centroamericano desde 1999.
Al igual que la experiencia obtenida por Robert Francis Prevost en Perú —antes de ser nombrado Papa León XIV—, al trabajar con las comunidades marginales; Hicks cimentó su comprensión de la iglesia, el servicio con las comunidades más necesitadas y la misión universal, ya que desde el territorio salvadoreño además de dirigir, supervisaba programas similares en nueve países de la región.

De esa forma conectaba diversas comunidades y experimentaba de primera mano los efectos de la pobreza, la marginación, así como la desprotección e inestabilidad, que son muy comunes en los países centroamericanos, el Caribe y otras naciones del continente americano.
De esa forma, aprendió a convivir diariamente —y ver muy de cerca— la precaria situación en que se desenvuelven muchas familias para hacer “de tripas corazón”, que no es otra cosa más que sacar fuerzas internas para superar las adversidades, cuando se está a punto de claudicar en algo.
Muchos salvadoreños que se relacionaban con el programa NPH todavía recuerdan al Padre Ron, ya que su presencia les inspiraba confianza para subsanar sus necesidades más apremiantes.
Reconoce Hicks que su presencia en la tierra de San Oscar Romero le sirvió de mucho para inspirarse, porque fue la “voz de los sin voz”; quien defendió valientemente los derechos humanos y a los pobres frente a la represión brutal del Estado salvadoreño durante la guerra civil (1980-1992).
Es tanta su admiración por San Oscar Romero que hasta se refleja en el diseño de su escudo episcopal con una ramita de “romero”, aunque su lema principal es “Paz y Bien” (Pax et Bonum), frase atribuida a San Francisco de Asís.
Tras su regreso de El Salvador a Estados Unidos en 2010, Hicks continuó en su misión de formar sacerdotes para que luego le confiaran responsabilidades más amplias, como ser nombrado obispo de Joliet, una ciudad al sur de Chicago, Illinois desde septiembre de 2020 hasta principios de febrero de 2026.
Para algunos comentaristas religiosos “estas lecciones, extraídas de su tiempo en El Salvador, han permeado su enfoque pastoral y ahora guían su liderazgo en la Arquidiócesis de Nueva York, donde la diversidad cultural y los retos sociales demandan un estilo de Iglesia cercano, compasivo y globalmente comprometido”.
Aunque el nombramiento de Hicks como arzobispo de Nueva York fue el pasado 18 de diciembre, la ceremonia de instalación como cabeza de la Arquidiócesis de Nueva York tuvo lugar este 6 de febrero.
Casualmente, durante la ceremonia, la primera lectura estuvo a cargo de Samuel Jiménez Coreas, un salvadoreño que creció en uno de los orfanatos de la organización NPH en su país.
Durante la ceremonia, Hicks reconoció que uno de sus primordiales objetivos es continuar los esfuerzos de sanación para sobrevivientes de abusos sexuales’, formar pastores que sean “discípulos misioneros” y que salgan a las calles, así como reforzar los lazos con la comunidad latina.
También se comprometió a defender la vida “desde la concepción hasta la muerte natural”, y promover una iglesia que construya puentes y escuche de manera sinodal o sea de caminar junto a los fieles y ser participativo de la Iglesia católica.
Con la llegada de Hicks, la conducción de la Iglesia católica en la Arquidiócesis de Nueva York ha dado un fuerte giro, ya que el cardenal Dolan, es un conservador que sintonizaba con el presidente Trump.
La homilía durante su instalación estuvo cargada de un fuerte mensaje en defensa de los inmigrantes y la dignidad humana e incluyó referencias a Bad Bunny, Frank Sinatra, Billy Joel y Jay-Z.

Hicks sorprendió a los fieles al citar la cultura musical que define a Nueva York. “Si saben algo de mí, es que siempre tengo una canción sonando en mi mente”, dijo al iniciar un recorrido musical por algunas de las canciones más icónicas dedicadas a la Gran Manzana.
El momento de más comentarios llegó cuando citó en español: “Si te quieres divertir con encanto y con primor, solo tienes que vivir un verano en Nueva York”.
La frase pertenece al clásico “Un verano en Nueva York” de El Gran Combo de Puerto Rico, popularizado recientemente por Bad Bunny al inicio de su tema NUEVAYol. La referencia provocó aplausos inmediatos en la Catedral de San Patricio, con gran presencia de puertorriqueños, dominicanos y de otros países.
Hicks también evocó: “New York State of Mind”, del músico Billy Joel; “Empire State of Mind”, de Jay-Z y Alicia Keys; “I Happen to Like New York”, de Cole Porter y el legendario “New York, New York” de Frank Sinatra.
Más allá de las referencias culturales, la homilía del arzobispo Ronald Hicks estuvo marcada por un mensaje firme en defensa de los inmigrantes, en un contexto político especialmente sensible en Estados Unidos con la dura política de deportaciones de Trump.
Con su mirada fija a la comunidad migrante, aseguró: “En esta Iglesia, nadie es un extraño; nadie es un ‘ilegal’ a los ojos de Dios. Todos somos hijos e hijas. ¡No tengan miedo! La justicia divina es más grande que cualquier frontera humana”, puntualizó.
